Repsol se lanza a producir combustibles 100% renovables en Puertollano con 130 millones

La energética transforma una antigua unidad de refinería en la primera planta ibérica que procesa aceite de cocina usado y residuos agroalimentarios. La instalación evitará 700.000 toneladas de CO2 al año y consolida a Puertollano como polo de biocombustibles.

Por primera vez en la Península Ibérica, una refinería de petróleo se ha transformado en una planta de biocombustibles. Repsol ha logrado lo que hasta ahora era un objetivo teórico: reconvertir una unidad que procesaba crudo en una instalación que produce diésel 100% renovable a partir de aceite de cocina usado y residuos agroalimentarios. La apuesta tiene números concretos: más de 130 millones de euros de inversión, 200.000 toneladas anuales de producción y una reducción de 700.000 toneladas de CO2 cada año.

El proyecto, ubicado en el Complejo Industrial de Puertollano (Ciudad Real), es la segunda planta de la compañía dedicada en exclusiva a combustibles renovables, tras la de Cartagena (250.000 toneladas anuales). Con esta nueva unidad, Repsol refuerza su apuesta por los combustibles líquidos de origen orgánico en un contexto en el que la descarbonización del transporte sigue siendo uno de los mayores retos energéticos.

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La transformación de la antigua unidad de refinería es el detalle técnico más relevante. Por primera vez en la Península Ibérica se ha adaptado una instalación que antes procesaba materia prima fósil para que ahora utilice exclusivamente aceite de cocina usado y otros residuos de la industria agroalimentaria. Un cambio de materia prima que, según los ingenieros de Repsol, permite producir diésel renovable con una huella de carbono hasta un 98 % menor que el gasóleo mineral convencional.

Para alcanzar esa reducción tan drástica, la planta ha incorporado hidrógeno renovable en el proceso de producción. En lugar de gas natural, se emplea biogás generado a partir de residuos, lo que descarboniza aún más el proceso. Repsol ha destinado 16 millones de euros adicionales a esta integración, que demuestra cómo la economía circular puede aplicarse a la industria pesada sin perder eficiencia.

La construcción de la planta ha tenido un impacto directo en la comarca. Más de 650.000 horas de trabajo, la participación de unas 80 empresas auxiliares –la mayoría locales– y una media diaria de más de 110 trabajadores, con picos de 250, dan una idea del arraigo territorial que proyectos de este tipo generan en zonas industriales como Puertollano, donde la refinería es un motor económico histórico.

Convertir una refinería fósil en una planta de biocombustibles es más que una operación industrial: es un mensaje de que el diésel puede seguir circulando sin que pese en la atmósfera.

En el plano comercial, Repsol ya comercializa su Diésel Nexa 100% renovable en más de 1.600 estaciones de servicio de España y Portugal. Además, desde el mismo complejo de Puertollano produce combustible sostenible de aviación (SAF) a partir de residuos, que se distribuye a las principales aerolíneas. Este doble enfoque –terrestre y aéreo– refleja la intención de la energética de cubrir todo el espectro del transporte líquido descarbonizado.

De refinería fósil a planta de economía circular

La reconversión de Puertollano es el ejemplo más tangible de la estrategia de Repsol para adaptar sus centros industriales a la economía circular. En lugar de construir nuevas instalaciones desde cero, la compañía opta por reconvertir activos existentes, reduciendo así el impacto ambiental de la propia construcción y aprovechando la experiencia operativa de décadas.

La planta utiliza aceite de cocina usado y residuos agroalimentarios que, de otro modo, acabarían en vertederos o con un tratamiento energético menos eficiente. Este enfoque cierra el ciclo de los residuos y los convierte en un recurso capaz de mover camiones, coches y barcos con las mismas infraestructuras de repostaje actuales. No se requiere una nueva red de distribución: el diésel renovable se mezcla o sustituye directamente al fósil en los depósitos existentes.

El proceso también reduce la dependencia de materias primas externas. España genera grandes volúmenes de aceite de cocina usado –de hecho, es uno de los mercados más activos de Europa en recogida– y el aprovechamiento de este residuo evita importaciones de crudo. En un contexto de precios energéticos volátiles y geopolítica inestable, contar con una cadena de suministro local aporta resiliencia.

700.000 toneladas de CO2 menos y un motor de empleo local

La cifra de reducción de emisiones, 700.000 toneladas de CO2 al año considerando todo el ciclo de vida del producto, equivale aproximadamente a las emisiones anuales de 140.000 coches. No es un dato menor cuando la UE insiste en que el transporte debe reducir sus emisiones un 90 % para 2050. El diésel renovable ofrece una solución inmediata, sin necesidad de renovar flotas ni cambiar hábitos de repostaje.

El impacto sobre el empleo local es otro pilar del proyecto. Las 650.000 horas de trabajo movilizadas durante la construcción y puesta en marcha han generado actividad en una comarca que depende en gran medida del complejo industrial. Las 80 empresas auxiliares implicadas, en su mayoría de la zona, han visto aumentar su cartera de pedidos y han podido retener plantilla en un sector que a menudo sufre ciclos de incertidumbre.

Además, la planta demandará de forma continua residuos orgánicos, lo que abre oportunidades para empresas de recogida y tratamiento de aceites usados. Este efecto multiplicador es menos visible que las grandes cifras de inversión, pero igual de relevante para la economía local. La apuesta por la circularidad puede convertirse en un vector de desarrollo regional si se mantiene la demanda de biomasa.

diésel renovable

Análisis: ¿alternativa real o apuesta de alto riesgo?

Desde un punto de vista estratégico, la jugada de Repsol tiene sentido. La empresa diversifica su negocio en un momento en que el refino tradicional europeo pierde márgenes frente a las importaciones de diésel de Asia y Oriente Medio. Producir combustibles renovables con etiqueta de bajas emisiones le permite acceder a un mercado de mayor valor añadido y alinearse con las exigencias regulatorias europeas, como la Directiva de Energías Renovables (RED III) y el mecanismo de ajuste en frontera por carbono.

Sin embargo, la viabilidad a largo plazo de los biocombustibles avanzados depende de varios factores difíciles de controlar. El primero, la disponibilidad de materia prima. El aceite de cocina usado no es infinito, y ya existe una competencia feroz entre productores de biodiésel, biogás y SAF por los mismos residuos. Si la demanda supera la oferta, los precios subirán y reducirán la rentabilidad de la planta.

El segundo factor es regulatorio. Bruselas está revisando los criterios de sostenibilidad de los biocombustibles, y podría endurecer las exigencias sobre el origen de los residuos o limitar la contabilización de reducción de emisiones. Cualquier cambio en las reglas del juego afectaría directamente a la viabilidad económica del proyecto, construido sobre la hipótesis de que la descarbonización del transporte se hará, en parte, con combustibles líquidos renovables.

Eso sí, mientras llegan esas hipotéticas restricciones, Repsol ya tiene una ventaja competitiva clara: es el primer operador ibérico que transforma una refinería entera en una unidad de biocombustibles a gran escala. Ese conocimiento operativo no se improvisa, y las barreras de entrada para replicarlo son altas. La mayoría de los residuos proviene de circuitos locales, lo que añade una capa de complejidad logística que puede disuadir a competidores.

Creo que la apuesta es acertada si se gestiona con realismo: no es la solución mágica al problema del transporte, sino un componente más de una transición que necesitará de muchas palancas simultáneas. El diésel renovable cubrirá una parte de la demanda, probablemente la más difícil de electrificar (transporte pesado, marítimo, aviación). Pero pretender que reemplace todo el consumo actual sería un error de cálculo. Lo interesante será ver cómo evoluciona el coste de producción cuando la planta alcance su plena capacidad y si la Comisión Europea mantiene los incentivos fiscales que hoy hacen rentable el negocio. Mientras tanto, Puertollano se anota un tanto como laboratorio de la economía circular aplicada a la industria pesada.


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