El estrecho de Ormuz ha pasado de ser un lugar poco conocido a ojos del público a ser todo un espacio donde las miradas se paran, no por nada es por donde pasan hasta el 20% del petróleo mundial y ahora está siendo escenario de unas negociaciones que podrían (o tal vez no) dar pie a una paz que deje de presionar a esta zona crítica para la energía dentro del Golfo Pérsico. No obstante, independientemente de cómo concluyan esas el resultado es el mismo: el mundo ha aprendido que no se puede depender del petróleo.
La negociaciones sobre Ormuz abre la puerta a muchos escenarios con el mismo resultado
En este sentido, los analistas de Wood Mackenzie ha planteado múltiples escenarios que tienen como protagonista a este área del Golfo Pérsico. En cuanto al primero, destaca por ser el más optimista de todos, contempla una resolución rápida del conflicto y una reapertura del estrecho de Ormuz antes de que termine el verano. No obstante, según sugiere el análisis de la consultora, incluso en este caso, el mercado energético seguiría sufriendo tensiones durante meses, especialmente en el gas natural licuado (GNL), donde el Golfo Pérsico tiene un peso decisivo para Europa y Asia.

El segundo escenario, por su parte, apunta a una situación que visto el contexto actual podría ser la más posible si continúan las negociaciones, y es el caso de un cierre parcial y prolongado hasta septiembre del estrecho de Ormuz. Una presión sobre la zona del Golfo Pérsico suficientemente fuerte para generar escasez temporal de petróleo y gas; de hecho, según sostiene Wood Mackenzie, este contexto podría llevar a una recesión moderada en varias economías desarrolladas durante la segunda mitad de 2026, impulsada por el encarecimiento de la energía y un nuevo repunte de la inflación global.
Redeia, E.ON y National Grid: las firmas que liderarán la reconstrucción de las redes europeas
Sin embargo, la situación que más preocupa a los analistas es la de una interrupción prolongada del tráfico marítimo en Ormuz, dando pie al peor escenario posible de la coyuntura iraní. Datos de la firma confirman que de darte un cierre total de larga duración, el barril de Brent podría acercarse peligrosamente a los 200 dólares, afectando por consecuente a combustibles clave como el diésel o el queroseno para aviación sufrirían fuertes subidas de precio. La consultora calcula, además, que la economía mundial podría contraerse hasta un 0,4% en 2026, lo que abriría la puerta a una nueva recesión global.
El motivo detrás de estas previsiones es el peso estratégico del estrecho. No por nada, hay que recordar que por este paso marítimo circulan cada día más de 11 millones de barriles de petróleo y condensados, además de cerca del 20% del comercio mundial de gas natural licuado. Por ello, cualquier alteración en el flujo energético del Golfo impacta de forma inmediata en los precios internacionales y en las cadenas de suministro, tal y como hemos vivido desde el incido de la guerra de Irán.
Futuro más independiente del petróleo y Estados Unidos capitaneado la energía
No obstante, más allá de los escenarios a corto plazo en torno a estas negociaciones, el informe insiste en una idea que ha quedado patente después de esta crisis energética: hay que buscar soberanía e independencia energética. En este sentido, Wood Mackenzie considera que cualquier escenario de tensión prolongada acelerará un cambio estructural en el sistema energético mundial, donde países importadores buscarán reducir su dependencia del crudo del Golfo mediante una mayor electrificación, mayor presencia de generación renovable y nuevas inversiones estratégicas fuera de Oriente Medio.

El informe también apunta a que Estados Unidos podría salir reforzado como proveedor alternativo de energía, especialmente de GNL (tal y como ha ido demostrando desde la salida del gas ruso del mix energético europeo), mientras que Europa y Asia intensificarían sus planes de transición energética. En definitiva y a ojos de la consultora, incluso aunque el estrecho vuelva a operar con normalidad, la percepción de vulnerabilidad geopolítica ya habría cambiado para siempre como vemos al petróleo, por lo que la tendencia del futuro apunta a un mundo cada vez menos dependiente del petróleo.




