Anza, el equipo que mantiene el cliente validador Agave —el software que corre en la mayoría de los nodos de Solana— ha presentado Constellation, una propuesta que ataca la raíz del problema de la censura en la red: el monopolio temporal del líder del bloque. Se trata de la primera especificación formal de Múltiples Proponentes Concurrentes (MCP) para una cadena de producción a esta escala, y busca hacer matemáticamente imposible que un validador excluya transacciones legítimas.
¿Por qué es necesario cambiar cómo se construyen los bloques en Solana?
Hoy, en Solana, la producción de bloques rota según un leader schedule: cada pocos segundos, un solo validador se convierte en líder y tiene el control exclusivo sobre qué transacciones entran y en qué orden. Recibe las transacciones directamente en su Transaction Processing Unit (TPU), a menudo antes que el resto, lo que le da una ventana de discrecionalidad enorme. Puede reordenarlas, insertar las suyas propias, o simplemente ignorar algunas.
Imagínate que el cajero de un banco pudiera decidir, durante su turno, saltarse tu transferencia para meter una operación personal que le genera un beneficio extra. Ese beneficio extra es lo que el sector llama MEV (Maximal Extractable Value, valor extraíble máximo). En la práctica, si el validador actúa de forma honesta, deja dinero sobre la mesa; si lo explota, perjudica a los usuarios. Solana, además, no tiene un mempool público como Ethereum, lo que agrava el desequilibrio: el líder tiene un monopolio informativo casi absoluto.
Constellation: 16 proponentes, 256 atestiguadores y ciclos de 50 milisegundos
Constellation rompe ese monopolio añadiendo dos nuevos roles al protocolo: proponentes y atestiguadores (attesters). En lugar de un único líder con plenos poderes, ahora habrá aproximadamente 16 proponentes trabajando en paralelo en ventanas de 50 milisegundos. Cada uno ensambla sus transacciones en fragmentos codificados con borrado (erasure-coded pslices) y los envía a 256 atestiguadores.
Cuando un número suficiente de atestiguadores firma un fragmento, se genera un registro criptográfico que ata al líder final al conjunto de transacciones atestiguadas. Si intenta excluir una transacción que ya cuenta con esa atestación, produce un bloque inválido que la red rechazará. De esta forma, se logra lo que el equipo de Anza denomina resistencia selectiva a la censura: en cada ciclo, o bien todas las transacciones competitivas en comisiones entran, o no entra ninguna. No hay término medio.
Este diseño es complementario a Alpenglow, la nueva capa de consenso cuya llegada a la red principal está prevista para el tercer trimestre de 2026. Mientras Alpenglow se encarga de la seguridad y la finalidad de los bloques, Constellation se ocupa de la estructura de mercado: quién puede proponer transacciones, cómo se combinan y, sobre todo, cómo se elimina la posibilidad de censurarlas.
Constellation pretende hacer imposible que un líder excluya transacciones que ya hayan sido atestiguadas por un quórum suficiente. Es un cambio de filosofía radical: en lugar de gestionar el MEV, lo elimina de raíz.
Análisis: ¿un adiós real a la censura o nuevos desafíos en el horizonte?
La propuesta es ambiciosa, y los argumentos técnicos son sólidos, pero conviene no perder de vista tres salvedades que el propio white paper reconoce abiertamente. La primera: la visibilidad de las transacciones antes de ser incluidas sigue existiendo —todos los proponentes las ven—, lo que puede ampliar, en lugar de reducir, la superficie expuesta a ataques de ordenación y de manipulación temporal. Dicho llanamente, Constellation no resuelve los problemas de frontrunning o de juegos de latencia; simplemente los traslada a una arquitectura con más actores.
La segunda: la selección de roles se hace en función del stake delegado, con lo que las dinámicas de concentración actuales se heredan sin cambios. Los validadores grandes tendrán más peso como proponentes y atestiguadores, y el impacto neto sobre cada operador individual no podrá modelarse hasta que exista una SIMD concreta.
Y la tercera, quizá la más relevante para el inversor que sigue la red: no hay todavía mediciones empíricas de latencia en condiciones reales. El dato más importante que Anza puede publicar —cuánto tardaría un slot de 200 ms bajo el protocolo actual frente al mismo slot bajo Constellation— no existe aún. Sin esas cifras, el debate sobre la relación costo-beneficio es incompleto.
En paralelo, Constellation entierra de forma explícita cualquier modelo de separación proponente-constructor (PBS) que se hubiera planteado para Solana. Una vez que el registro de atestación limita la discrecionalidad del líder, no queda nada que un constructor especializado pudiera vender. Es un enfoque filosóficamente distinto al que ha tomado Ethereum y, aunque coherente con la identidad de rendimiento de Solana, supone renunciar a potenciales sinergias con ese ecosistema de infraestructura.
Con todo, si Alpenglow cumple los plazos y Constellation llega a materializarse en una SIMD con datos de latencia sobre la mesa, estaríamos ante uno de los rediseños de mercado de bloques más significativos de cualquier cadena de producción. La promesa de que un usuario pueda confiar en que su transacción no será censurada porque el protocolo se lo impide —no porque el validador de turno sea buena persona— es, sencillamente, un paso de gigante para las finanzas sobre Solana.




