Marc Vidal: la trampa tecnológica del empleo que la élite económica teme

The Economist cruza una línea editorial que parecía imposible. Marc Vidal analiza por qué la élite económica ya no puede ocultar el riesgo de un 'Apocalipsis del empleo' y qué significa para ti.

Hay portadas que marcan un punto de inflexión, y la última de The Economist es una de ellas. Marc Vidal ha dedicado su análisis más reciente a diseccionar lo que considera un giro histórico: la revista que siempre frenó los pánicos tecnológicos acaba de publicar un número titulado ‘The Jobs Apocalypse’. Según Vidal, cuando el árbitro más sobrio de la ortodoxia económica abandona su tono habitual y empieza a hablar de ‘apocalipsis del empleo’, es que el relato oficial ha cambiado para siempre.

Una portada que rompe con la tradición

Durante décadas, The Economist respondió a cada alerta sobre robots destructores de empleo con gráficos de productividad y crecimiento. Incluso frente a voces como las de Bernie Sanders o Yanis Varoufakis, la publicación se refugiaba en el argumento tranquilizador de que la tecnología siempre acaba creando más puestos de los que elimina. Pero en su último número, Vidal subraya que la revista ha decidido ilustrar a trabajadores de cuello blanco cayendo en un agujero negro rojo. La elección no es casual: los que ahora están en riesgo son contables, abogados, periodistas o analistas de datos, colectivos con mayor influencia política y social que los obreros fabriles del pasado.

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El vídeo de Marc Vidal recuerda una encuesta reciente donde siete de cada diez estadounidenses confiesan que la inteligencia artificial les dificultará encontrar trabajo. Y la paradoja es evidente: mientras ese temor se dispara, las bolsas baten récords y los directivos celebran la productividad. ‘The Economist no es alarmista, pero ha cruzado una línea que nunca quiso cruzar’, interpreta el analista, que lleva tiempo advirtiendo que la brecha entre percepción ciudadana y discurso oficial acabará por cerrarse de forma brusca.

El espectro de la pausa de Engels

Una de las revelaciones más potentes del artículo que comenta Vidal es la mención explícita a la ‘pausa de Engels’. Entre 1780 y 1840, la revolución industrial disparó la productividad y el PIB, pero los salarios reales de los trabajadores se estancaron durante décadas. Toda la riqueza extra fue a parar a los propietarios del capital. El análisis de The Economist admite que la historia no siempre es buena guía para el futuro, y que aquella catástrofe para amplias capas de la población podría repetirse si no se distribuye el valor creado por la inteligencia artificial.

Vidal destaca que los modelos de IA hoy abordan tareas de codificación impensables hace solo dos años, el gasto empresarial en IA se dispara a ritmo exponencial y un gran fabricante ya roza los 50.000 millones de dólares en ingresos recurrentes anuales. Aunque todavía no hay destrucción masiva de empleo en los datos macro, la velocidad del avance lleva a The Economist a calificar de ‘imprudente’ descartar que ocurra.

‘El apocalipsis del empleo no es una certeza, pero ya no es ciencia ficción, es un escenario que hay que planificar’

— Marc Vidal

Las tres recetas de la élite y lo que no encaja

El vídeo desglosa los tres bloques de respuesta que plantea el semanario. El primero, frenar el cambio, es calificado por el propio medio como un error: inhibir la tecnología sería inútil y caro, y la humanidad obtendrá enormes beneficios de la IA. El segundo es más matizado: reformas fiscales inteligentes que graven beneficios extraordinarios, la tierra o las sucesiones, combinadas con políticas activas de empleo al estilo danés. Marc Vidal reconoce que este enfoque es razonable, aunque critica que el artículo no entre en los detalles de implementación que hacen que una reforma fiscal funcione o fracase.

El tercer bloque, el que hace tres años habría sido impensable, es el que más discusión genera. Se habla de nacionalización parcial de empresas de IA, dividendos ciudadanos financiados con sus beneficios o las llamadas ‘Trump accounts’, que darían acciones tecnológicas a los ciudadanos. Vidal se muestra escéptico: ‘No es por ideología, es por evidencia histórica. Los gobiernos que intentaron gestionar empresas tecnológicas estratégicas lo han hecho muy mal’. Y añade que la burocracia y la innovación disruptiva no son compatibles.

La trampa del tecnofeudalismo y el silencio que preocupa

El nudo del análisis de Marc Vidal es que nadie está preparando la respuesta institucional. La conversación pública sigue atrapada entre quienes niegan el problema y quienes proponen soluciones que crean otros problemas. Él pone el foco en la renta básica universal: si se implanta sin más, convierte a las personas en receptores pasivos que dependen de que los propietarios del capital decidan seguir pagando. ‘Eso no es emancipación, es tecnofeudalismo con subsidio’, sentencia. Pero tampoco acepta el abandono: dejar que el mercado actúe sin amortiguadores en una disrupción tan rápida es, simplemente, condenar a los que trabajan en tres empleos y no tienen tiempo de formarse a quedarse atrapados en el lado equivocado.

Lo que realmente angustia a Vidal no es tanto que el apocalipsis llegue o no, sino que cada año que pasa sin construir redes de transición, sin reformar sistemas educativos y sin políticas que capturen valor para redistribuirlo es un año que se acumula en la columna del ‘debe’. Las empresas no tienen incentivos para actuar solas, y en los gobiernos reina un silencio parecido al que precedió al ascenso de Donald Trump tras el ‘China Shock’. ‘Cuando The Economist dice que no hay nadie preparándose para la respuesta, está diciendo lo mismo que llevo tiempo avisando’, resume.

El verdadero problema político no es la tecnología, sino la falta de preparación colectiva. Y la inestabilidad que genere afectará incluso a quienes sí se hayan anticipado. Como cierre, Vidal nos deja una pregunta abierta: ¿exigimos a quienes gobiernan que construyan esa red, o toleramos que siga sin respuesta hasta que sea demasiado tarde?

Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de Marc Vidal en YouTube.

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