Este domingo 25 de mayo, el precio mayorista de la electricidad en España tocará fondo en nueve tramos horarios, con un valor mínimo de -2,10 euros/MWh. La alta generación renovable —sobre todo solar— y la baja demanda típica del fin de semana hunden el pool eléctrico hasta territorios inéditos para un mes de mayo. El dato, recogido por el operador del mercado OMIE, confirma una tendencia que se repite con cada vez más frecuencia: los precios negativos ya no son una rareza estadística, sino el síntoma de un sistema que produce más electricidad limpia de la que es capaz de absorber.
Esta no es la primera vez que la luz cotiza por debajo de cero en 2026. Sin embargo, los -2,10 euros/MWh marcan el suelo más profundo en lo que va de primavera y afectarán a las horas centrales del día, justo cuando los paneles solares alcanzan su pico de producción y la demanda industrial y doméstica se desploma. Para los consumidores, la factura de la luz apenas lo nota; para las grandes eléctricas y los productores independientes, es una señal de alarma.
Nueve horas a precio negativo este domingo
Según los datos del operador ibérico, los nueve tramos horarios con precios negativos se concentran entre las 13:00 y las 18:00 horas, una ventana que coincide con el máximo de irradiación solar. Aunque la cifra exacta de cada hora varía, el suelo de -2,10 euros/MWh se alcanza en la franja de las 15:00 a las 16:00 horas, un momento en el que los paneles fotovoltaicos vierten más electricidad a la red de la que se consume.
En la práctica, las centrales de ciclo combinado y las de carbón —ya residuales— se desconectan porque no pueden competir. Las renovables, con coste marginal casi nulo, se ven obligadas a pagar por colocar sus megavatios en un mercado saturado. Ese desajuste entre oferta y demanda es el que hace que el precio mayorista cruce la línea del cero.
¿Quién se beneficia de la electricidad por debajo de cero?
La respuesta corta: pocos. Los hogares acogidos al PVPC (tarifa regulada indexada al pool) podrían ver cómo la parte de energía de su factura se reduce hasta casi desaparecer durante esas horas, pero los peajes de acceso, los cargos y los impuestos siguen sumando. Es decir, aunque el término de consumo pueda ser ligeramente negativo, el recibo total difícilmente bajará de cero. La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) establece que la factura final se refleja en en la suma de costes regulados sobre los que el precio del pool tiene un peso limitado.
Los grandes consumidores industriales con contratos indexados, en cambio, sí pueden capturar ese descuento: producir un domingo soleado les sale más barato que cualquier otro día. Y los comercializadores que hayan comprado la electricidad a precios negativos en el mercado diario obtienen un margen extra que rara vez se traslada al cliente final.
Para los productores renovables, la situación es más amarga. Muchos optan por verter la energía sin remuneración o directamente parar los inversores si el precio se mantiene negativo durante varias horas. Es el llamado curtailment solar, un fenómeno que ya es habitual en países con alta penetración fotovoltaica como Alemania o Australia.
Que la luz valga menos que cero un domingo de mayo es la postal de un sistema que ha corrido más que sus propias infraestructuras.
El dilema renovable: cuando sobra producción, falta mercado
Los precios negativos no son un problema coyuntural, sino estructural. España ha instalado más de 20 GW de potencia solar fotovoltaica y otros 28 GW de eólica, según datos de Red Eléctrica. En los días soleados de primavera, la suma de ambas tecnologías puede cubrir más del 70 % de la demanda eléctrica nacional, un hito que antes se celebraba y que ahora plantea una pregunta incómoda: ¿dónde guardar tanta energía cuando no se necesita?
El almacenamiento —baterías, bombeos hidráulicos, hidrógeno verde— crece, pero a un ritmo mucho más lento que la generación renovable. La Agencia Internacional de la Energía (AIE) estima que la capacidad de almacenamiento debería multiplicarse por diez para 2035 si se quiere evitar que los vertidos sin retribución se conviertan en la norma. Mientras tanto, cada nuevo domingo soleado es un experimento en directo sobre los límites de un modelo energético que produce electricidad limpia a raudales pero no siempre en el momento adecuado.
La paradoja es evidente: la transición energética avanza, pero el mercado mayorista sigue anclado en un diseño que no reconoce el valor de la flexibilidad. Los precios negativos son la forma que tiene el sistema de decir “tenemos demasiada electricidad y poca demanda”, un mensaje que ni los consumidores ni las grandes empresas están escuchando lo suficiente. Quizá la pregunta no sea cuántas horas más cotizará la luz por debajo de cero, sino cuánto tardará la regulación en incentivar que esa energía sobrante no se pierda.




