JPMorgan lanza una alerta: la banca tradicional opta por blockchains privadas y amenaza el futuro de Bitcoin

JPMorgan advierte de que la tokenización y los pagos institucionales se concentran en redes cerradas, lo que amenaza con desvalorizar Bitcoin y Ethereum. El informe de Nikolaos Panigirtzoglou señala que los depósitos tokenizados y la visión del BIS refuerzan esta tendencia.

Bitcoin ha superado innumerables crisis, pero el último informe de JPMorgan apunta a una amenaza de fondo distinta. No se trata de las ventas de Strategy ni de una corrección pasajera. La banca tradicional, según el análisis liderado por Nikolaos Panigirtzoglou, está virando hacia blockchains privadas para tokenizar activos y gestionar pagos, y ese movimiento podría restar protagonismo —y valor— a las redes públicas como Bitcoin y Ethereum.

¿Por qué la banca prefiere las blockchains privadas?

JPMorgan identifica una clara preferencia institucional por las redes permisionadas, donde solo actores autorizados pueden participar. Los motivos son múltiples: mayor privacidad en las transacciones, cumplimiento automático de las normas KYC y AML, una gobernanza más controlada y, sobre todo, una certidumbre regulatoria que las cadenas públicas aún no ofrecen de forma plena.

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En este contexto, el Banco de Pagos Internacionales (BIS) respalda la misma dirección con su concepto de ‘libros mayores unificados’, plataformas cerradas que integrarían dinero de bancos centrales, depósitos bancarios tokenizados y activos financieros digitales dentro de entornos regulados. La visión no es marginal: el sistema financiero tradicional está diseñando su propia infraestructura blockchain, y eso puede dejar fuera a las redes abiertas.

La verdadera batalla no es contra Strategy, sino contra un modelo donde la liquidez y la actividad abandonan las cadenas públicas.

Los depósitos tokenizados: el rival silencioso de las stablecoins

Una de las piezas que más inquieta a los analistas es el avance de los depósitos tokenizados, representaciones digitales de depósitos bancarios tradicionales con el respaldo de la regulación y los sistemas de garantía de depósitos. Si estos instrumentos logran una adopción masiva, advierte el informe, podrían desplazar a las stablecoins en los pagos institucionales, reduciendo el papel de redes como Ethereum donde hoy se emiten la mayoría de estos tokens estables.

A esto se suman proyectos como la red blockchain de SWIFT, el desarrollo del euro digital o la expansión del yuan digital chino. Todas estas iniciativas refuerzan alternativas reguladas que compiten directamente con las infraestructuras abiertas del ecosistema cripto. La balanza, por ahora, se inclina hacia el lado de los bancos.

¿Desaparecerán Bitcoin y Ethereum? Un análisis mesurado

El mercado de activos del mundo real tokenizados (RWA) ronda los USD 50.000 millones, y una parte significativa reside hoy en Ethereum. No obstante, JPMorgan anticipa que, conforme crezca la adopción institucional, la emisión, custodia y liquidación de estos activos podrían quedarse dentro de plataformas privadas —como las que ya exploran DTCC, ComposerX o Securitize sobre Solana y Avalanche—, limitando el rol de las blockchains públicas a funciones secundarias de distribución o interoperabilidad.

He visto este patrón en otros momentos. Durante el auge de las ICO en 2017, muchos aseguraban que Ethereum se convertiría en el ordenador mundial; después, con la explosión DeFi de 2020, la narrativa fue que las finanzas tradicionales serían absorbidas por los protocolos abiertos. Ahora la realidad se dibuja con matices: los bancos no están rechazando la tecnología blockchain, sino que la están adaptando a sus propias reglas.

Sin embargo, reducir todo a una sentencia de muerte para las redes públicas sería apresurado. Bitcoin mantiene intacto su relato de ‘oro digital’ —un activo de reserva que no depende de la confianza en intermediarios— y eso es algo que las blockchains privadas no pueden replicar. Ethereum, por su parte, sigue siendo el entorno más vibrante para la innovación en contratos inteligentes, aunque su competencia directa con las infraestructuras bancarias tokenizadas es mayor. El recién debatido CLARITY Act en Estados Unidos aportaría certidumbre, pero también podría fortalecer los depósitos tokenizados emitidos por bancos.

Lo que parece tomar cuerpo es un modelo híbrido, donde lo público y lo privado convivan y se especialicen. La cuestión de fondo no es si Bitcoin sobrevivirá —sobrevivirá—, sino qué relevancia conservará en un ecosistema financiero que se está reescribiendo ladrillo a ladrillo. Y la respuesta aún está abierta.


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