Lagarde alerta al Eurogrupo: las ayudas generalizadas por la guerra perjudican la economía

La presidenta del BCE considera contraproducentes las medidas de apoyo indiscriminadas y advierte de que retrasan las bajadas de tipos. El Eurogrupo rechaza flexibilizar las normas fiscales.

La presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, ha lanzado este jueves un mensaje claro al Eurogrupo: las medidas de apoyo generalizadas para amortiguar la crisis energética derivada de la guerra en Irán resultan contraproducentes y están dañando la transmisión de la política monetaria. En su intervención ante los ministros de Finanzas de la zona euro, Lagarde instó a retirar los estímulos fiscales globales y a concentrar las ayudas en los colectivos más vulnerables, en línea con las recomendaciones que el BCE viene repitiendo desde finales de 2025.

El Eurogrupo cierra la puerta a más gasto público pese a la crisis energética

La respuesta de los socios comunitarios no se hizo esperar. El Eurogrupo, reunido en Bruselas, descartó flexibilizar las normas fiscales para dar cabida a nuevos desembolsos extraordinarios. ‘No es el momento de abrir la caja de Pandora del gasto público’, resumió un alto funcionario presente en la sala. Países como España, Italia o Francia llevaban semanas reclamando un margen adicional para proteger a hogares y empresas, pero el bloque liderado por Alemania y Países Bajos impuso su criterio de disciplina presupuestaria.

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Según los datos que maneja la Comisión Europea, el apoyo fiscal no selectivo a la energía podría alcanzar los 180.000 millones de euros este año si se prorrogan las medidas vigentes. Una cifra que, según el BCE, alimenta la demanda agregada justo cuando el supervisor intenta contener la inflación con tipos altos. ‘Es como pisar el acelerador y el freno al mismo tiempo’, declaró Lagarde, según el comunicado difundido por el BCE.

El BCE ve riesgos en la transmisión de la política monetaria por las ayudas indiscriminadas

El eje del argumento de Lagarde reside en el concepto de transmisión monetaria. Cuando los gobiernos inyectan dinero en la economía sin discriminar, sostienen artificialmente el consumo y la inversión, retrasando el momento en que las subidas de tipos enfrían la actividad. El resultado: la inflación se enquista y el banco central necesita mantener las condiciones restrictivas durante más tiempo.

Vamos, que apagar un incendio con gasolina nunca fue buena idea.

El BCE estima que las ayudas generalizadas pueden llegar a sumar 0,5 puntos porcentuales a la inflación de la zona euro en 2026, según fuentes cercanas al consejo de gobierno. Esta cifra complica cualquier relajación monetaria a corto plazo. Christine Lagarde recordó que las previsiones de crecimiento ya anticipan un entorno de ‘tipos de interés más altos durante más tiempo’, y que la política fiscal debe acompañar ese ajuste, no contrarrestarlo.

Análisis: por qué Lagarde vincula las ayudas generalizadas con los tipos de interés

Más allá del tira y afloja institucional, la advertencia de Lagarde tiene una lectura de fondo que afecta a la estrategia del BCE para los próximos trimestres. Si los gobiernos no retiran los estímulos globales, el banco central se ve abocado a mantener el precio del dinero elevado para compensar el exceso de demanda, incluso si la economía real se desacelera. Eso significa un encarecimiento del crédito para empresas y familias, y un lastre para la inversión y el consumo a medio plazo.

En mi opinión, el BCE está tratando de forzar a los Gobiernos a asumir la responsabilidad fiscal que evadieron en la crisis energética de 2022. Entonces, la inyección masiva de ayudas estuvo justificada por el shock inesperado de la guerra en Ucrania. Ahora, con la guerra de Irán como nuevo foco, el supervisor teme que la dinámica se repita sin corregir los errores del pasado. La diferencia es que en 2022 la inflación estaba desbocada y hoy se encuentra en proceso de moderación: un estímulo general podría reactivarla peligrosamente.

El efecto de segunda ronda es el riesgo que más preocupa al BCE. Si los precios energéticos suben y los gobiernos financian a empresas y ciudadanos de forma indiscriminada, los salarios acabarán ajustándose al alza para recuperar poder adquisitivo. Eso genera un círculo vicioso difícil de romper. De hecho, los últimos datos de costes laborales en la zona euro ya muestran un repunte del 4,2% interanual, el más alto desde 2008.

La pregunta que queda en el aire es si los países del sur de Europa, con costes de financiación más elevados, serán capaces de rediseñar sus esquemas de ayudas en un año electoral tan complejo como 2026. Francia afronta legislativas este mismo mes, y España se prepara para las generales de 2027. Reducir las ayudas generalizadas en plena campaña no es precisamente un movimiento popular.


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