La petición de dos senadores republicanos para que el Gobierno de Estados Unidos investigue la compra del banco regional Webster Financial por parte del Santander abre un nuevo frente de tensión geopolítica en una operación valorada en 10.300 millones de dólares. Los legisladores, alineados con el ala más radical del partido, han enviado una carta a la Casa Blanca y a la Reserva Federal en la que advierten de que España no es un socio fiable y solicitan un escrutinio exhaustivo antes de autorizar la adquisición.
La noticia, adelantada por varios medios estadounidenses y que El Diario Montañés ha recogido este jueves, llega en un momento especialmente delicado para la entidad cántabra. Santander lleva meses trabajando para cerrar la integración de Webster, una operación que le permitiría reforzar su presencia en el noreste de Estados Unidos y convertirse en el octavo banco del país por activos.
La operación bajo sospecha: Webster Financial y los miles de millones en juego
Webster Financial, con sede en Connecticut y activos superiores a los 70.000 millones de dólares, es una pieza clave en el mapa de la banca regional estadounidense. Su adquisición por parte de Santander se anunció a finales de 2025 y desde entonces ha seguido el cauce regulatorio habitual, a la espera de los informes de la Reserva Federal y del Comité de Inversiones Extranjeras en Estados Unidos (CFIUS).
La operación se había percibido hasta ahora como un movimiento industrial sin grandes sobresaltos políticos. Santander, a través de su filial Santander Holdings USA, ya opera en el país desde 2006 y ha ido creciendo con compras como la de Sovereign Bank. Sin embargo, la irrupción de los senadores republicanos ha cambiado el tono de la conversación y ha puesto sobre la mesa argumentos que hasta ahora no habían aparecido en ninguna operación corporativa con participación española.
¿Por qué España no sería un aliado confiable? La argumentación de los senadores
Según fuentes cercanas a la comunicación parlamentaria los legisladores basan su desconfianza en tres ejes. El primero, la posición de España respecto a China, donde mantiene vínculos comerciales y diplomáticos que, a juicio de los firmantes, chocan con la estrategia de contención de Washington. El segundo, el gasto en defensa: España se sitúa por debajo del 2% del PIB que exige la OTAN, una cifra que los senadores interpretan como falta de compromiso con la seguridad colectiva. Y el tercero, la dependencia energética de Argelia, que a ojos republicanos añade una capa de vulnerabilidad geopolítica.
«Resulta inaceptable que una entidad con capacidad para mover los ahorros de millones de ciudadanos estadounidenses quede en manos de un país que no es confiable», habría señalado uno de los senadores en la carta, según el contenido filtrado a la prensa. La frase, recogida también por El Confidencial y El Mundo, ha caído como un jarro de agua fría en la dirección de Santander y en el propio Gobierno español, que ayer evitó hacer comentarios oficiales.
Una nueva barrera política para la banca extranjera en Estados Unidos
El bloqueo, o al menos la demora significativa, de la compra de Webster por razones geopolíticas supondría un giro copernicano en la política de revisión de inversiones extranjeras. Tradicionalmente, el CFIUS ha centrado su análisis en riesgos para la seguridad nacional vinculados a infraestructuras críticas, tecnología sensible o proximidad a bases militares. Ampliar ese escrutinio al control de un banco comercial por parte de un socio de la OTAN —aunque bajo sospecha— sienta un precedente incómodo para el conjunto del sector financiero europeo.
De confirmarse que la solicitud de los senadores prospera y la Reserva Federal abre una investigación adicional, Santander se enfrentaría a meses de incertidumbre regulatoria que podrían retrasar el cierre de la operación más allá de 2027. La entidad presidida por Ana Botín confía en que los argumentos comerciales —el encaje estratégico de Webster con la red de Santander en el noreste de Estados Unidos, la creación de empleo y el fortalecimiento del negocio minorista— pesen más que las consideraciones políticas. Sin embargo, la experiencia reciente demuestra que, en Washington, la geopolítica suele ganar a la economía cuando hay elecciones a la vista.
Los próximos pasos pasan por la respuesta del Tesoro y de la Fed, que deberán decidir si abren un expediente formal o desestiman la petición. Mientras tanto, los inversores miran con recelo: la cotización de Santander apenas se inmutó el día del anuncio, pero los CDS de la entidad se movieron al alza en los mercados de deuda, señal de que el riesgo político ya tiene precio.





