Los mercados de bonos han empezado a cotizar con fuerza la primera subida de tipos de la Reserva Federal bajo el mandato de Kevin Warsh. Los futuros de los fondos federales descuentan ya un endurecimiento monetario antes de que acabe 2026, según datos recogidos por Bloomberg y Financial Times. La inflación subyacente se mantiene obstinadamente por encima del 2,5%, una señal de que el nuevo presidente de la Fed tendrá que mover ficha más rápido de lo previsto.
No es una simple amenaza verbal. El mercado ve ahora un 100% de probabilidades de una subida de 25 puntos básicos en la reunión de diciembre. Algunos analistas no descartan incluso un movimiento en la cita de noviembre si los datos de precios siguen al alza.
El giro ‘hawkish’ de los mercados de deuda
Desde que Warsh asumió el cargo el pasado 2 de mayo, la rentabilidad del bono estadounidense a 2 años, el más sensible a la política monetaria, ha escalado 40 puntos básicos hasta situarse en el 4,85%. El mercado de futuros de los fondos federales, que nunca falla del todo, ha pasado de cotizar recortes a descontar dos subidas en el horizonte de doce meses.
Los datos de inflación de abril, publicados la semana pasada, fueron el detonante. El IPC subyacente repuntó al 2,9% interanual, lejos del objetivo del 2%. Y lo que es peor: los precios de la vivienda y los servicios, los componentes más rígidos, siguen subiendo a un ritmo del 4% anual.
«La Fed de Warsh va a ser muy distinta a la de Powell», señala un gestor de renta fija consultado por Bloomberg. «No se va a andar con paños calientes».
Kevin Warsh, el halcón que vuelve al nido
La trayectoria de Kevin Warsh en la Reserva Federal no es la de un banquero central al uso. Fue gobernador entre 2006 y 2011, siempre en el ala más dura del Comité de Mercado Abierto. Abogaba por tipos más altos y una política monetaria menos complaciente con los excesos financieros.
Ahora, con el control total del banco central, su discurso se ha endurecido aún más. En su primera comparecencia pública como presidente, el pasado lunes, afirmó que «la Fed está preparada para actuar con contundencia si la inflación no remite».
Los mercados le han tomado la palabra. Y las apuestas por una subida de 25 puntos básicos en diciembre se han disparado.
Unas subidas que encarecerán el crédito a ambos lados del Atlántico
La expectativa de tipos más altos en Estados Unidos tiene un correlato inmediato para las empresas españolas con exposición al dólar y a los mercados de deuda estadounidenses. Un endurecimiento monetario encarece la financiación y fortalece el dólar, lo que puede erosionar las cuentas de exportadoras como Acerinox o las energéticas con actividad en América.
Además, el diferencial de tipos con el BCE se ampliaría. Mientras la Fed sube, Fráncfort sigue anclada en los tipos actuales. Eso podría debilitar aún más al euro, que ya cotiza cerca de la paridad. La factura energética europea, denominada en dólares volvería a subir.
Creo que la Fed de Warsh está subestimando el riesgo de un aterrizaje forzoso. La economía estadounidense muestra signos de fatiga: las solicitudes de hipotecas han caído un 35% en lo que va de año y el consumo de bienes duraderos se estanca. Pero la inflación es tozuda, y Warsh parece dispuesto a forzar una desaceleración aunque eso implique dolor a corto plazo.
La cuestión es si los mercados han ido demasiado lejos. La historia reciente nos dice que cuando todo el mundo espera lo mismo, suele pasar lo contrario. De hecho, en 2023, los futuros también descontaban varias subidas que nunca llegaron.
Pero esta vez hay un factor diferencial: Kevin Warsh no es Jerome Powell. Y los mercados lo están descontando.




