Los inversores utilizan cada vez más la Inteligencia Artificial, creen que transformará los mercados, pero al mismo tiempo desconfían profundamente de ella cuando se trata de dinero propio. Esta es la principal conclusión de la Encuesta a Inversores de 2026 de Janus Henderson Investors en la que se analiza la percepción de los inversores sobre la inteligencia artificial (IA).
El estudio —realizado entre 1.000 inversores estadounidenses con patrimonios de al menos 250.000 dólares— dibuja una sociedad financiera atrapada entre la fascinación tecnológica y el miedo a perder el control.
Un dato muy relevante que refleja la encuesta es que las principales barreras para aceptar consejos financieros generados por IA no son técnicas, sino emocionales y éticas. Un 75% de los que respondieron teme recomendaciones sesgadas, un 74% desconfía por cuestiones de privacidad y seguridad, un 73% prefiere métodos tradicionales y un 72% directamente no confía en las recomendaciones automáticas. Es decir: incluso entre inversores ricos y sofisticados, la IA todavía no ha ganado legitimidad como autoridad financiera.
“En Janus Henderson, consideramos que la inteligencia artificial es un potente motor de cambio, que hay que abordar con una perspectiva disciplinada y centrada en el cliente. Estamos realizando importantes inversiones para acelerar nuestra transformación hacia la IA en todos nuestros equipos, con el fin de mejorar nuestra forma de trabajar y de ofrecer resultados”, afirmó Ali Dibadj, CEO de Janus Henderson Investors.
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Cuanto más personal la tarea, menos Inteligencia Artificial quieren
La mayoría de los encuestados acepta que un asesor use IA para tareas administrativas o para generar contenido educativo, pero quieren comunicación humana. El 40% se enfadaría si su asesor respondiera automáticamente sus mensajes usando IA y un 33% rechazaría que la IA elaborara recomendaciones de inversión. Esto implica que, al menos en las finanzas, el valor diferencial sigue siendo profundamente humano: empatía, confianza y responsabilidad.
Otros aspectos que revela la encuesta son la obsesión por la transparencia y la división generacional. Por un lado, el informe detecta que casi ocho de cada diez clientes se molestarían si descubrieran que su asesor utiliza IA sin avisarlo previamente.
Por otro lado, los millennials aparecen como la generación claramente más optimista con la IA tanto en uso cotidiano como en inversión. El 72% la utiliza frecuentemente en su vida personal o profesional, frente a apenas el 16% de los boomers. Además, el 76% de los millennials cree que las empresas centradas en IA ofrecerán mejores retornos a largo plazo, mientras que entre los boomers esa cifra cae al 30%.
Otro contraste curioso es el que existe entre el corto y el largo plazo. El 67% teme una burbuja de IA en los próximos doce meses, pero el 61% cree que la IA mejorará los retornos del mercado en los próximos cinco años. Es decir, muchos inversores piensan que la IA está sobrevalorada hoy, pero que cambiará el mundo mañana.
Y no deja de resultar llamativo el hecho de que los inversores aceptan mejor las predicciones negativas hechas por IA que las optimistas. Cuando la IA pronostica caídas del mercado, la reacción de los inversores es prácticamente igual a la que tendrían frente a un experto humano. Pero cuando pronostica fuertes subidas, la gente confía más en el humano que en la máquina.
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“El escepticismo hacia la IA es comprensible, pero los inversores corren el riesgo de no distinguir entre el ruido de las valoraciones y el cambio estructural a largo plazo”, afirmó Denny Fish, gestor de carteras del equipo de Tecnología e Innovación Global de Janus Henderson Investors.
“No habrá una tendencia estructural más importante que la IA en toda nuestra vida. Pero los inversores necesitan paciencia y disciplina, porque, aunque la IA generará grandes ganadores con el tiempo, también dejará al descubierto a perdedores significativos por el camino. Creemos que esta divergencia creará oportunidades para los gestores activos”, añade Fisch.
Por último, el informe deja una conclusión muy clara: la industria financiera parece encaminada hacia un modelo híbrido. La IA será aceptada como herramienta de apoyo, eficiencia y análisis, pero no como sustituto del vínculo humano. El estudio repite constantemente una idea: los clientes no solo compran información financiera; compran tranquilidad, responsabilidad y confianza. Y, de momento, esos atributos siguen teniendo rostro humano.




