El jurado de Oakland ha rechazado por unanimidad la demanda de Elon Musk que pedía 130.000 millones de dólares y la destitución de Sam Altman. La sentencia despeja el camino para la reestructuración con ánimo de lucro de OpenAI y aleja una amenaza que ponía en jaque su valoración de más de 150.000 millones.
Claves de la operación
- La demanda pedía 130.000 millones y la cabeza de Altman. El jurado bloqueó la petición por extemporánea, sin entrar en el fondo del conflicto.
- OpenAI mantiene intacta la estructura de su fundación sin ánimo de lucro. La jueza respaldó la tesis de que la empresa no ha traicionado su misión original.
- Musk anuncia recurso, pero el mercado de la IA descuenta el veredicto. La victoria judicial permite a OpenAI acelerar su hoja de ruta de reestructuración sin ataduras legales inmediatas.
Una demanda bloqueada por el plazo legal, no por el fondo
La decisión del jurado, adoptada tras apenas 90 minutos de deliberación, fue más un veredicto sobre el calendario que sobre el contenido de la acusación. Según las pruebas presentadas, Musk conocía desde al menos 2021 los hechos que después llevó a los tribunales, lo que situaba la demanda fuera del plazo legal para ejercer acciones judiciales. La jueza Yvonne Gonzalez Rogers hizo suyas esas conclusiones y señaló que existía una “cantidad sustancial de pruebas” para respaldarlas. La compañía californiana podrá así continuar su transformación hacia una estructura con ánimo de lucro sin que el pleito descarrile el proceso.
La demanda de Musk, presentada en febrero de 2024, acusaba a Altman, Brockman y a la propia OpenAI de haber “robado una entidad sin ánimo de lucro” y de haberse enriquecido injustamente con el giro comercial de la empresa. El fallo evita que los tribunales examinen si OpenAI traicionó su misión fundacional, una cuestión que la defensa negó de plano: la compañía sigue gobernada por una fundación sin ánimo de lucro que controla a la filial con fines de lucro.
La defensa también puso el foco en el momento en que Musk decidió demandar, después de fundar xAI, su propio laboratorio de inteligencia artificial. El jurado aceptó la tesis de que el magnate no actuó por sorpresa, sino con pleno conocimiento de los hechos. Con esa premisa, el caso se desmoronó antes incluso de que las partes entraran a debatir sobre la validez de las reclamaciones.
Con esta resolución, OpenAI se libra de la amenaza de tener que deshacer la reestructuración que la ha convertido en una de las tecnológicas más valiosas del mundo. La petición de Musk incluía devolver más de 130.000 millones de dólares a su brazo sin ánimo de lucro, lo que habría supuesto una hemorragia financiera de consecuencias imprevisibles. La valoración de la empresa superaba los 150.000 millones en su última ronda de financiación y ese suelo parece ahora más firme.
El pleito no se ha juzgado por el fondo, sino por el calendario. Pero para OpenAI, eso es una victoria completa que blinda su hoja de ruta corporativa.
XAI frente a OpenAI: la guerra se traslada al mercado
Aunque Musk anunció de inmediato que apelará, el fallo cierra una etapa de incertidumbre para la compañía dirigida por Altman. La batalla legal queda aparcada y la competencia se traslada al terreno comercial, donde xAI y OpenAI compiten por contratos empresariales, talento y cuota en el mercado de la IA generativa. La victoria judicial permite a OpenAI centrarse en su expansión sin el lastre de un litigio que amenazaba con procesos largos y costosos. Además, fortalece su posición de cara a futuras rondas de financiación.
El juicio ha dejado al descubierto, además, documentos internos que revelan las tensiones sobre la financiación y la gobernanza en una de las empresas más vigiladas por los reguladores. Entre los testimonios destacaron los de Ilya Sutskever y Shivon Zilis, que ofrecieron una visión poco habitual sobre las costuras de la compañía. Esa transparencia forzada beneficia ahora a los inversores,, que disponen de más información para evaluar el riesgo de futuras disputas fundacionales.

El veredicto que tranquiliza a Telefónica y al ecosistema español de IA
En España, la victoria de OpenAI se digiere con alivio entre los socios comerciales que integran su tecnología en grandes servicios empresariales. Telefónica, a través de su alianza con Microsoft, incorpora los modelos de OpenAI en su oferta de soluciones digitales para pymes y grandes cuentas. Cualquier turbulencia en la gobernanza de la empresa californiana habría puesto en riesgo esa hoja de ruta, que contempla inversiones millonarias en centros de datos y servicios cloud en el mercado ibérico. La teleco española necesita certidumbre para convertirse en un polo de servicios de IA para el sur de Europa, y la desestimación de la demanda elimina un factor de inestabilidad que preocupaba en las conversaciones con el socio norteamericano.
El precedente es relevante para el regulador europeo, que prepara la aplicación plena del AI Act. La resolución del pleito refuerza la imagen de estabilidad corporativa de OpenAI, algo que facilita los acuerdos con grandes clientes europeos que temían verse arrastrados a un conflicto societario. La Comisión Europea no ha intervenido en el caso, pero sigue de cerca los movimientos de concentración en el mercado de la IA, donde la competencia entre estadounidenses y asiáticos acapara cada vez más atención.
La apelación de Musk mantiene el litigio abierto, pero sin horizonte de resolución a corto plazo. Mientras tanto, los inversores institucionales, que ya habían descontado un fallo favorable, respiran con mayor tranquilidad. La pugna entre Musk y Altman ha sido un capítulo más en la reconfiguración del sector. Tras este veredicto, el foco vuelve a estar en quién lanza el próximo gran modelo de lenguaje y quién cierra los contratos más lucrativos.




