¿Por qué las hipotecas suben pese a tipos estables? La respuesta está en Oriente Medio

La guerra de Irán dispara los costes de financiación de los bancos, un sobrecoste que ya pagan los compradores de vivienda. La Reserva Federal y el BCE mantienen los tipos estables, pero las hipotecas son más caras que hace seis meses.

Las hipotecas se encarecen en Norteamérica y Europa pese a unos tipos de interés oficiales que no se han movido. La causa hay que buscarla a 10.000 kilómetros de distancia: la guerra de Irán y la amenaza de bloqueo del estrecho de Ormuz.

Según publicaba recientemente el Financial Times, la incertidumbre geopolítica derivada del conflicto está elevando el coste de financiarse para los bancos a ambos lados del Atlántico. Esa factura, inevitablemente, la pagan los compradores de vivienda.

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Los datos oficiales confirman la tendencia. De acuerdo con los últimos datos de la Reserva Federal, el tipo medio hipotecario a 30 años ha pasado del 6,8% de principios de enero al 7,2% en la primera semana de mayo, a pesar de que el banco central mantiene los tipos de interés en la horquilla del 5,25%-5,5% desde julio de 2025.

En la eurozona, el indicador del Banco Central Europeo para hipotecas nuevas de hogares muestra un repunte similar desde el 4,3% al 4,6% en el mismo periodo, con el tipo de depósito clavado en el 3,5%.

La guerra de Irán encarece el coste del dinero para los bancos

La clave está en el aumento de la prima de riesgo. El conflicto en Oriente Medio, con una guerra abierta que amenaza con cerrar el paso de buena parte del petróleo mundial, dispara la volatilidad en los mercados de deuda. Los bancos, cuando acuden a financiarse en el interbancario o mediante emisiones de bonos, se topan con condiciones mucho más exigentes. El euríbor, referencia principal para las hipotecas europeas, ha repuntado 0,3 puntos porcentuales desde el estallido de la guerra, sin que el BCE haya movido un solo punto básico.

Además, el encarecimiento del petróleo presiona las expectativas de inflación, lo que cierra la puerta a cualquier bajada de tipos por parte de los bancos centrales. Los bancos elevan márgenes para cubrirse de esta volatilidad y eso se traduce directamente en préstamos más caros para particulares y empresas. Las hipotecas a tipo variable, las más sensibles a estos movimientos, son las que están absorbiendo el golpe con mayor rapidez.

Los bancos centrales, atrapados en un dilema incómodo

La Reserva Federal y el BCE caminan sobre una línea muy fina. Si bajaran los tipos de referencia para aliviar las hipotecas, correrían el riesgo de alimentar aún más la inflación importada por la crisis energética. Si los mantienen —que es lo que están haciendo—, los compradores de vivienda seguirán soportando tipos reales muy superiores a los oficiales. La Reserva Federal y el BCE celebran sus próximas reuniones en junio, pero el mercado descuenta que mantendrán los tipos sin variación. Un recorte de tipos hoy sería interpretado como una claudicación ante el shock de oferta del petróleo, y los halcones de Fráncfort y Washington no están dispuestos a permitirlo.

De hecho, el diferencial entre el tipo de intervención y la hipoteca media ha alcanzado máximos que no se veían desde la crisis financiera de 2008. Esto provoca que la cuota mensual de una vivienda media en España haya subido unos 80 euros en apenas cinco meses, según estimaciones del mercado. ¿Hasta cuándo durará esta desconexión? Es la pregunta que se hacen los inversores de renta fija.

Cuando la geopolítica mete la mano en el mercado hipotecario

Que una guerra a miles de kilómetros determine lo que pagamos por una hipoteca parece injusto, pero tiene precedentes históricos sólidos. En la Guerra del Golfo de 1990-91, los tipos hipotecarios estadounidenses subieron casi un punto porcentual mientras la Fed mantenía los tipos de interés sin variación. Ahora, en un contexto de mayor integración financiera global, la transmisión es incluso más rápida. Este tipo de desacople entre política monetaria y coste real del crédito es peligroso porque crea falsas expectativas. Los compradores ven que los tipos oficiales no suben y confían en que las hipotecas se mantendrán estables, cuando en realidad el sobrecoste ya se está aplicando. Si el conflicto se alarga, el pinchazo de los precios inmobiliarios en ciudades como Madrid o Berlín podría ser más duro de lo que descuentan los inversores.

En mi opinión, los bancos centrales no son los responsables directos de esta subida; están atrapados por un shock geopolítico que ningún Forward Guidance puede controlar. El verdadero riesgo —y aquí todos los analistas coinciden— es una escalada del conflicto que cierre por completo el estrecho de Ormuz. En ese escenario, el precio del dinero se dispararía y veríamos hipotecas por encima del 8% en Estados Unidos y del 5,5% en Europa. No es el caso base, pero tampoco es una hipótesis descartable.

Mientras tanto, el mercado hipotecario mira de reojo a la próxima reunión de la OPEP+ y a los tímidos avances diplomáticos que apenas avanzan. La vivienda, ese bien de primera necesidad, se ha convertido en una víctima más de un conflicto que va a definir la economía de 2026.


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