La saturación de la red eléctrica asturiana pone en riesgo inversiones estratégicas, alerta el Foro

La falta de capacidad de la red frena proyectos como la ampliación de Asturiana de Zinc y pone en jaque la competitividad regional. El FIE advierte de que la tendencia es sostenida y sin señales de reversión.

El 37,3% de las subestaciones de Asturias carece ya de capacidad disponible. Un dato que publica esta semana el Foro Industria y Energía (FIE) y que resume una tendencia inquietante: la red eléctrica de la región se está quedando sin margen para absorber nueva demanda industrial. La saturación de la red eléctrica no es un problema teórico; hay proyectos de inversión que ya están en el aire.

En octubre del año pasado, 52 de las 199 subestaciones operativas en Asturias no podían admitir más conexiones. En marzo de 2026 esa cifra había escalado a 75, lo que supone un incremento del 44% en solo cinco meses. Mientras tanto, la potencia libre en la red regional se contrajo un 17% en el mismo periodo: de casi 795 megavatios (MW) disponibles a menos de 659 MW. El FIE califica la evolución de ‘tendencia sostenida y sin señales de reversión’.

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El 37,3% de subestaciones saturadas y una caída del 17% en la potencia disponible

Las cifras del FIE pintan un panorama cada vez más complicado para la industria asturiana. De las 199 subestaciones que vertebran el territorio, 75 están técnicamente saturadas. El margen operativo se reduce rápido: se han evaporado 136 MW libres en menos de medio año. Lo que hace unos meses se veía como una preocupación sectorial ahora adquiere visos de emergencia. Porque cada megavatio perdido es un proyecto que no arranca o una ampliación que se congela.

Esta contracción no es aleatoria. Responde a un modelo de planificación de la red que ha ido por detrás de la demanda, especialmente en zonas de tradición industrial donde la descarbonización de procesos exige más electricidad, no menos. Asturias, con su potente sector metalúrgico, químico y siderúrgico, es un laboratorio de lo que puede ocurrir en otras regiones si no se acelera la inversión en transporte.

Asturiana de Zinc: el gigante con el grifo cerrado

El ejemplo que ha puesto el FIE sobre la mesa es elocuente. Asturiana de Zinc, la empresa que más electricidad consume en España desde un único punto de conexión, necesita crecer. Sus planes de futuro contemplan un incremento de demanda de hasta 45 MW a largo plazo. Cuando solicitó una ampliación de apenas 3 MW para un paso intermedio, la respuesta fue negativa. La subestación a la que se conecta no admite más carga. Tres megavatios. Una nimiedad en términos de sistema, pero un bloqueo total para una planta que quiere descarbonizarse y expandirse a la vez. Y la paradoja es cruel: la industria asturiana quiere electrificarse para cumplir con los objetivos climáticos, pero se topa con una red que no puede darle lo que necesita. El mensaje es claro: sin red, no hay descarbonización.

falta capacidad red eléctrica

La transición energética, atascada en el enchufe

Conviene ampliar el foco. El estrangulamiento de la red asturiana no es una anomalía regional; es un síntoma de un problema nacional que viene de lejos. La red de transporte, gestionada por Red Eléctrica de España, ya alcanzaba en octubre pasado una saturación global del 86,3%, con apenas 7.400 MW disponibles en todo el país. Los cuellos de botella se concentran en los nodos industriales y en los corredores que conectan la generación renovable con los centros de consumo. Asturias es uno de esos puntos calientes, pero no el único.

La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) lleva tiempo alertando de la necesidad de agilizar las inversiones en redes. Sin embargo, los procesos de planificación son lentos, las autorizaciones se demoran y la ejecución de los proyectos de refuerzo va con retraso. Mientras, la demanda de nuevos accesos crece empujada por la electrificación, el almacenamiento y la conexión de plantas de hidrógeno verde. Se está creando una desconexión peligrosa entre las expectativas de inversión y la realidad física de la red.

No es solo un problema español. En competitividad industrial, la disponibilidad de red es tan importante como el precio de la energía. Francia, por ejemplo, ha acelerado sus inversiones en redes de alta tensión para facilitar la instalación de electrolizadores. Alemania ha destinado miles de millones a refuerzos en regiones industriales como el Ruhr. En España, los procesos de aprobación son más largos y los proyectos se acumulan en los despachos. Las empresas electrointensivas asturianas empiezan a mirar hacia localizaciones con menos trabas, aunque la decisión de trasladar una planta nunca es sencilla.

El propio FIE insta a Red Eléctrica, al Ministerio para la Transición Ecológica, a la CNMC y a los gobiernos autonómicos a actuar ‘con la misma urgencia con la que la industria lo está reclamando’. Y tiene razón. No se trata solo de ser verdes; se trata de ser operativos. Hay empresas que quieren y pueden electrificarse, pero el grifo eléctrico está cerrado. Si no se destraban las inversiones en redes de transporte y distribución, la promesa de reindustrialización verde podría quedarse en papel mojado. Y Asturias sería el primer aviso.

Mi impresión es que el problema no es solo de dinero, aunque harán falta miles de millones en los próximos años. El verdadero desafío es de gobernanza. La planificación eléctrica actual, con ciclos de seis años, no se adapta a la velocidad del mercado. Un proyecto industrial puede madurar en 18 meses; una nueva subestación puede tardar cinco años o más. Ese desajuste temporal es lo que está dejando en el aire inversiones estratégicas, como las que cita el FIE.

Además, los fondos de la Unión Europea para la transición justa están condicionados a la creación de empleo en nuevas actividades. Si esas actividades no pueden conectarse a la red, el dinero no fluye. Se genera un círculo vicioso: sin red no hay proyectos, sin proyectos no hay fondos, sin fondos se perpetúa la decadencia industrial. Asturias, que aspira a ser un referente en hidrógeno verde y siderurgia limpia, podría ver cómo esas promesas chocan con la realidad de un tendido eléctrico obsoleto. El plan de recuperación europeo no contempla estos cuellos de botella con la misma intensidad.

Habrá que ver si la nueva revisión de la planificación eléctrica, prevista para 2027, incluye un impulso real a las inversiones en Asturias. De momento, los datos de marzo de 2026 indican que el deterioro continúa. La urgencia es máxima. Las soluciones existen, pero llegan tarde.


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