El dólar ha firmado su mejor semana en más de dos meses. La divisa estadounidense se revalorizó con fuerza el viernes después de que los últimos datos de inflación en Estados Unidos mostraran presiones de precios lo bastante persistentes como para que la Reserva Federal se plantee volver a subir los tipos de interés. El billete verde avanzó contra las principales monedas del mundo, devolviendo a los inversores una película que muchos creían archivada: la de un ciclo de endurecimiento que se resiste a terminar.
El movimiento no fue un simple coletazo técnico. Según recogen los datos de mercado consultados por Bloomberg, el índice del dólar —que mide su valor frente a una cesta de seis divisas— se encaminaba el viernes a cerrar su mejor semana desde mediados de marzo. El detonante fueron las cifras de precios al consumo de abril, que mostraron una resistencia inesperada en algunos componentes clave, como los servicios y los alquileres. En un contexto donde la economía estadounidense sigue creciendo por encima de su potencial, cualquier señal de inflación pegajosa es leída como un argumento para mantener los tipos altos durante más tiempo… o incluso para volver a subirlos.
¿Por qué vuelve a hablar el mercado de subidas de tipos?
La Reserva Federal ha pasado el último año y medio en modo pausa, con los tipos de interés oficiales en el rango del 5,25%–5,50% desde julio de 2023. Pero la reunión del Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC) del 10 y 11 de junio podría marcar un punto de inflexión. Varias casas de análisis han empezado a mover sus previsiones: ya no se trata solo de cuándo llegará la primera bajada, sino de si llegará a materializarse siquiera este año. Algunos operadores de futuros han comenzado a poner en precio una probabilidad nada despreciable de una subida adicional antes de que acabe 2026.
Esta redacción ha seguido de cerca los movimientos del mercado de tipos y, sin ánimo de exagerar, la velocidad del cambio de narrativa ha sido llamativa. Hace apenas tres meses el consenso descontaba dos recortes para el segundo semestre. Ahora, con el IPC subyacente aún por encima del 3%, la Reserva Federal se encuentra en una posición incómoda. Jerome Powell, su presidente, ha repetido en varias ocasiones que la política monetaria se mantendrá restrictiva hasta que la inflación vuelva de forma sostenida al objetivo del 2%. Y los datos están poniendo a prueba esa paciencia.
Como suelo decir cuando analizo ciclos de tipos: los mercados sobreactúan en ambas direcciones. La euforia por los recortes se ha desvanecido y ahora llega la ansiedad por las subidas. La realidad suele encontrarse en algún punto intermedio, pero el dólar no espera. El billete verde ya está cotizando el escenario más duro para el resto del mundo.
Efectos sobre el euro y el impacto en España
El cruce euro/dólar cayó por debajo del nivel de 1,06, una zona que no visitaba desde hacía semanas. Un euro débil frente al dólar tiene múltiples lecturas para una economía como la española. Por un lado, las exportaciones ganan competitividad en precio fuera de la eurozona, lo que puede dar algo de oxígeno a sectores industriales. Por otro, todo lo que España importa en dólares se encarece de golpe.
El petróleo, el gas natural y una buena parte de las materias primas cotizan en la moneda estadounidense. Cada repunte del dólar es, en la práctica, un impuesto silencioso sobre la factura energética y los costes de producción. Si además el Banco Central Europeo mantiene su tono más acomodaticio del que ahora insinúa la Fed, el diferencial de tipos de interés a favor del dólar seguirá ampliándose, y con él la presión bajista sobre el euro.
Contexto, riesgos y una reflexión nada inocente
Conviene recordar que los ciclos de fortaleza del dólar no son gratuitos para el resto del planeta. Entre 2014 y 2016, un dólar apreciándose coincidió con fuertes salidas de capital de los mercados emergentes y tensiones en economías muy endeudadas en la divisa estadounidense. El episodio actual añade un ingrediente extra: la deuda soberana de varios países emergentes ha alcanzado niveles récord, y una buena parte de ella está denominada en dólares. Cualquier endurecimiento adicional de la Reserva Federal puede desencadenar reacciones en cadena en rincones del sistema financiero que ahora parecen tranquilos.
Creo que el mercado está sobreestimando la agresividad de la Reserva Federal a estas alturas del ciclo. Con todo, la inercia de los datos de inflación y la fortaleza del mercado laboral estadounidense obligan a tomarse en serio el escenario de subida. Si el IPC de mayo, que se publica a principios de junio, vuelve a sorprender al alza, los tambores de guerra monetaria sonarán con más fuerza. Ahí es donde el análisis frío se convierte en apuesta: ¿estamos ante un repunte transitorio o ante un cambio estructural que obligue a la Fed a apretar de nuevo el acelerador?
Por ahora, el dólar ha votado. Y ha votado con una claridad que no se veía desde marzo.




