Arthur Hayes elige Zcash como su nueva cripto favorita y la privacidad vuelve al debate

El cofundador de BitMEX ha movido el mercado con solo unas palabras. El precio de Zcash se dispara y reabre la eterna pregunta: ¿hasta qué punto valoran inversores y reguladores las transacciones realmente anónimas?

Arthur Hayes, cofundador de BitMEX y una de las voces con más peso en el ecosistema de los derivados de bitcoin, acaba de hacer un movimiento que ha puesto patas arriba un rincón hasta ahora casi olvidado del mercado cripto. Señaló en público a Zcash como su activo digital favorito. En cuestión de horas, el precio de Zcash (ZEC) se disparó más de un 15%, arrastrando consigo a otras criptomonedas centradas en la privacidad. No es un guiño cualquiera. Hayes ha demostrado saber leer el mercado, y esta vez apuesta por una tecnología que esquiva el ojo vigilante.

La privacidad, esa vieja promesa de una moneda electrónica realmente anónima, vuelve al centro de todas las conversaciones. Y lo hace justo cuando los reguladores aprietan las tuercas y las finanzas tradicionales avanzan hacia una trazabilidad total. La pregunta que flota en el aire es inevitable: ¿estamos ante una moda pasajera o ante la confirmación de que el anonimato se ha convertido en el motor más infravalorado del mercado?

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La declaración que encendió el mercado

El lunes por la noche, Arthur Hayes publicó en su blog personal una reflexión sobre el escenario macroeconómico mundial. En medio de ese análisis, dedicó apenas un párrafo a confesar que su cartera personal se inclina ahora hacia Zcash, la red que permite transacciones blindadas mediante pruebas de conocimiento cero (las conocidas zk-SNARKs). En la práctica, mientras que en bitcoin cualquier persona puede rastrear direcciones y cantidades, una transacción protegida de Zcash funciona como un paquete lacrado: solo emisor y receptor conocen el contenido y la identidad de las partes.

Hayes no ahorró argumentos. En su exposición, vinculó su preferencia a un mundo donde la vigilancia financiera se intensifica, con gobiernos que presionan a los exchanges para aplicar controles cada vez más exhaustivos. “Si alguien como él, con dinero de verdad en juego, elige privacidad, el mercado lo está escuchando”, comentó un analista de un fondo cripto que prefiere no ser citado. Dicho de otro modo, el respaldo de una figura que acumula aciertos volvió a poner el foco sobre un protocolo que muchos daban por arrinconado.

El rebote de Zcash y el despertar de las altcoins de privacidad

El precio de ZEC pasó de rondar los 45 dólares a superar los 52 en menos de dos horas, según datos de TradingView. Monero (XMR), la otra gran referencia del anonimato, subió un 8% en el mismo lapso. La correlación fue inmediata y casi calcada. Los tres grandes exchanges que aún listan Zcash —Binance, Kraken y Bitstamp— registraron volúmenes cuatro veces superiores a la media de la última semana.

Un inversor con poca experiencia podría preguntarse por qué dos activos tan similares cotizan a precios tan distintos. La clave está en la tecnología que utilizan para ocultar datos. Mientras Monero ofusca todas las transacciones por defecto, Zcash permite elegir entre transacciones transparentes y blindadas. Esta flexibilidad parte a la comunidad: los defensores de la privacidad total lo ven un compromiso insuficiente, pero los reguladores lo aplauden como un intento de equilibrio. La apuesta de Hayes, por tanto, no solo reivindica la privacidad; respalda ese punto medio que podría desencallar bloqueos con las autoridades financieras.

El movimiento no es casualidad. Durante 2025, la Autoridad Bancaria Europea apretó las tuercas con la directiva de transferencia de fondos y muchos exchanges retiraron de su oferta las monedas anónimas más opacas. Zcash, sin embargo, aguantó en las plataformas principales. Que Hayes la señale ahora como favorita sugiere que quizá el sector ha exagerado los riesgos normativos o que, simplemente, esa precaución ya está descontada en el precio.

Zcash precio 2026

¿Es la privacidad un activo o un lastre? La lectura de Merca2

Conviene echar la vista atrás para calibrar lo que está pasando. Hubo un tiempo, entre 2016 y 2018, en que todos los grandes defensores del criptoanarquismo defendían las privacy coins. Luego llegó el cerco regulatorio, la sombra del blanqueo de capitales y la caída en desgracia de proyectos como Tornado Cash, sancionado por Estados Unidos precisamente por ocultar el origen de los fondos. La privacidad se convirtió en una palabra casi maldita. Los inversores institucionales miraban hacia otro lado y las fintech prometían cumplimiento normativo a rajatabla.

Ahora, la foto ha cambiado. La propia Comisión Europea está desarrollando una identidad digital soberana, mientras los bancos centrales aceleran sus pruebas con monedas digitales (CBDC) que registran cada céntimo movido. En ese contexto, una herramienta que devuelva el control de los datos al ciudadano deja de ser un capricho y empieza a parecer una necesidad. De hecho, encuestas recientes entre poseedores de cripto muestran que el 62% valora más la confidencialidad de sus transacciones que hace dos años.

Ahora bien, sería un error comprar Zcash solo porque Arthur Hayes lo haya mencionado. Su palabra mueve mercados, pero no garantiza nada. El peligro de una nueva ola regulatoria que obligue a los exchanges a deslistar cualquier criptoactivo con funciones de ofuscación sigue estando ahí. Y cuando hablamos de un activo con una capitalización de apenas 400 millones de dólares, una mala noticia puede borrar en minutos la subida de toda una semana. Nuestra lectura es prudente: la privacidad es un valor fundamental, sí, pero su precio en el mundo cripto seguirá siendo tan volátil como siempre.

Mientras tanto, la comunidad de Zcash prepara una actualización de red para este verano que mejorará la eficiencia de las transacciones blindadas. Si logra que más usuarios elijan el modo privado sin fricciones, la apuesta de Hayes habrá servido para algo más que un simple repunte especulativo. Si no, quedará como una anécdota brillante en un mercado que olvida deprisa.


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