La guerra de Irán va a obligar al Banco Central Europeo a pisar el acelerador monetario. Dos subidas de tipos de interés en 2026, según una encuesta de Bloomberg entre analistas consultados, dibujan un escenario de crédito más caro y presión sobre las hipotecas en España. Los precios de la energía, disparados por el conflicto en Oriente Medio, se han convertido en el principal enemigo de la estabilidad de precios en la eurozona, forzando a Fráncfort a endurecer su política pese a una economía que todavía se lame las heridas de la crisis inflacionaria de 2022-2023.
La encuesta de Bloomberg que agita las expectativas
El sondeo, realizado a 42 analistas de las principales firmas de inversión, prevé que el Consejo de Gobierno del BCE apruebe dos alzas de 25 puntos básicos cada una a lo largo de este año. La primera llegaría en la reunión del segundo trimestre y la segunda en otoño, según el consenso recogido por Bloomberg. De cumplirse, el tipo de depósito –referencia clave para los mercados– alcanzaría el 4% a finales de 2026, su nivel más alto desde 2001.
La causa inmediata de este endurecimiento es el repunte de la inflación subyacente en los últimos meses. Las sanciones al petróleo iraní, las interrupciones en el tráfico marítimo por el estrecho de Ormuz y el encarecimiento del gas natural han vuelto a tensar los precios industriales. Los indicadores adelantados de Eurostat ya muestran una inflación armonizada por encima del 3,5% en la eurozona, lejos del objetivo del 2% que persigue la institución con sede en Fráncfort. Las actas del BCE reflejan una creciente preocupación por el efecto de segunda ronda: los salarios pueden acelerarse para compensar la pérdida de poder adquisitivo, creando un círculo vicioso.
Hipotecas más caras y crédito más restrictivo en España
El impacto de esta política monetaria se traduce directamente en el Euribor, que ya ha comenzado a situarse cerca del 3,8% en los plazos a doce meses. Para una hipoteca variable media de 120.000 euros a 25 años, eso supone un encarecimiento de unos 145 euros al mes respecto a febrero de este mismo año, según los cálculos de los comparadores financieros. Las familias españolas, las más expuestas a los cambios de tipos en toda la eurozona por el peso de las hipotecas a tipo variable en el parque inmobiliario, se verán obligadas a apretarse el cinturón.
El crédito al consumo y los préstamos a pequeñas empresas también se endurecerán. Los datos de la oficina estadística europea muestran que el crédito a sociedades no financieras ya se ha desacelerado un 2,1% en el primer trimestre, una señal de que el dinero más caro está frenando la inversión. En un contexto donde la recuperación económica todavía no es sólida, la doble subida de tipos corre el riesgo de aguar las expectativas de crecimiento para 2027.
Un movimiento ortodoxo con riesgos evidentes
Desde el punto de vista de la ortodoxia monetaria, la decisión de subir tipos para combatir una inflación de oferta –provocada por el encarecimiento de la energía y no por un exceso de demanda– resulta discutible. El BCE se enfrenta a una disyuntiva clásica: atacar la inflación a riesgo de provocar una recesión, o permitir que los precios sigan desbocados erosionando la confianza en la moneda única. La historia, sin embargo, no siempre avala la terapia del choque. Los analistas más críticos recuerdan que las subidas de tipos de 2011, en plena crisis de deuda soberana, prolongaron la agonía de las economías periféricas, entre ellas España.
Esta vez el escenario es distinto. La inflación no es financiera, sino geopolítica. La guerra en Irán ha elevado los costes energéticos de forma sostenida y ninguna política monetaria puede reponer los barriles que no llegan al mercado. De hecho, elevar los tipos podría encarecer también la financiación de las renovables y la transición energética, precisamente las inversiones que a medio plazo reducirán la dependencia del crudo y el gas. Sobre el papel, la decisión es impecable. La realidad suele ser más tozuda.
Queda por ver si los mercados han descontado ya estas dos subidas o si, por el contrario, un endurecimiento más agresivo podría desatar una corrección en los activos de riesgo. La reunión de junio del BCE –cuyo calendario se puede consultar en la web del organismo– despejará muchas incógnitas. Mientras tanto, a las familias y empresas españolas no les queda otra que preparar sus presupuestos para un año de tipos altos.





