De Guindos (BCE) pide prudencia con los tipos: el impacto de la guerra aún no ha llegado

El vicepresidente del Banco Central Europeo advierte en una entrevista con el Financial Times que la economía no ha absorbido todavía el golpe del conflicto en Irán. La inflación subyacente podría repuntar, pero la institución se enfrenta a un escenario de incertidumbre sin prece

Mientras los mercados descuentan una pausa prolongada del BCE, su vicepresidente introduce un nuevo vector de riesgo: la guerra de Irán todavía no ha terminado para la economía. Esa es la advertencia que Luis de Guindos ha trasladado en una entrevista con el Financial Times, recogida este mismo lunes. La cautela sobre los tipos de interés, según sus palabras, no es solo deseable: es obligatoria.

El alto cargo del banco central advierte de que las subidas acumuladas durante el último año y medio no deberían continuar, al menos hasta que se disipe la niebla que el conflicto en Oriente Medio está extendiendo sobre las perspectivas de crecimiento. “El impacto total de la guerra todavía no se ha dejado sentir”, señaló, en referencia al encarecimiento de la energía y las disrupciones en las cadenas de suministro. La frase, recogida por el rotativo económico, trasciende a los despachos de Fráncfort y coloca al BCE frente a un dilema incómodo.

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El aviso de Guindos: el impacto total de la guerra sigue pendiente

Desde la invasión de Irán en enero de 2026, los futuros del petróleo Brent han repuntado más de un 18%, un salto que recuerda los peores momentos de la crisis energética de 2022. Sin embargo, de Guindos considera que la traslación a los precios de consumo masivo se ha visto ralentizada por las políticas de subsidios y los mecanismos de protección empresarial. Este desfase, según él, es una falsa calma. La economía europea está absorbiendo el shock en diferido, y la factura final podría presentarse durante el segundo semestre del año.

La institución, el Banco Central Europeo, se encuentra ante un rompecabezas. Por un lado, la inflación general en la eurozona se situó en el 3,9% en abril, aún por encima del objetivo del 2%, aunque lejos del pico del 10,6% de 2023. Pero la inflación subyacente, que excluye energía y alimentos, apenas ha cedido y roza el 4,2%, una señal de que las presiones internas están lejos de desaparecer. Mientras, las encuestas PMI manufactureras llevan tres meses consecutivos en contracción. Un desacoplamiento que pocos gabinetes de análisis habían previsto con tanta claridad.

La advertencia de Guindos no es un capricho, sino un cálculo de riesgos. Si el BCE subiera los tipos de nuevo el 15 de junio, como llegaron a sugerir algunos halcones del Consejo de Gobierno, podrían frenar una demanda que ya flaquea. Eso, combinado con el golpe retardado de la guerra, supondría un cóctel recesivo para el conjunto de los Veinte. Y en un año, junio de 2026, marcado por elecciones en Alemania y la incertidumbre fiscal francesa, la capacidad de respuesta de los gobiernos es limitada.

Una inflación que se resiste a ceder: el factor Irán

El conflicto en el Golfo no solo ha disparado el gas y el crudo, también ha estrangulado rutas comerciales clave por el Estrecho de Ormuz. Según datos de la Agencia Internacional de la Energía, los tránsitos de petroleros se han reducido un 14% desde el inicio de las hostilidades. Este encarecimiento logístico, aunque mitigado por inventarios, se trasladará inevitablemente al precio de bienes duraderos y alimentos procesados a lo largo del año. La cuestión, tal y cómo la plantea de Guindos, es cuándo, no si sucederá.

Lo que ha hecho que la inflación subyacente se mantenga elevada, incluso con el petróleo ligeramente por debajo de sus máximos de febrero, es la rigidez de los márgenes empresariales. Muchas compañías han aprovechado la cobertura del conflicto para recomponer sus cuentas, trasladando costes a los consumidores con una rapidez que no se veía desde la crisis del euro. Este fenómeno introduce una inercia peligrosa: si la guerra se enquista, el IPC podría terminar bordeando el 5% a finales de año, justo cuando el BCE debería estar enviando señales de alivio a las economías endeudadas del sur.

Dejémoslo en un “ya veremos”.

Mientras, los mercados reaccionaron con escepticismo: el euro apenas se movió frente al dólar tras conocerse la entrevista, y la deuda periférica mantuvo sus primas de riesgo sin grandes sobresaltos. Los inversores parecen haber interiorizado que el BCE no se atreverá a subir los tipos con el ruido de fondo de una guerra activa. Quizá sea eso lo que más inquieta a de Guindos: la sensación de que los mercados ya han tomado su decisión, antes de que los datos les den la razón.

¿Prudencia o parálisis? Lo que la historia enseña al BCE

El BCE carga con el pecado original de haber subido los tipos demasiado tarde en 2022, lo que prolongó la inflación y erosionó la credibilidad de su mandato. Ahora, con la guerra de Irán como telón de fondo, el riesgo de repetir el error en sentido contrario —aplicar un freno excesivo que ahogue la recuperación— es real. De Guindos, que ya fue ministro de Economía en España durante los años más duros de la crisis financiera, conoce bien el coste de las políticas procíclicas. Su llamada a la prudencia no busca congelar los tipos por sistema, sino ganar tiempo para que los daños colaterales del conflicto se cuantifiquen con precisión.

La historia reciente ofrece paralelismos inquietantes. En 2011, el BCE subió los tipos en plena desaceleración para atajar un repunte de inflación impulsado por el crudo; el resultado fueron dos trimestres de contracción y una rectificación humillante meses después. La diferencia hoy es que el shock energético no procede de un pico cíclico, sino de una disrupción geopolítica de final abierto. Si la guerra se escala, habrá que lidiar con estanflación; si se desescala, con un exceso de liquidez. No hay margen para el dogma.

Mi impresión es que de Guindos ha hablado no tanto para Fráncfort como para los gobiernos: el mensaje implícito es que la política monetaria no puede cargar en solitario con el coste de una guerra que va a requerir respuestas fiscales coordinadas. La Comisión Europea ya prepara un mecanismo temporal de ayudas a la industria intensiva en energía, según fuentes comunitarias. Pero mientras ese blindaje presupuestario no se concrete, el BCE está solo ante el peligro.

La próxima cita clave es la reunión del Consejo de Gobierno del 5 de junio. Allí se actualizarán las proyecciones macroeconómicas y se verá si el ala dura recula ante la prudencia que pide de Guindos. La incógnita no es baladí: una decisión errónea podría lastrar la credibilidad del euro durante años. La guerra, de momento, no ha terminado. Y su factura económica, como bien dice el vicepresidente, apenas ha empezado a llegar.


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