Raimon Samsó (66), experto en riqueza: “Hazte rico cuanto antes para olvidarte del dinero y dedicarte a vivir”

Raimon Samsó sostiene que la mayoría vive atrapada en una mentalidad diseñada para fracasar financieramente. Defiende hacerse rico cuanto antes no para acumular dinero, sino para ganar tiempo, libertad y poder dedicar la vida a lo realmente importante.

Más de cincuenta libros escritos, tres bancos recorridos desde dentro y décadas asesorando a personas que quieren salir de la trampa financiera en la que, según él, casi todo el mundo vive sin saberlo. Raimon Samsó no habla de dinero como hablan los economistas convencionales. Para él, la cuestión no empieza en los mercados ni en los ahorros, sino en la cabeza. «La libertad financiera es una mentalidad, no una cifra ni un patrimonio», dice.

Lo que viene después de esa afirmación no tiene mucho de convencional. Samsó cree que la mayoría de la gente fracasa financieramente no por falta de oportunidades sino porque ha sido entrenada para ello, y lo dice con esa clase de calma que se gana cuando uno lleva mucho tiempo diciéndolo.

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El dinero como herramienta, no como objetivo

El dinero como herramienta, no como objetivo
Fuente: agencias

La primera trampa que identifica Samsó es también la más extendida: creer que el dinero es el destino. Su argumento es el contrario. El dinero sirve para llegar cuanto antes a un punto desde el que ya no tienes que pensar en él. «Hazte rico cuanto antes y pasa a las cosas realmente importantes de la vida», repite, y reconoce que a mucha gente ese consejo le choca. Lo que él propone es precisamente eso: resolver la parte económica lo antes posible para que deje de ocupar espacio mental y dejar sitio a lo que considera la verdadera riqueza.

¿Y qué es eso exactamente? Trabajar las horas que uno quiere, en lo que uno quiere, sin depender de un horario impuesto. «La verdadera riqueza es hacer lo que quieres, cuando quieres», resume, y pone como ejemplo su propia vida: lleva a su hijo al colegio, puede elegir qué proyectos acepta y cuáles no, y tiene tiempo para lo que le parece importante.

El camino hacia ahí pasa, según Samsó, por detectar y desmantelar las creencias que bloquean la relación de cada persona con el dinero. Algunas son tan viejas que se repiten sin pensar: que el dinero corrompe, que si uno gana otro pierde, que los ingresos fijos son lo más seguro. Él las desmonta una a una. El dinero, dice, es neutro. Saca lo que hay en cada persona. Y los ingresos variables, bien gestionados, son mucho más interesantes que una nómina que siempre dice lo mismo.

Lo que propone como alternativa es una inmersión en lecturas que respiren abundancia, escritas por personas que hayan construido riqueza de verdad. Él mismo lo hizo en sus años de lo que llama «mente pobre». Cambiar las lecturas cambió sus creencias. Cambiar las creencias cambió sus decisiones. Y cambiar las decisiones cambió sus resultados con el dinero.

El sistema que no quiere que despiertes

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Después de hablar de creencias y mentalidad, llega a un diagnóstico más oscuro sobre por qué tanta gente sigue atrapada en una relación destructiva con el dinero. No es solo ignorancia ni falta de voluntad. Es, dice, diseño.

«El sistema está diseñado para que la gente no piense», afirma Samsó. Jornadas laborales largas, medios de comunicación que funcionan como maquinaria de propaganda, y una narrativa social que demoniza a quien acumula riqueza. Él trabajó en tres bancos y trató de cerca a clientes muy adinerados. Lo que encontró fue, en la mayoría de los casos, gente culta, educada y con valores sólidos. Nada que ver con el estereotipo que circula. «Hay un 80% de la humanidad dormida, adoctrinada y sumisa», dice, y añade que decirlo así duele pero que alguien tiene que hacerlo.

Su consejo para salir de esa situación es sencillo en apariencia: dejar de copiar lo que hace el 90% de la gente, que según la ley de Pareto está destinada al fracaso financiero, y fijarse en quienes han conseguido lo que uno quiere conseguir. No en los más ricos en sentido material, sino en quienes han logrado vivir como quieren. Esas personas, dice, siempre dejan rastro.

La mentalidad de abundancia, en su modelo, no es solo una actitud positiva. Es una condición previa a la riqueza. «Cuando eres abundante, acabarás siendo rico», sostiene, porque una persona que opera desde esa perspectiva toma mejores decisiones, acepta más riesgos calculados y construye relaciones más productivas con el dinero y con las personas que lo tienen.


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