África carga sobre sus hombros el 60% de la tierra cultivable aún sin explotar del planeta y una fuerza laboral volcada en la agricultura. Pero esa promesa de convertirse en potencia agroalimentaria mundial vuelve a chocar con un enemigo inesperado: el encarecimiento fulminante de los fertilizantes provocado por la guerra en Irán. En su último análisis, Bloomberg Television radiografía una crisis que ya está forzando a los agricultores africanos a elegir entre gastar menos insumos o asumir cosechas raquíticas justo cuando arranca la temporada de siembra en el hemisferio norte.
Un potencial agrícola por explotar
Según los datos que recoge la cadena, la FAO sitúa en el continente el 60% de las tierras arables sin cultivar del mundo. Es un recurso que permanece infrautilizado mientras la agricultura ya da empleo a alrededor del 60% de la mano de obra africana. Se producen desde cultivos básicos como maíz y arroz hasta exportaciones globales como el cacao y el café. Sin embargo, la infraestructura limitada y el bajo uso de fertilizantes frenan un crecimiento que podría ser explosivo. Bloomberg Television sostiene que la brecha entre lo que África produce y lo que podría producir es hoy un imán para los inversores internacionales.
Las inversiones del Golfo, una oportunidad en pausa
Los países del Consejo de Cooperación del Golfo importan entre el 80 y el 90% de los alimentos que consumen, una dependencia que buscan aliviar mirando al continente vecino. Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Catar y Kuwait están invirtiendo en proyectos agrícolas en África que van desde fincas y sistemas de riego hasta logística y procesamiento de alimentos. El objetivo: construir cadenas de suministro diversificadas y, de paso, aprovechar el potencial productivo africano. Según el Banco Africano de Desarrollo, citado por la cadena, el mercado agroalimentario del continente podría pasar de unos 280.000 millones de dólares actuales a un billón de dólares en 2030. Pero ese salto depende de convertir la ventaja natural en producción real, y la guerra en Irán amenaza con frenar esa carrera.
El coste oculto del conflicto en Irán
Con el estallido de las hostilidades, el precio de los fertilizantes se ha duplicado desde el inicio de la guerra, según explica Alexis Maxwell, analista sénior de agricultura de Bloomberg Intelligence. Los agricultores no pueden conseguir el producto o sencillamente no pueden pagarlo. La consecuencia inmediata es una menor aplicación de nutrientes en el suelo y, por tanto, rendimientos más bajos. Como subraya la experta en el programa, esta crisis no será pasajera: el ciclo temporal de la decisión —usar o no esa última tonelada de fertilizante— extenderá sus efectos hasta 2027. Si el conflicto se alarga, la producción de la segunda mitad de este año y la del próximo ejercicio quedarán seriamente comprometidas.
Decisiones críticas en plena siembra
Agneeshka De Souza, líder del equipo de agricultura para la región EMEA, advierte que el comportamiento de los agricultores en las próximas semanas definirá el mapa alimentario de los próximos meses. Mayo y junio son cruciales: es ahora cuando muchos productores del hemisferio norte deciden si cambian a cultivos que requieran menos fertilizantes o si mantienen sus planes asumiendo cosechas más pobres. De Souza recuerda que estamos en modo de espera, vigilando cada movimiento de los agricultores. Pero la lógica económica es tozuda: con los precios disparados, menos insumos significa menos desarrollo de las plantas y más incertidumbre sobre el volumen final de la cosecha.
La paradoja de los exportadores africanos
En el continente hay países exportadores netos de fertilizantes, como Marruecos, Nigeria o Egipto, que podrían cubrir parte del déficit que sufren sus vecinos. Sin embargo, Bloomberg Television advierte de que la distancia que separa esas fuentes de las zonas agrícolas más necesitadas convierte cualquier solución en un rompecabezas logístico y de costes. Redirigir la producción hacia los agricultores que la demandan no es sencillo. Ante la falta de alternativas, algunos recurrirán al estiércol u otras fuentes orgánicas, pero son parches que no sustituyen al fertilizante comercial.
Si el conflicto continúa, estamos sentados sobre una bomba de relojería.
— Agneeshka De Souza, analista de agricultura de Bloomberg Intelligence
La experta pone el foco en el impacto sobre los precios mundiales de los alimentos. Aunque el índice de la FAO se mantenía estable hasta marzo, el organismo ya anticipa que la presión se intensificará a lo largo de este mes y el próximo, con un pico visible hacia finales de 2026 y a lo largo de 2027. No es solo una cuestión de fertilizantes; los mayores costes energéticos derivados de la guerra también están empujando al alza toda la cadena alimentaria. De Souza habla de una “bomba de relojería” que, si el conflicto no remite, acabará explotando en los mercados internacionales.
El continente que alberga la mayor reserva de tierra cultivable virgen del planeta se enfrenta así a una paradoja cruel: tiene los recursos naturales, la mano de obra y la demanda interna y externa para dar un salto productivo, pero la perturbación de un conflicto que se libra a miles de kilómetros amenaza con arrebatarle la oportunidad. Las inversiones del Golfo, el interés de los grandes actores mundiales y el propio mercado de un billón de dólares dependerán en buena medida de si los agricultores pueden acceder a un insumo tan elemental como el fertilizante. La pregunta, como dejan caer los analistas de Bloomberg Television, es cuántas siembras se pueden perder antes de que la factura se cobre en desabastecimiento y hambre.
Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de Bloomberg Television en YouTube.






