Sebastián La Rosa, médico: “Potencias lo que entrenas; el cerebro cambia según dónde pongas atención”

El médico Sebastián La Rosa asegura que la inteligencia no depende solo del talento, sino de cómo entrenamos la atención. Explica por qué la acetilcolina es clave para aprender, qué hábitos potencian la neuroplasticidad y cuáles destruyen el foco mental.

Hay un neurotransmisor que la mayoría desconoce, pero que determina, más que ningún otro, la capacidad que tiene nuestro cerebro de aprender. Se llama acetilcolina, y el médico Sebastián La Rosa la coloca en el centro de cualquier estrategia seria para mejorar el rendimiento intelectual. «La sustancia que realmente te hace enfocarte es la acetilcolina», afirma.

La dopamina acapara toda la atención cuando se habla de motivación y concentración. Pero La Rosa traza una distinción que vale la pena entender: mientras la dopamina sostiene el impulso, la acetilcolina señaliza qué áreas del cerebro deben activarse con más fuerza. A mayor concentración en una tarea, mayor liberación de este neurotransmisor en la zona implicada, y con eso, mayor neuroplasticidad.

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Entrenar el cerebro como si fuera un músculo, pero con matices

Entrenar el cerebro como si fuera un músculo, pero con matices
Fuente: agencias

La Rosa asegura que «el cerebro funciona muy parecido a un músculo». A más intensidad de esfuerzo, más estímulo para desarrollarse. Pero el cerebro, al igual que el músculo, necesita recuperación. Sin descanso posterior al esfuerzo, la capacidad baja en lugar de subir.

De esa lógica surge uno de sus consejos más concretos: «Enfocate al máximo, descansá y volvé a enfocarte». No se trata de sostener horas de concentración continua, sino de alternar períodos de foco intenso con pausas reales, sin pantallas ni conversaciones de por medio. En ese silencio activo es donde el cerebro consolida lo aprendido, sobre todo durante el sueño profundo, cuando las conexiones neuronales formadas durante el día se consolidan.

El otro punto que subraya es tan simple como frecuentemente ignorado: no todo vale la pena entrenarlo por igual. «Potenciás lo que entrenás: entrená lo que tenga sentido para vos», dice, y respalda esa idea con su propia experiencia. Durante la secundaria reprobó latín repetidamente, porque su cerebro nunca encontró razón para dedicarle acetilcolina. Según su visión, no es imposible aprender algo que no nos motiva, sino que el rendimiento está directamente vinculado al sentido que le encontramos a aquello en lo que ponemos atención.

Para quienes quieren mejorar una habilidad específica —coordinación motriz, comprensión lectora, orientación espacial— el consejo es identificar el área que se quiere desarrollar y entrenarla de forma dirigida. El cerebro no mejora en bloque; mejora donde se lo estimula.

Acetilcolina: cómo sostenerla y qué la destruye

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La Rosa repasa también los mecanismos concretos para mantener niveles adecuados de acetilcolina. La materia prima es la colina, presente principalmente en la yema de huevo y el hígado. Sin embargo, la evidencia de que la dieta sola alcanza para modificar los niveles cerebrales de este neurotransmisor es todavía limitada, y en su mayoría proviene de estudios en animales.

Donde sí hay respaldo más sólido es en la suplementación. Los compuestos con mejor evidencia son el Alfa GPC y la citicolina —también llamada CDP-colina— como precursores de colina. A eso puede sumarse la huperzina A, una sustancia que inhibe la enzima encargada de destruir la acetilcolina. Esa enzima, destaca el médico, puede degradar alrededor de cinco mil moléculas por segundo, lo que explica por qué tiene sentido no solo producir más sino también frenar su destrucción.

En el extremo opuesto están los pesticidas y algunos herbicidas, que actúan justamente sobre ese sistema. «Los pesticidas perjudican el sistema de la acetilcolina», advierte La Rosa, y aunque la evidencia directa en humanos no es concluyente, el argumento de reducir la exposición tiene peso por sentido común.

El estado de alerta también importa. Sin un nivel mínimo de activación cerebral no es posible sostener el esfuerzo cognitivo necesario para generar neuroplasticidad. Para quienes tienen exceso de ansiedad, La Rosa menciona la meditación, ejercicios de respiración o incluso una siesta breve. Para quienes tienen energía baja, el ejercicio de alta intensidad —que eleva el BDNF, un factor de crecimiento cerebral— y algunos suplementos como creatina o tirosina pueden hacer diferencia.

«La clave para mejorar tu inteligencia está en la neuroplasticidad», cuenta el especialista. No en tomar algo antes de estudiar, sino en cambiar de forma permanente cómo las neuronas se conectan entre sí. Y eso requiere atención sostenida, descanso real y, sobre todo, elegir bien qué vale la pena entrenar.


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