Funcas alerta: guerra Irán eleva inflación España al 4% en 2026

La Fundación de las Cajas de Ahorros recorta su previsión de crecimiento al 2,2% y advierte de que el conflicto podría estancar el PIB. El 'efecto turismo' amortiguaría parcialmente el golpe.

El think tank de las antiguas cajas de ahorros acaba de lanzar un aviso que conviene no trivializar. Funcas ha recortado su previsión de crecimiento para España en 2026 hasta el 2,2%, apenas dos décimas menos de lo que esperaba hace tres meses. El verdadero salto está en la inflación: si la guerra en Irán se prolonga más allá del verano, el IPC medio anual se irá al 4%, el doble de lo que proyectaba antes del conflicto.

La rebaja del PIB y el nuevo escenario de inflación

La revisión, contenida en el último Panel de Previsiones de la Fundación, parte de un supuesto central relativamente benévolo. El impacto de la guerra sobre el crecimiento español sería transitorio: una ralentización en el segundo y tercer trimestre, con un repunte a final de año si las hostilidades remiten. Pero la nota de cautela es explícita. La previsión de PIB al 2,2% se sostiene solo si el conflicto no se enquista. Una extensión más allá del periodo estival cambiaría el escenario por completo.

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Los números hablan solos. Con el barril de Brent cotizando por encima de los 90 dólares y los futuros del gas natural TTF reflejando primas de riesgo, la traslación a los precios internos es casi mecánica. España, que importa más del 70% de la energía que consume, es particularmente sensible a estos sobresaltos. Las últimas cifras del INE ya mostraban un repunte del IPC armonizado en abril, antes incluso de que la escalada bélica en Oriente Medio apretara de lleno.

El factor geopolítico y el colchón del turismo

Hay otro vector que Funcas incorpora con realismo. El conflicto en Irán está desviando flujos turísticos que en condiciones normales elegirían destinos del Mediterráneo oriental o del Golfo. España, junto con Italia y Grecia, se beneficia de esa recolocación. La propia nota del panel estima que el repunte de visitantes «suavizará» el impacto negativo sobre el sector servicios y, por extensión, sobre el empleo. No es un rescate, pero sí un amortiguador.

La pregunta incómoda es si ese colchón será suficiente cuando la factura energética se coma el margen de hogares y empresas. La experiencia del trienio 2021-2023 dejó claro que la inflación importada erosiona rápido la confianza del consumidor, incluso con buenos datos de afiliación a la Seguridad Social. Ahora, de acuerdo con las previsiones de Funcas, el riesgo es un estancamiento plano del PIB durante dos trimestres consecutivos si el barril no cede.

Funcas

Análisis: una crisis puntual que prueba la resistencia de la economía española

Conviene no perder perspectiva. El escenario central de Funcas sigue siendo de crecimiento, con un PIB que avanzaría al 2,2% tras el 2,5% de 2025. No se atisba una recesión técnica. Pero el aviso del 4% de inflación no es un adorno retórico: equivale a regresar de golpe a la dinámica de 2022, cuando el BCE todavía no había iniciado las subidas de tipos y la palabra «energía» monopolizaba los titulares. Hoy, con los tipos oficiales en el 2,5% y una economía española que depende del crédito para sostener el consumo, un repunte inflacionario de esa magnitud obligaría a repensar la senda de bajadas que Fráncfort había deslizado para la segunda mitad del año.

El factor diferencial es la calidad del ajuste. En 2022, la inflación vino acompañada de una revisión al alza de los salarios y de los márgenes empresariales. Ahora, los convenios colectivos firmados hasta marzo reflejan subidas medias del 3,1%, por debajo del IPC previsto si el escenario adverso se materializa. Eso significa pérdida de poder adquisitivo, menor capacidad de ahorro y, probablemente, una desaceleración del consumo privado más intensa de lo que los modelos de Funcas capturan en su escenario central.

Hay margen para absorber el choque. La posición exterior neta de la economía española es más saneada que hace tres años y los balances de los hogares muestran una tasa de ahorro que todavía ronda el 7% de la renta disponible. Pero un conflicto que se alargue más allá de septiembre pondría a prueba esa línea de flotación. La resiliencia del turismo, que el año pasado aportó 190.000 millones de euros, se enfrentaría al dilema de un viajero internacional cada vez más sensible al precio. Y ahí, el diferencial de inflación con los competidores mediterráneos importa, y mucho.

Creo que la prudencia de Funcas es acertada al calificar el impacto de «puntual» sin caer en la complacencia. La guerra en Irán no es la pandemia, pero tampoco es una sacudida que se disipe en un trimestre. La clave no está tanto en si el PIB crece al 2,2% o al 1,8%, sino en si el tejido productivo español puede asumir un repunte inflacionario sin que eso deteriore irreversiblemente la inversión empresarial. Esa es la variable que los mercados aún no están descontando, y la que merece más atención en los próximos meses.


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