Ethereum se prepara para uno de los cambios más ambiciosos de su historia reciente: sus desarrolladores han acordado triplicar la capacidad de procesamiento de la red con la próxima actualización, llamada Glamsterdam. El nuevo límite pasará de 60 a 200 millones de gas por bloque, lo que en la práctica significa que la red podrá ejecutar muchas más operaciones a la vez.
El acuerdo se selló durante el encuentro técnico Soldøgn Interop, donde los principales equipos que mantienen el software de Ethereum debatieron hasta dónde es prudente forzar la máquina sin romperla. Para el usuario medio, la traducción es sencilla: si todo sale como esperan los desarrolladores, las comisiones bajarán y las aplicaciones que funcionan sobre Ethereum responderán más rápido.
Qué significa subir el gas a 200 millones
El gas es la unidad con la que Ethereum mide cuánto trabajo computacional supone cada operación, desde un simple envío de monedas hasta una compraventa en un mercado descentralizado. Cada bloque de la red, que se cierra cada doce segundos, tiene un techo de gas que limita cuántas operaciones caben dentro. Hoy ese techo está en torno a los 60 millones, y los desarrolladores quieren elevarlo hasta 200 millones con Glamsterdam.
Dicho de otro modo, es como ampliar los carriles de una autopista que lleva años con atascos en hora punta. Más espacio en cada bloque significa que más transacciones compiten menos entre sí por entrar, y eso suele traducirse en comisiones más bajas para quien usa la red. Según los datos compartidos en la hoja de ruta oficial de Ethereum, este tipo de ajustes forman parte de una estrategia más amplia para escalar la red sin sacrificar descentralización.
Eso sí, ampliar el límite de gas no es gratis. Bloques más grandes obligan a los nodos —los ordenadores que mantienen la red operativa— a procesar y almacenar más datos. Si el listón sube demasiado, los nodos modestos pueden quedarse fuera, y eso concentraría el control de la red en un puñado de servidores potentes. Es la tensión clásica de Ethereum: rendimiento contra descentralización.
Por qué importa para los usuarios y los desarrolladores
Para quien interactúa con Ethereum de forma habitual —usuarios de finanzas descentralizadas, coleccionistas de tokens, jugadores de aplicaciones on-chain— el cambio puede notarse en la factura. Las comisiones de la red, conocidas como gas fees, fluctúan según la demanda. Cuando el bloque está lleno, los usuarios pujan más alto para colarse antes, y el coste se dispara. Más capacidad debería suavizar esos picos.
Para los desarrolladores, la noticia es aún más relevante. Aplicaciones que hasta ahora consumían demasiado gas para ser viables en la capa principal podrían volverse rentables. Hablamos de cosas como mercados de predicción, juegos con lógica compleja o sistemas de identidad descentralizada. Un bloque tres veces más grande abre la puerta a productos que antes solo cabían en las llamadas capas dos, las redes auxiliares como Arbitrum o Optimism construidas sobre Ethereum.
Cabe recordar que Ethereum ya intentó algo parecido tras la actualización Dencun de 2024, que abarató radicalmente el coste de las capas dos al introducir un nuevo formato de almacenamiento temporal. Aquel cambio no tocó el límite de gas en sí, pero alivió la presión sobre la red principal. Glamsterdam va un paso más allá y ataca directamente la capacidad bruta del bloque base.

El precedente que conviene tener presente
La historia de Ethereum está llena de ajustes de este tipo, y no todos salieron bien a la primera. En 2016, tras el ataque conocido como DoS spam, los desarrolladores tuvieron que bajar de urgencia el límite de gas porque ciertos contratos podían colapsar nodos enteros. Más recientemente, las subidas escalonadas de los últimos años se hicieron con cautela, midiendo durante meses cómo respondían los validadores antes de avanzar al siguiente tramo.
Esta vez, sin embargo, el salto es agresivo. Pasar de 60 a 200 millones no es un retoque, es un cambio de escala. Y aquí es donde aparece la pregunta incómoda: ¿están preparados los nodos domésticos —esos que mantienen entre 800.000 personas en todo el mundo, según los datos públicos del cliente Geth— para procesar bloques tan grandes sin caerse? La respuesta honesta es que aún no se sabe. Los desarrolladores planean pruebas exhaustivas en redes de test antes del despliegue definitivo, y el calendario apunta a la segunda mitad de 2026, sin fecha cerrada.
Mi lectura, con la prudencia que pide el tema: Ethereum lleva años haciendo equilibrios entre escalar y mantenerse abierto a cualquiera que quiera participar. Glamsterdam es probablemente la apuesta más fuerte por la velocidad desde la transición al mecanismo de validación por staking (el sistema en el que los participantes bloquean monedas a cambio de validar transacciones y cobrar recompensas) en 2022. Si funciona, despeja una de las críticas más recurrentes contra la red. Si los nodos pequeños empiezan a desconectarse en masa, el argumento de los detractores se reforzará. La condición clave a seguir en los próximos meses es cómo evoluciona el número de validadores activos cuando los bloques empiecen a crecer en pruebas.
Los próximos meses, con sus inevitables ajustes y, previsiblemente alguna sorpresa, dirán si la apuesta era razonable o demasiado ambiciosa.




