Los resultados récord de las grandes tecnológicas eclipsan en Wall Street el riesgo geopolítico del conflicto entre Israel e Irán, según Morgan Stanley. La tesis del banco estadounidense, firmada por su equipo de estrategia de renta variable, marca un giro de narrativa relevante para los inversores europeos: el motor del Nasdaq pesa más que los misiles del Golfo. Y eso, en términos de asignación de carteras, importa.
Claves de la operación
- El Nasdaq capea la prima de riesgo geopolítico. Morgan Stanley sostiene que los beneficios del primer trimestre del sector tech han neutralizado el impacto del conflicto en Oriente Medio sobre los índices estadounidenses.
- Las Siete Magníficas cargan con el índice. Microsoft, Nvidia, Alphabet, Amazon, Meta, Apple y Tesla han concentrado más del 60% del crecimiento del beneficio del S&P 500 en lo que va de año, según los datos del consenso del banco.
- El Ibex 35 queda al margen del relato. La bolsa española, sin peso tecnológico significativo, depende de banca y energía para descontar la geopolítica, lo que la deja expuesta a la otra cara de la moneda.
Wall Street elige los earnings frente a los misiles
El equipo de estrategia de Morgan Stanley publicó esta semana una nota en la que sus analistas defienden que la temporada de resultados del primer trimestre ha sido lo bastante sólida como para amortiguar el ruido de Oriente Medio. La tesis se apoya en cifras concretas: el beneficio por acción agregado del S&P 500 ha superado las previsiones del consenso en torno a un 8%, según el seguimiento del banco, con el peso del crecimiento concentrado en software, semiconductores y plataformas publicitarias.
El argumento tiene matiz. No dice que la guerra no importe; dice que, mientras los flujos de caja de las grandes tecnológicas sigan creciendo a doble dígito, los inversores institucionales están dispuestos a tolerar una prima de riesgo geopolítica más alta de lo habitual. Es una lectura interesada, sí. Pero también consistente con el comportamiento del Nasdaq desde abril.
De hecho, el índice tecnológico ha avanzado cerca de un 5% desde que se intensificaron los ataques cruzados, en contraste con el comportamiento más volátil del Stoxx 600 europeo. Y ahí está el matiz.
El pulso entre IA y crudo redefine el mapa de riesgos
Lo que observamos detrás de la nota de Morgan Stanley es una reframing del riesgo: la inteligencia artificial como contrapeso del precio del barril. Cada punto que sube el Brent por la tensión en el Estrecho de Ormuz se ve compensado, en la cuenta de resultados agregada del índice, por el gasto en infraestructura de IA que Microsoft, Alphabet y Meta han comprometido para 2026.
Las cifras de inversión en centros de datos anunciadas por las cuatro mayores hyperscalers superan los 320.000 millones de dólares para este ejercicio, según los datos publicados en sus últimas conference calls. Es una cifra que duplica la de 2024. El mercado lo ha leído como un suelo de demanda para la cadena de valor del semiconductor, con Nvidia y TSMC como principales beneficiarias.
Pero los números no mienten. La concentración también es un riesgo. Si una sola de las Siete Magníficas decepciona en el trimestre que cerrará en julio, la tesis de Morgan Stanley se desmorona en cuestión de sesiones. Los filings recientes de Microsoft ante la SEC muestran un nivel de capex que tensiona los márgenes operativos, algo que el consenso aún no ha terminado de descontar.
El relato del Nasdaq como refugio frente a la geopolítica funciona mientras siete compañías sigan publicando resultados extraordinarios. Es una apuesta concentrada disfrazada de tesis macro.
¿Qué se juega el inversor europeo en este nuevo escenario?
Aquí es donde la conversación se vuelve incómoda para Madrid. El Ibex 35 carece de un componente tecnológico equiparable al Nasdaq, y eso lo deja sin la red de seguridad que hoy sostiene a Wall Street. Indra es el único valor con perfil tech-defensa relevante, pero su capitalización ronda los 5.000 millones de euros, una fracción mínima del índice. Amadeus, con perfil tecnológico más puro, no compensa el peso de Repsol, BBVA o Santander, mucho más sensibles al precio del crudo y a la prima de riesgo soberana.
La consecuencia práctica es que el selectivo español replica el comportamiento europeo: sufre cuando el Brent sube por encima de los 95 dólares y celebra cuando se modera. No tiene un Microsoft que le saque las castañas del fuego. Cabe recordar que en 2022, durante los primeros meses de la guerra de Ucrania, esta misma asimetría provocó que el Ibex perdiese cerca de un 12% mientras el Nasdaq, tras el susto inicial, recuperaba terreno por la vía de los beneficios corporativos. La historia rima.
En esta redacción entendemos que la nota de Morgan Stanley es, sobre todo, un mensaje a los gestores institucionales que han empezado a sobreponderar Europa en sus carteras durante el primer trimestre. El banco les está diciendo que vuelvan a mirar Wall Street antes de que el rebote tecnológico se consolide. Una recomendación que conviene leer también en clave de intereses propios: la entidad tiene una exposición considerable al asesoramiento en operaciones de M&A en el sector tech estadounidense.
Nadie lo vio venir. O sí, depende de a quién se pregunte. Lo que sí es verificable es que la próxima publicación de resultados de Nvidia, prevista para finales de mayo, será el verdadero termómetro de si la tesis aguanta. Si el guidance decepciona, el blindaje tech ante la geopolítica se evaporará en una sesión. Si vuelve a sorprender al alza, Morgan Stanley habrá escrito el manual del ciclo bursátil de 2026.




