Los problemas que Ryanair ha tenido con Aena se repiten en otros territorios europeos. La empresa irlandesa acaba de confirmar que cerrará su base de operaciones en Berlín y que dejará de operar alrededor del 50% de los vuelos que salían de la capital alemana. Es un dato llamativo que recuerda no solo los problemas de la industria aérea este año, sino la disposición permanente de la «low cost» a tomar medidas radicales si consideran que las tarifas de algunos de los aeropuertos donde operan los hacen menos competitivos.
No es un detalle menor; después de todo, es la misma estrategia que los de Michael O’Leary están aplicando en territorio español, donde han ido reduciendo su presencia en algunos aeropuertos del país. Es una estrategia que ya han asegurado que mantendrán este mismo año, con otra reducción de asientos de cara al verano de hasta 1,2 millones de plazas en los vuelos donde han considerado que su modelo no era competitivo con las tarifas actuales de Aena.
Pero la decisión alemana es especialmente llamativa por lo que representa. Se trata de la capital de uno de los países más importantes de Europa y una ciudad clave para el turismo y la economía del Viejo Continente. Al mismo tiempo, según los datos de la empresa irlandesa, el número de viajeros que transportaban a través de los aeropuertos de Berlín se redujo un 27%, además del aumento de las tasas, que aseguran les obligaría a subir precios en caso de no reducir la cantidad de plazas disponibles para viajeros.

Ryanair afirma que las tasas por operar en el aeropuerto de Berlín han aumentado un 50% desde antes de la covid y que eso es la causa por la que el tráfico aéreo en el país ha bajado de los 36 millones de viajes antes de la pandemia a los actuales 26 millones. En Berlín se ha pasado de 4,5 millones de viajeros anuales a apenas 2,2 millones.
UN AVISO PARA EL CASO ESPAÑOL
Es un nuevo aviso para el caso español, donde la empresa ya ha encendido las alarmas por el aumento en las tarifas que Aena ha solicitado como parte del Tercer Documento de Regulación Aeroportuaria («DORA III»). El nuevo aumento, que también ha generado preocupación en la Asociación de Líneas Aéreas (ALA), puede generar una nueva reducción de su presencia en algunos aeropuertos y puede complicar la presencia de la «low cost» en parte de los aeropuertos más pequeños del país, precisamente donde su presencia es más importante para los residentes de la zona.
En este panorama, la realidad del 2027 se dibuja más compleja que la de este año. La empresa ha confirmado que no esperan que su cantidad de viajes y pasajeros crezca el próximo año, y dan por hecho que si el dato de las tarifas de Aena sigue creciendo, no serán los únicos que pueden verse obligados a tomar una decisión similar.

Además, esto ocurre en un momento complejo para todo el sector aéreo. La aviación comercial está siguiendo de cerca la situación en el Estrecho de Ormuz, que puede acabar por obligarlos a reducir, todavía más, sus frecuencias y vuelos en algunos destinos. Si bien ha habido varios intentos de reabrir el espacio, las semanas siguen pasando y, si no hay una respuesta antes o después, habrá un problema de suministro para los vuelos, incluso si Ryanair asegura que están preparados para terminar el año sin grandes cancelaciones.
RYANAIR MANTIENE SU TENSIÓN CON LAS INSTITUCIONES AEROPORTUARIAS
Lo cierto es que desde Ryanair aún se sienten cómodos manteniendo una relación tensa con las empresas aeroportuarias. Su duelo con Aena es más que conocido, pero el caso alemán demuestra que este problema puede repetirse en varios territorios; después de todo, la explicación es la misma para reducir su presencia en Berlín o en Albacete.
Esto ocurre antes de que la escasez de combustible haga estragos reales dentro de la industria. La situación sigue siendo compleja y la mayoría de las decisiones no están en sus manos; no tienen una solución real ni a lo que ocurre en Oriente Medio ni a las decisiones de cada una de las instituciones aeroportuarias de cara a los cánones operativos que pedirán a las líneas aéreas.




