Riot Platforms, una de las mayores compañías de minería de bitcoin de Estados Unidos, ha visto cómo sus acciones suben un 8% en una sola sesión después de anunciar que amplía a 150 megavatios su acuerdo con AMD para alojar centros de datos dedicados a inteligencia artificial. La noticia confirma un giro estratégico que llevaba meses cocinándose: las empresas que minan criptomonedas están descubriendo que su infraestructura vale tanto, o más, alquilada a la IA.
El movimiento, recogido por CoinDesk a partir de la comunicación de la propia compañía, supone duplicar el alcance del pacto inicial firmado con el fabricante de chips. Y manda un mensaje claro al mercado: el negocio puro de minar bitcoin ya no es lo único que importa en el balance.
Qué ha anunciado Riot y por qué Wall Street aplaude
El acuerdo amplía la capacidad eléctrica que Riot pondrá a disposición de AMD hasta los 150 megavatios, una cifra que en términos de consumo equivale aproximadamente a lo que necesita una ciudad mediana española para funcionar a pleno rendimiento. Esa potencia se destinará a alojar servidores de computación de alto rendimiento, los que mueven los modelos de inteligencia artificial generativa que han disparado la demanda de centros de datos en todo el mundo.
Según los datos publicados por la propia web corporativa de Riot Platforms, los ingresos del negocio de centros de datos se habrían duplicado tras el nuevo pacto, aunque la empresa no ha desglosado todavía el calendario exacto de despliegue. Tampoco ha precisado cuánta de la capacidad ampliada estará operativa antes del cierre de 2026.
El mercado, eso sí, ha votado con la cartera. La acción cerró la sesión con esa subida del 8% que sitúa a Riot entre los mejores valores del sector minero del día. Para ponerlo en contexto, otras grandes mineras cotizadas como Marathon Digital o CleanSpark llevan meses oscilando entre la euforia y el castigo según cómo se mueva el precio de bitcoin. Riot, en cambio, ha encontrado un argumento que no depende de la cotización del activo digital.
Por qué los mineros de bitcoin se están reconvirtiendo en caseros de la IA
La lógica es más sencilla de lo que parece. Una mina de bitcoin necesita tres cosas: mucha electricidad barata, edificios industriales con refrigeración potente y conexión a la red eléctrica de alta capacidad. Resulta que esas tres cosas son exactamente lo que también necesita un centro de datos de inteligencia artificial.
Después del último halving, el evento que cada cuatro años reduce a la mitad la recompensa que reciben los mineros por validar bloques en la red de bitcoin, los márgenes del sector se han estrechado. La última reducción ocurrió en abril de 2024 y dejó a muchas compañías buscando ingresos alternativos para mantener rentables sus instalaciones. Alquilar megavatios a empresas como AMD, NVIDIA o los grandes hyperscalers se ha convertido en la salida natural.
Dicho de otro modo: si tienes una nave llena de máquinas que consumen luz a destajo, y de repente la inteligencia artificial te paga mejor por esa misma electricidad de lo que te pagaría minar bitcoin, la decisión empresarial es evidente.

Una reconversión con luces y sombras
El pivote de Riot hacia la IA encaja en un patrón que esta redacción lleva siguiendo desde hace meses y que va mucho más allá de una sola compañía. Core Scientific, otra minera estadounidense, firmó hace un año un acuerdo multimillonario con CoreWeave para alojar GPUs de IA. Hut 8, Iris Energy y Bitfarms han movido fichas similares. El sector minero de bitcoin se está reconfigurando como infraestructura energética de propósito general, y eso tiene implicaciones que merece la pena mirar con calma.
El precedente que conviene recordar es el de 2022, cuando la caída de Terra y la posterior quiebra de FTX pillaron a buena parte de las mineras endeudadas hasta las cejas y con bitcoin por debajo de los 20.000 dólares. Muchas no sobrevivieron. Las que lo hicieron aprendieron que depender en exclusiva del precio de una sola criptomoneda es una fragilidad estratégica difícil de defender ante un consejo de administración.
Ahora bien, el entusiasmo bursátil tiene su letra pequeña. Reconvertir una instalación de minería en un centro de datos apto para IA no es trivial: la refrigeración, la redundancia eléctrica y los acuerdos de servicio que exige un cliente como AMD están a años luz de los estándares con los que opera una granja de mineros ASIC. Hay capex de por medio, plazos de ejecución y, sobre todo, una pregunta abierta: ¿qué pasa si la demanda de cómputo para IA se modera antes de que estas reconversiones recuperen su inversión?
A esa duda se suma otra, regulatoria. Varios estados norteamericanos están endureciendo los requisitos medioambientales sobre el consumo eléctrico de los grandes centros de datos, sea cual sea su uso final. Lo que hoy es una ventaja competitiva (acceso preferente a megavatios baratos) podría convertirse mañana en un foco de fricción política si el debate sobre el coste energético de la IA se calienta como ya lo hizo con la minería de bitcoin.
La fecha que conviene apuntar es la próxima publicación de resultados trimestrales de Riot, prevista para finales del segundo trimestre. Ahí veremos si la duplicación de ingresos del negocio de centros de datos se traduce en márgenes sostenibles o si, como ha pasado otras veces en este sector, el titular brilla más que la cuenta de resultados.




