Estados Unidos jamás había exportado tanto oro como ahora. La cifra impresiona: en febrero, el metal precioso superó a los productos farmacéuticos y a los semiconductores como principal partida de exportación de la mayor economía del mundo. ¿Qué hay detrás de este vuelco? La respuesta, como suele ocurrir, tiene menos de misterio financiero y más de distorsión arancelaria.
En su último análisis en YouTube, el economista Juan Ramón Rallo desmonta la narrativa apocalíptica que algunos han construido alrededor de estos flujos y apunta directamente a las decisiones de política comercial de la Administración Trump como detonante.
El oro destrona a farmacéuticas y semiconductores en las exportaciones
Rallo arranca con un dato que descoloca a cualquiera. Durante el mes de febrero, Estados Unidos exportó al resto del mundo 18.500 millones de dólares en oro, una cantidad que dejó muy atrás a los 9.700 millones de productos farmacéuticos y a los 8.300 millones en semiconductores. Que la economía más avanzada del planeta, protagonista además de la revolución del fracking durante la última década, tenga al oro como su principal producto de venta al exterior es, cuanto menos, llamativo.
El propio Rallo subraya que se trata del mayor ritmo de exportación de oro en toda la historia estadounidense. Lo habitual, recuerda, son cifras de entre 2.500 y 3.500 millones de dólares mensuales. Estamos hablando, por tanto, de multiplicar por seis o por siete el flujo normal.
Por qué la cifra en dólares engaña
Antes de aventurar conclusiones, el economista introduce un matiz fundamental. Los datos están expresados en dólares, lo que significa que el precio del oro influye directamente sobre la magnitud de las exportaciones medidas en esa divisa. Una misma cantidad física de metal exportado puede generar ingresos muy distintos según el momento del mercado.
Cuando se corrige el dato y se mide la cantidad física exportada, el panorama cambia. Estados Unidos está sacando de su territorio más oro de lo habitual, sí, pero no a un ritmo sin precedentes. Rallo recuerda que en 2021 y 2022 ya se vieron volúmenes parecidos, y que incluso entre 2013 y 2014 las cifras no quedaban tan lejos. No estamos, por tanto, ante una ruptura histórica, sino ante una anomalía relativa que pide explicación.
La huella de los aranceles de Trump
Aquí es donde el análisis del economista pone el foco en el verdadero motor del fenómeno. Para entender lo que ocurre ahora hay que mirar a lo que ocurrió hace poco más de un año. Antes de que Donald Trump desatara su guerra arancelaria, Estados Unidos comenzó a importar oro de forma masiva: 14 millones de onzas en enero de 2025, casi 12 millones en febrero y 7 millones en marzo. Cifras desorbitadas frente a los flujos habituales.
No es que Estados Unidos esté exportando masivamente oro al resto del mundo: simplemente está sacando ahora lo que importó de más hace un año por miedo a los aranceles de Trump.
— Juan Ramón Rallo
El motivo, sostiene Rallo, fue puramente preventivo. Ante la amenaza de que la nueva Administración aplicara aranceles sobre el oro, los inversores hicieron lo único razonable: adelantar todas las importaciones que pudieran. El resultado fue una sobreacumulación de inventarios dentro de las fronteras estadounidenses muy por encima de los niveles normales.
El comunicado de aduanas que retrasó la normalización
En abril de 2025, cuando se aclaró que las importaciones de oro quedaban exentas de aranceles, una parte de ese exceso comenzó a deshacerse. Pero la historia tuvo un segundo capítulo que el economista considera decisivo para entender por qué las exportaciones se concentran a finales de 2025 y principios de 2026.
A finales de julio de aquel año, la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza emitió un comunicado en el que daba a entender que los lingotes de un kilo y de cien onzas sí estarían sometidos a aranceles. La incertidumbre volvió al mercado. No fue hasta el 5 de septiembre de 2025, tras la presión directa del propio Trump, cuando el organismo rectificó y dejó claro que tampoco esos formatos pagarían arancel.
Es justo a partir de ese momento cuando las exportaciones se disparan. De hecho, octubre de 2025 marca el récord de salidas físicas de oro, justo después de la aclaración definitiva. La lógica resulta evidente: si ya no hay riesgo de gravamen, no tiene sentido mantener la sobreacumulación interna.
Suiza, el destino casi obligado del oro estadounidense
Otro dato que Rallo destaca es el destino geográfico de estos flujos. El grueso del oro exportado por Estados Unidos viaja a Suiza, el centro mundial de refino, tratamiento y tránsito del metal. No estamos, insiste, ante un país que esté liquidando su stock para recomprarlo más barato en el futuro, ni ante compradores ingenuos al otro lado del Atlántico. El oro estadounidense pasa por las refinerías helvéticas y desde allí llega a sus compradores finales en todo el mundo.
Qué significa esto para el inversor minorista
La lectura editorial de todo esto es relevante para cualquiera que siga el mercado del metal precioso. La narrativa de que algo grave se avecina porque Estados Unidos vende oro a marchas forzadas no se sostiene tras un análisis con perspectiva histórica. Lo que tenemos delante es el efecto colateral de una política arancelaria errática, que primero generó pánico comprador y ahora desencadena el reflujo lógico de ese exceso.
Eso no significa que el precio del oro vaya a corregir, ni tampoco lo contrario. La fuerte revalorización acumulada en los últimos años responde a factores distintos: tensiones geopolíticas, compras de bancos centrales y cobertura frente a la inflación. Confundir los flujos comerciales distorsionados por aranceles con una señal de mercado sería, siguiendo el razonamiento del economista, un error de interpretación.
La pregunta abierta es si las próximas decisiones de la Administración Trump volverán a generar episodios similares en otras materias primas. Si algo deja claro este caso es que la incertidumbre regulatoria tiene la capacidad de mover montañas, también las doradas.
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