«En la calle miedo tenemos todos, pero si eres un acojonado lo que tienes que hacer es un ejercicio de sinceridad y vete a un departamento donde no tengas que estar», asegura Sergio Luque, subinspector de la Policía Nacional, máster en coaching y exmilitar.
Luque no es el típico representante institucional que mide cada palabra. Es un policía que dice en voz alta lo que muchos callan: que hoy en día tiene más derechos un delincuente que la víctima, que la sociedad se ha vuelto débil y que la calle, para quienes la recorren de uniforme, es otra muy distinta a la que el ciudadano de a pie imagina.
Una sociedad que ha olvidado la fortaleza
Para Luque, el diagnóstico que vivimos en una sociedad desnaturalizada. La tecnología, que en teoría debería liberar al ser humano, lo ha convertido en un consumidor dócil, dependiente y cada vez menos capaz de enfrentarse a la adversidad. «A día de hoy nos hemos apartado de lo natural», señaló el subinspector de la Policía Nacional.
Esa pérdida de instinto, según Luque, no es casual. Las élites económicas, sostiene, tienen un interés concreto en construir individuos idénticos, predecibles y fáciles de controlar. La familia, la religión y cualquier estructura que fomente el pensamiento colectivo están siendo erosionadas de forma silenciosa y sistemática.
Frente a ese escenario, su libro No lo pienses, hazlo ya, publicado con Harper Collins tras ser detectado por el editor Félix Hill en redes sociales, propone una respuesta concreta: autodisciplina, decisión y la capacidad de decir que no.
«No hay una palabra más positiva en el mundo que decir no», afirmó Luque con la contundencia. Para el miembro de la Policía Nacional, renunciar a la incertidumbre y comprometerse con una decisión, aunque sea imperfecta, es la única forma honesta de habitar la vida.
El libro, que ya es número uno en ventas y se distribuye en toda Latinoamérica, desarrolla estos preceptos desde la experiencia de alguien que ha tenido que aplicarlos en situaciones donde el error tiene consecuencias reales.
Policía Nacional: La calle como maestra y el precio de la hipocresía

Cuando el tema deriva hacia su trabajo como subinspector de la Policía Nacional, Luque no suaviza el mensaje. «Tú eres hipócrita con la policía y juzgas a la policía hasta que te toca a ti», disparó sin rodeos. La calle, insiste, ha cambiado. Y quienes la recorren de uniforme lo saben mejor que nadie.
Uno de los puntos más controversiales es su postura sobre la formación física de los agentes. Cinturón morado en jiu-jitsu brasileño y con años de kickboxing a sus espaldas, Luque considera que ningún patrullero debería salir a la calle sin, al menos, un cinturón azul en grappling.
No por una cuestión estética, sino porque la mayoría de las intervenciones no implican armas: implican reducir a personas en crisis, enfermos mentales o individuos bajo los efectos del alcohol, situaciones donde la fuerza controlada marca la diferencia entre una intervención profesional y una tragedia.
Sobre la presencia femenina en los cuerpos de la Policía Nacional, reconoce que las mujeres que permanecen en la calle son, en su mayoría, «guerreras» conscientes de sus “limitaciones biológicas” y que saben que su fortaleza está en el equipo. Sin embargo, cuestionó que los requisitos físicos de acceso sean suficientemente exigentes para garantizar que cada agente esté preparado para lo que la realidad puede depararle.
El subinspector de la Policía Nacional también habló de los «instaladores de culpa», esa figura del odiador profesional que puebla las redes y que, según explica en su libro, actúa desde la frustración para frenar el progreso ajeno. Y cerró con una frase que resume su filosofía tanto dentro como fuera del uniforme: la policía no falla. Quien comete un delito suficientemente grave tarde o temprano lo paga. El problema, dijo Luque, es que hoy el sistema parece haber olvidado de qué lado debe ponerse.





