El Santander ha pulverizado sus propias previsiones en el arranque de 2026: el banco que preside Ana Botín presenta beneficios récord, suma ocho millones de clientes y, sobre todo, anuncia el final de la guerra hipotecaria con un crecimiento del 44% en préstamos a vivienda. La cifra coloca a la entidad en una posición que pocos analistas anticipaban hace apenas un año.
El mensaje de la cúpula es claro. Lo que parecía una pelea desesperada por recuperar cuota frente a CaixaBank y BBVA se ha transformado en una victoria por la vía rápida. Y lo ha hecho sin sacrificar márgenes, según defiende la propia entidad.
Santander beneficios 2026: hipotecas como motor del récord
El crecimiento del 44% en nueva producción hipotecaria es la métrica que mejor explica el trimestre. La entidad cántabra ha capturado nueva clientela aprovechando la moderación del Euríbor y una política comercial más agresiva en plazos fijos. Cabe recordar que durante 2024 y buena parte de 2025 el banco había perdido cuota frente a CaixaBank en hipotecas a tipo fijo, un terreno donde tradicionalmente era fuerte.
La captación de ocho millones de clientes a nivel grupo, con España como uno de los mercados que más aporta, refuerza el relato. No es solo volumen: el banco insiste en que la mejora de eficiencia se mantiene, con una ratio de costes sobre ingresos en mínimos históricos para el grupo. Si el coste del riesgo no se desboca en el segundo semestre, el ejercicio puede cerrar con cifras que superen las guías marcadas a inversores.
Hay que separar, eso sí, la fotografía del momento de la sostenibilidad de las cifras. Una expansión del 44% en hipotecas en un solo trimestre suele venir acompañada de concesiones en precio, en plazos o en perfil del cliente. El banco sostiene que no ha relajado sus criterios. Habrá que esperar a la call con analistas y a la evolución del coste del riesgo en los próximos trimestres para confirmarlo.
Guerra hipotecaria: un cierre simbólico, no definitivo
La declaración de Ana Botín dando por terminada la guerra hipotecaria es, sobre todo, un movimiento narrativo. El sector lleva año y medio compitiendo a la baja en tipos fijos, con ofertas que en algunos casos rozaban el coste de financiación de las propias entidades. Que el primer banco español diga que ya está bien tiene peso. Pero CaixaBank, BBVA y Sabadell tienen sus propios objetivos comerciales y no necesariamente seguirán el guion.
¿Significa esto que las hipotecas dejarán de abaratarse? No de forma inmediata. La competencia por el cliente solvente sigue siendo feroz, y las entidades extranjeras que operan en España —ING o el propio Deutsche Bank en banca privada— mantienen presión sobre los grandes. Lo que sí puede cambiar es el ritmo: menos campañas agresivas y más foco en vinculación, seguros y productos de inversión asociados al préstamo.
El propio mercado interpreta el mensaje en esta clave. Los datos del Banco de España sobre nueva producción crediticia llevan meses apuntando a una normalización de márgenes en el segmento minorista, un terreno donde Santander había estado por debajo de su potencial.





