Anthropic negocia 50.000M$ a una valoración de 900.000M$

La compañía de Dario Amodei multiplicaría por cinco su valoración en doce meses y se acercaría al billón de dólares de OpenAI. La operación drenaría capital del resto del ecosistema startup global y dejaría a Europa en una asimetría competitiva creciente.

La valoración de 900.000 millones de dólares para Anthropic situaría a la rival de OpenAI como la segunda empresa privada más valiosa del planeta. Según TechCrunch, la compañía estaría recibiendo ofertas preferentes para una ronda de hasta 50.000 millones de dólares, una cifra que multiplica por cinco la última tasación conocida apenas un año antes.

Claves de la operación

  • Salto de valoración del 400% en doce meses. Anthropic pasaría de los 183.000 millones cerrados en su última ronda a los 900.000 millones que manejan los inversores ahora, un ritmo que solo encontramos en el ciclo más caliente de la burbuja puntocom.
  • Presión directa sobre OpenAI y su ventaja competitiva. La compañía de Dario Amodei se acerca peligrosamente al rango de su gran rival, lo que reordena el mapa de poder entre los grandes laboratorios de IA generativa y obliga a Microsoft, Google y Amazon a recalcular sus apuestas cruzadas.
  • Riesgo de concentración para el ecosistema startup. Una ronda de 50.000 millones drenaría capital del resto del sector y reforzaría una dinámica donde solo dos o tres laboratorios reciben la mayoría del dinero institucional dedicado a IA.

Una valoración que reordena el tablero competitivo de la IA

Los números, si se confirman, son demoledores. Anthropic cerró su ronda anterior en 183.000 millones de dólares de valoración a comienzos de 2026 con la entrada reforzada de Lightspeed y otros fondos. Doce meses después, las ofertas preferentes que circulan por Sand Hill Road la sitúan cinco veces por encima.

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El contraste con la economía real es brutal. 900.000 millones de dólares supera la capitalización bursátil conjunta de Banco Santander, BBVA, Iberdrola, Telefónica e Inditex. Por una empresa que, según las últimas filtraciones de su cuenta de resultados, todavía no ha alcanzado el equilibrio operativo y depende de manera estructural de la infraestructura de Amazon Web Services y Google Cloud para entrenar y servir su modelo Claude.

El mercado no se lo ha creído del todo. Varios analistas que cubren la industria de semiconductores y la nube han señalado, en las últimas horas, que el múltiplo implícito sobre ingresos recurrentes anualizados resulta difícil de justificar incluso asumiendo crecimientos del 300% interanual.

El pulso por el dominio del modelo de IA empresarial

La lectura competitiva es lo que da sentido a la cifra. Claude se ha consolidado como la alternativa preferida en el segmento empresarial frente a ChatGPT, especialmente en sectores regulados como banca, seguros y salud, donde la propuesta de seguridad y alineamiento de Anthropic ha calado más que el discurso de OpenAI.

Las cifras de adopción que filtran fuentes del sector, sin confirmación oficial, hablan de una facturación anualizada que habría escalado desde los 1.000 millones de dólares de finales de 2024 hasta una cifra cercana a los 12.000 millones en el primer trimestre de 2026. Si el dato es correcto, el múltiplo de la valoración rondaría las 75 veces ingresos: alto, pero no descabellado para los estándares actuales del sector.

OpenAI, mientras tanto, negocia su propia recapitalización en una horquilla cercana al billón de dólares. La carrera por la valoración se ha convertido en una carrera por la narrativa: quien aparezca primero como la empresa privada más valiosa del mundo tendrá ventaja a la hora de captar talento, cerrar acuerdos con grandes clientes corporativos y, eventualmente, salir a bolsa en condiciones favorables.

Hay un matiz importante. Amazon ha invertido más de 8.000 millones de dólares en Anthropic y Google figura como segundo gran respaldo. Una parte del valor que se atribuye a la compañía es, en realidad, valor estratégico para los hyperscalers que la usan como punta de lanza frente a la alianza Microsoft-OpenAI.

Y ahí está el matiz.

¿Qué se juega el ecosistema español con esta concentración de capital?

Observamos un patrón que conviene mirar de cerca desde España. La mayoría del capital institucional que se mueve hacia inteligencia artificial está concentrándose en menos de diez compañías globales, todas estadounidenses salvo la francesa Mistral. Para el ecosistema emergente español, la consecuencia es directa: menos liquidez disponible para rondas locales en IA aplicada, sectores como salud, legal o industrial donde startups como Multiverse Computing, Sherpa.ai o Bookin.ai compiten por captación.

El antecedente reciente lo marca la propia trayectoria de Indra y Telefónica Tech en el espacio de IA corporativa. Ninguna de las dos cotizadas españolas tiene capacidad realista de competir en infraestructura de modelos fundacionales con un Anthropic capitalizado en 900.000 millones. La estrategia europea de IA, anclada en proyectos como Gaia-X y los compromisos del AI Act, parece cada vez más una respuesta defensiva ante una asimetría de capital que no deja de ampliarse.

Una ronda de 50.000 millones para una sola empresa privada equivale a más de quince veces la inversión total en venture capital tecnológico en España durante todo 2025.

Cabe recordar que la última gran corrección del sector llegó en 2022, cuando los múltiplos de las tecnológicas cotizadas se contrajeron entre un 40% y un 60% en cuestión de meses. Los inversores que ahora aceptan valoraciones de 900.000 millones por compañías sin beneficios consolidados están asumiendo que esta vez es distinto. Lo es, en parte: los ingresos recurrentes son reales y los contratos con grandes corporaciones también. Pero las dudas sobre la sostenibilidad de los márgenes en un negocio que depende del coste creciente del cómputo siguen sin respuesta.

El próximo hito será la confirmación oficial de la ronda, que las fuentes citadas por TechCrunch sitúan en las próximas semanas. Si se cierra en los términos filtrados, la operación marcará el techo de valoración del ciclo actual de IA generativa y obligará a OpenAI a mover ficha. Si se queda corta, será la primera señal de que el mercado privado empieza a poner límites donde el público todavía no se ha pronunciado.


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