La amenaza invisible al volante: cuando el sueño se convierte en un riesgo mortal

A diferencia de otros factores de riesgo, la somnolencia tiene un componente engañoso.

Cada año, miles de accidentes de tráfico tienen una causa silenciosa, difícil de detectar y, a menudo, subestimada: la somnolencia al volante. Frente a otros riesgos más visibles como el alcohol o el uso del móvil, conducir con sueño sigue siendo una conducta normalizada, pese a que la evidencia científica la sitúa entre los factores más peligrosos en carretera.

Según datos de la Dirección General de Tráfico, la somnolencia está presente, directa o indirectamente, en entre el 15% y el 30% de los accidentes en España. Sin embargo, su impacto real podría ser aún mayor, ya que en muchos siniestros no se identifica correctamente como causa.

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Con el objetivo de visibilizar esta problemática, la Fundación Abertis ha presentado su nueva campaña de seguridad vial “Hola, soy Juan y te invito a un café”, para concienciar sobre los riesgos de la somnolencia al volante.

La iniciativa se apoya en una impactante pieza audiovisual, inspirada en hechos reales, que muestra cómo la falta de descanso puede desencadenar situaciones de alto riesgo en la conducción.

La historia relata la historia de Juan y cómo las consecuencias se vuelven irreversibles en su vida e impactan también en terceros, ya sean ocupantes de otros vehículos o trabajadores en el mantenimiento de la carretera y autopista.

Permanecer despierto durante 17 horas reduce los reflejos de un conductor hasta niveles comparables a una tasa de alcoholemia de 0,5 g/l. Imagen: Abertis
Permanecer despierto durante 17 horas reduce los reflejos hasta niveles comparables a una tasa de alcoholemia de 0,5 g/l. Imagen: Abertis

Un deterioro comparable al alcohol

Uno de los hallazgos más contundentes de la investigación científica es el efecto que tiene la falta de sueño sobre las capacidades cognitivas. Permanecer despierto durante 17 horas reduce los reflejos de un conductor hasta niveles comparables a una tasa de alcoholemia de 0,5 g/l. Es decir, una persona que no ha dormido lo suficiente puede estar conduciendo con un nivel de deterioro similar al de alguien que ha consumido alcohol.

La somnolencia afecta directamente a tres pilares esenciales para la conducción segura:

  • Tiempo de reacción: se vuelve más lento, lo que impide responder a tiempo ante un imprevisto.
  • Atención: disminuye la capacidad de concentrarse y de procesar estímulos como señales, luces o movimientos de otros vehículos.
  • Toma de decisiones: se altera el juicio, aumentando los errores y conductas de riesgo.

A esto se suma un fenómeno especialmente peligroso: los micro sueños, breves episodios de pérdida de consciencia de apenas segundos. Durante ese tiempo, el conductor deja literalmente de estar al mando del vehículo. A velocidad de autopista, una “cabezadita” de solo tres segundos puede suponer recorrer cerca de 100 metros sin control.

“La somnolencia es un enemigo silencioso que puede aparecer en cualquier desplazamiento. Con esta campaña, la Fundación Abertis quiere recordar la importancia de parar, descansar y escuchar al cuerpo para prevenir siniestros en carretera”, destacó Elena Salgado, presidenta de la Fundación Abertis.

“Desde la Fundación, llevamos años impulsando campañas y proyectos de concienciación y prevención para contribuir a reducir la siniestralidad. Y lo hacemos contando con instituciones y empresas del sector, con los que seguiremos trabajando para construir una cultura de seguridad vial compartida”.

A diferencia de otros factores de riesgo, la somnolencia tiene un componente engañoso Imagen: Abertis
A diferencia de otros factores de riesgo, la somnolencia tiene un componente engañoso Imagen: Abertis

Un enemigo difícil de percibir

A diferencia de otros factores de riesgo, la somnolencia tiene un componente engañoso: el conductor suele subestimar su propio estado. De hecho, más del 70% de los conductores reconoce haber sentido sueño al volante y cerca del 60% admite haber experimentado micro sueños alguna vez.

El problema es que estos episodios suelen pasar desapercibidos. El conductor puede no ser consciente de haber perdido la atención durante segundos críticos, lo que multiplica el riesgo de accidentes graves, especialmente salidas de vía o colisiones por alcance.

Además, la fatiga no solo implica quedarse dormido. Incluso antes de eso, ya se producen alteraciones perceptivas —como ver peor las señales o calcular mal distancias— y cambios en el comportamiento, desde mayor agresividad hasta decisiones impulsivas.

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Pere Navarro, director general de Tráfico destacó que “en España se vive bien y se duerme mal. La somnolencia es un problema de salud pública que afecta de forma muy directa a la seguridad vial y que está muy relacionado con nuestros horarios”.

Un riesgo transversal: particulares y profesionales

Aunque cualquier conductor puede verse afectado, el riesgo se intensifica en determinados perfiles: jóvenes, trabajadores a turnos y conductores profesionales, especialmente en trayectos largos o nocturnos. En estos casos, la combinación de fatiga acumulada, monotonía y presión laboral convierte la somnolencia en una amenaza constante.

No es casual que muchos accidentes graves en autopistas estén relacionados con este factor. Los micro sueños, que pueden durar apenas unos segundos, están implicados en una proporción significativa de siniestros mortales en vías rápidas.

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Diálogo construcción de una cultura en seguridad vial. Imagen: Abertis
Diálogo construcción de una cultura en seguridad vial. Imagen: Abertis

Una cuestión de salud pública

Los expertos coinciden en que la somnolencia al volante no es solo un problema de tráfico, sino de salud pública. Dormir menos de lo necesario —por debajo de seis o siete horas— incrementa de forma notable el riesgo de accidente, hasta niveles comparables con otras conductas sancionadas socialmente.

Sin embargo, a diferencia del alcohol o la velocidad, el cansancio sigue sin generar la misma percepción de peligro. Esta falta de conciencia es, precisamente, lo que lo convierte en uno de los factores más invisibles y peligrosos en carretera.

Conducir descansado: una responsabilidad vital

La evidencia científica es clara: conducir sin haber descansado lo suficiente deteriora la atención, ralentiza los reflejos y altera la capacidad de decisión. En otras palabras, compromete todas las habilidades necesarias para una conducción segura.

Frente a ello, la medida más eficaz es también la más sencilla: dormir adecuadamente antes de ponerse al volante y detenerse ante los primeros signos de fatiga. Porque, en carretera, el sueño no avisa… y cuando lo hace, puede ser demasiado tarde.


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