El deporte ha dejado de ser ese «extra» de la economía para consolidarse como un pilar que ya sostiene el 1,2% del empleo total del país. Según los últimos datos del Consejo Superior de Deportes (CSD), extraídos de la Encuesta de Población Activa (EPA), el sector cerró 2025 con 270.200 personas en activo. Es un músculo que no para de crecer: un 6% más en el último año y un 15% por encima de lo que veíamos en 2022, cuando la pandemia todavía obligaba a muchos a entrenar entre cuatro paredes. Pero tras el brillo de las medallas estadísticas, asoman las costuras de un mercado laboral que todavía tiene mucho que entrenar.
Un sector que no para de crecer: 270.200 empleos en 2025
Ese incremento del 6% sitúa al deporte como uno de los alumnos aventajados de la economía española. Mientras otros sectores tradicionales sufren para mantener el tipo frente a la digitalización o el enfriamiento del consumo, el fitness, la gestión de clubes y los servicios deportivos parecen haber encontrado una veta de oro en la nueva conciencia social sobre la salud.
Estamos ante un sector que ha ganado 35.000 empleos netos en apenas tres años. Este avance responde a una terciarización del ocio: el ciudadano español ya no solo consume deporte de forma pasiva frente al televisor, sino que invierte en servicios profesionales. Sin embargo, este volumen de contratación plantea un reto de gestión masivo: ¿puede el sistema absorber tal cantidad de trabajadores sin degradar las condiciones salariales? Por ahora, la inercia es positiva, pero el 1,2% del peso total sobre el empleo nacional marca una frontera que obligará al sector a buscar nuevas formas de rentabilidad más allá de la mera apertura de centros de bajo coste.
Jóvenes y con estudios: el perfil del trabajador deportivo
Más de la mitad de los trabajadores (el 51,3%) no ha cumplido los 35 años. Pero lo más llamativo no es la edad, sino la preparación. En un país donde a menudo se critica la sobrecualificación, el sector deportivo presume de ella con orgullo: el 51,3% cuenta con educación superior. Superamos, y por bastante, la media nacional de ocupados con formación universitaria o técnica de grado superior.
Hablamos de graduados en CAFYD, técnicos en gestión deportiva y especialistas en salud. El problema es que esta excelencia académica no siempre encuentra su relación en la nómina. Tenemos a los mejores preparados de la historia vigilando salas de máquinas o coordinando actividades dirigidas, lo que genera una tensión latente entre la inversión personal en formación y el retorno real en forma de estabilidad económica.
La brecha de género, asignatura pendiente
El 60,9% de los empleos son ocupados por hombres, dejando a las mujeres un 39,1% del pastel laboral.
Mientras ellos dominan la gestión, el alto rendimiento y la dirección técnica, ellas suelen quedar relegadas a sectores específicos de la salud o la docencia, a menudo con menor proyección de carrera. No es solo una cuestión de justicia social, es una ineficiencia económica: el sector está desperdiciando el potencial de la mitad de su cantera formativa por no saber (o no querer) romper las dinámicas de género tradicionales.
La sombra del tiempo parcial: ¿empleo de calidad o precariedad?
Pero si hay un dato que debería hacer saltar las alarmas en el Ministerio de Trabajo es el de la parcialidad. En España, el trabajo a tiempo parcial afecta al 13,7% de la población activa. En el deporte, esa cifra salta por los aires hasta alcanzar el 45,4%. Casi uno de cada dos contratos es por horas o media jornada.
Ese 45,4% explica por qué, a pesar de tener un 51% de trabajadores con estudios superiores, el deporte sigue siendo percibido por muchos como una «etapa de paso» y no como una carrera de fondo. El reto para 2026 y los años venideros no es solo seguir engordando la cifra de los 270.200 empleados, sino conseguir que esos contratos dejen de ser fragmentos de jornada para convertirse en proyectos de vida. El músculo está ahí, ahora falta que el corazón del sector (su calidad laboral) bombee con la misma fuerza.




