La eólica marina o también conocida como offshore se está posicionando en Europa como una gran pilar de crecimiento para el desarrollo energético europeo. No obstante, el problema con el que se está topando esta tecnología es que la red no está preparada para gestionar su irrupción dentro del sistema, dificultando su viabilidad económica. Este ha sido el principal debate que se ha celebrado en el tercer y último día de WindEurope Annual Event, al que Merca2 ha tenido acceso.
La eólica marina ejemplifica la crisis de asimetría entre oferta y demanda
La discusión parte de una crisis de fondo: la asimetría entre oferta y demanda eléctrica en Europa. Mientras el despliegue de renovables avanza con fuerza, la electrificación de la economía en industria, movilidad y usos térmicos lo hace a un ritmo claramente inferior. En este contexto, la Unión Europea empieza a redefinir su papel, pasando de ser un regulador del mercado energético a convertirse en un actor que intenta acelerar activamente la creación de demanda.
En este sentido, Teresa Ribera, vicepresidenta ejecutiva para la Transición Limpia, Justa y Competitiva de la Comisión Europea, ha subrayado que la electrificación ha dejado de ser únicamente un objetivo climático para convertirse en un elemento central de competitividad y autonomía estratégica. Según ha explicado, la Comisión está impulsando un paquete de medidas orientadas a incrementar las tasas de electrificación en movilidad, industria y climatización, combinando regulación, incentivos y políticas fiscales.
No obstante, el debate ha dejado claro que la intervención pública, por sí sola, no resuelve el desajuste estructural entre oferta y demanda. A partir de ahí, el foco se ha desplazado hacia los mecanismos de mercado que deben sostener el crecimiento del sector.

En este punto, Bautista Rodríguez, director de operaciones de Ocean Winds, ha señalado que los PPAs (contratos de larga duración) pueden desempeñar un papel relevante, pero no suficiente como columna vertebral del sistema. En su intervención ha explicado que la eólica marina presenta características que limitan su dependencia exclusiva de contratos corporativos: requiere inversiones muy elevadas, plazos de desarrollo largos y visibilidad de ingresos estable a muy largo horizonte.
Por ello, ha defendido una estructura híbrida en la que los PPAs funcionen como complemento dentro de un esquema más amplio que incluya mecanismos de estabilización de ingresos, como los contratos por diferencia (CFDs). Este enfoque permitiría reducir el riesgo en fases iniciales y mejorar la financiación de los proyectos, especialmente en un contexto en el que los grandes vectores de demanda futura como los centros de datos, el hidrógeno verde o la electrificación industrial todavía no están plenamente desarrollados.
Este problema de fondo conecta directamente con el gran problema de la viabilidad económica del sistema energético. En este sentido, Amanda Dasch, directora de desarrollo de Ørsted, ha defendido que el análisis de la eólica marina no debe centrarse únicamente en su coste de generación, sino en su impacto sobre el coste total del sistema eléctrico.
Según ha explicado, en escenarios en los que las renovables representan entre el 70% y el 90% del mix energético, la integración de la eólica marina puede reducir en torno a un 30% el coste total del sistema eléctrico. Aún así, Dasch ha señalado que la reducción de costes solo será posible si se avanza en la estandarización de la cadena de suministro y en la reducción de soluciones personalizadas que encarecen los proyectos. Al mismo tiempo, ha advertido de que la incertidumbre regulatoria o la introducción de límites de precios mal diseñados pueden incrementar el coste de financiación y comprometer la inversión.
En este sentido, Sven Utermöhlen, CEO de RWE Offshore ha apuntado en sus estimaciones que el desarrollo de esta tecnología en Europa requerirá alrededor de un billón de euros de inversión hasta 2050. Este volumen de capital solo podrá movilizarse de forma eficiente si existen mecanismos sólidos de reducción de riesgo.

Por ello, ha defendido los contratos por diferencia bidireccionales como herramienta clave para estabilizar ingresos, reducir el coste del capital y hacer viable la financiación de proyectos a gran escala. Sin estos mecanismos, ha advertido la escala de inversión necesaria difícilmente será alcanzable.
Desde el plano industrial, Mark Becker, vicepresidente sénior de Siemens Gamesa Offshore ha introducido un elemento adicional: la brecha entre ambición política y capacidad real de ejecución. Ha señalado que el problema no es la falta de objetivos, sino la baja probabilidad de ejecución efectiva de muchos proyectos que entran en los sistemas de subasta.
Mientras que desde un plano más político, Frank Wetzel, secretario de Estado del Ministerio Federal de Economía y Energía de Alemania ha insistido en la necesidad de reforzar la interconexión transfronteriza, especialmente en el Mar del Norte, y ha destacado que la transición energética solo será viable si se avanza hacia una coordinación real entre Estados miembros.
Por lo que, en definitiva, el gran problema de Europa es que tiene una alta ambición que no corresponde con la realidad. Por lo que si no se ponen soluciones prácticas, todo el potencial acumulado de la eólica offshore caería en saco roto.




