El BCE subirá tipos en junio por la guerra de Irán

Una encuesta de Bloomberg sitúa la primera subida desde 2023 en la reunión de junio como respuesta al shock energético iraní. El propio mercado ya descuenta una reversión del movimiento en 2027 para no asfixiar el crecimiento europeo.

El BCE subirá tipos en junio en respuesta al shock energético derivado de la guerra de Irán, según una encuesta de analistas publicada por Bloomberg. La decisión rompería con el ciclo de relajación monetaria iniciado meses atrás y abriría un paréntesis breve antes de retomar las bajadas en 2027.

El sondeo, recogido por Bloomberg el 24 de abril, pinta un escenario que hasta hace unas semanas parecía improbable: Frankfurt endureciendo su política monetaria justo cuando el crecimiento europeo da señales de fatiga. La razón es la inflación importada por la escalada en Oriente Próximo, con el Brent disparado y las primas de riesgo geopolítico contaminando toda la cadena de suministro.

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Qué espera el mercado para la reunión de junio

La mediana de analistas consultados por Bloomberg apunta a una subida de 25 puntos básicos en la reunión del Consejo de Gobierno del próximo junio, que dejaría la facilidad de depósito por encima del nivel actual. Sería el primer movimiento al alza desde el ciclo de endurecimiento que culminó en 2023.

El cambio de expectativas ha sido brusco. A comienzos de año, el consenso descontaba al menos dos recortes adicionales antes del verano. La guerra de Irán lo ha trastocado todo. El crudo cotiza en niveles que no se veían desde el episodio inflacionario de 2022 y los futuros sobre el gas europeo recogen ya una prima permanente por riesgo de suministro.

Christine Lagarde no se ha pronunciado de forma explícita sobre un giro al alza, pero varios miembros del Consejo han reconocido en intervenciones recientes que la inflación subyacente podría rebotar si el shock energético se prolonga. El propio staff del banco habría revisado al alza sus proyecciones internas, según fuentes citadas por Bloomberg.

Una subida con fecha de caducidad

Lo singular del escenario que dibujan los analistas es que la propia subida lleva incorporado su antídoto. La encuesta sitúa el inicio de un nuevo ciclo de recortes en el primer semestre de 2027, una vez que el banco constate que el shock energético no ha contaminado de forma duradera las expectativas de inflación a medio plazo.

¿Tiene sentido subir tipos para volver a bajarlos pocos meses después? Desde una óptica estrictamente técnica, sí: la teoría monetaria recomienda actuar contra cualquier desanclaje de expectativas aunque el origen del shock sea exógeno. El problema es político. Una subida en plena ralentización europea expone al BCE a críticas duras desde París y Roma, donde los gobiernos ya arrastran un coste de financiación elevado.

El Euríbor a doce meses, que había moderado su descenso en las últimas semanas, ha empezado a repuntar anticipando el movimiento. Los analistas hipotecarios consultados por la prensa especializada esperan que el indicador cierre 2026 entre el 2,8% y el 3,1%, frente al 2,4% que se proyectaba en febrero. Para una hipoteca media de 150.000 euros a tipo variable, hablamos de unos 40-60 euros más al mes en la próxima revisión.

tipos de interés BCE

Lo que está en juego: credibilidad frente a crecimiento

Aquí es donde el debate se complica. Yo no creo que el BCE esté cómodo con la decisión que probablemente tomará en junio, y eso explica las dudas que filtran algunos consejeros. Frankfurt lleva dos años intentando construir una narrativa de aterrizaje suave, con la inflación convergiendo al 2% sin destruir empleo, y un giro al alza siembra dudas sobre si ese relato era sostenible o solo afortunado.

El precedente de 2011 pesa en la memoria institucional. Aquel año, Jean-Claude Trichet subió tipos dos veces ante un repunte inflacionista que resultó transitorio, y la decisión es recordada como uno de los grandes errores de política monetaria de la historia reciente del banco. Mario Draghi tuvo que revertirla apenas unos meses después, ya con la crisis de deuda soberana en pleno desarrollo. La pregunta incómoda es si Lagarde no estará a punto de cometer un error simétrico: actuar contra una inflación que el propio BCE diagnostica como exógena y temporal.

Hay un argumento a favor del movimiento, eso sí. Si el conflicto en Irán se prolonga más allá del verano —algo que ningún analista serio descarta—, los efectos de segunda ronda sobre salarios y márgenes podrían materializarse en otoño. Subir 25 puntos básicos ahora es barato comparado con tener que subir 75 en septiembre. La cuestión es si esa lógica preventiva se sostiene cuando la economía alemana sigue sin arrancar y Francia coquetea con el estancamiento.

El calendario marcará el desenlace. La próxima publicación de proyecciones macroeconómicas del BCE, prevista para el Consejo de junio, contendrá la pista definitiva sobre cuánto durará este paréntesis restrictivo. Si las cifras de inflación a medio plazo se mantienen ancladas en el 2%, la subida será efectivamente un gesto puntual. Si se desplazan al alza, el ciclo de bajadas de 2027 que hoy descuenta el mercado puede quedarse en una expectativa que el BCE no consigue cumplir.


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