El Brent a 75 dólares por barril dentro de un año. Esa es la previsión que acaba de lanzar JPMorgan en un análisis que choca frontalmente con la narrativa de tensión permanente que domina los mercados energéticos. Mientras los titulares siguen hablando del Estrecho de Ormuz como si fuera una mecha a punto de encenderse, el banco estadounidense dibuja un escenario donde la volatilidad no impide una corrección sostenida a la baja.
La cifra no es casual. Setenta y cinco dólares representa el umbral psicológico donde muchos productores de shale estadounidense empiezan a sudar, donde Arabia Saudí puede equilibrar su presupuesto sin recurrir a recortes drásticos y donde los importadores europeos respiran con algo de alivio. Un punto de equilibrio incómodo para todos, lo cual, paradójicamente, sugiere que podría ser realista.
Lo que JPMorgan ve y el mercado ignora
Según recoge Bloomberg en su análisis del 20 de abril de 2026, los estrategas de JPMorgan anticipan un camino de doce meses de ajuste gradual para el crudo de referencia europeo. No esperan un desplome abrupto ni una corrección en V. Más bien, un goteo descendente interrumpido por picos de volatilidad que no alterarán la tendencia de fondo.
El razonamiento tiene varias patas. La demanda china sigue sin recuperar el vigor previo a 2023. Europa ha diversificado sus fuentes de aprovisionamiento más de lo que muchos anticipaban. Y Estados Unidos, con una producción que roza los 13,5 millones de barriles diarios, actúa como colchón ante cualquier disrupción moderada.
Hay otro factor que el mercado parece sobrevalorar: el riesgo geopolítico. Sí, las tensiones en el Estrecho de Ormuz persisten. Pero JPMorgan distingue entre ruido mediático y probabilidad real de interrupción sostenida del tráfico marítimo. Los analistas del banco consideran que, incluso con incidentes puntuales, la capacidad de respuesta de los inventarios estratégicos y las rutas alternativas limitaría el impacto a picos temporales.
Ormuz: el fantasma que mueve primas de riesgo
Cada vez que un dron sobrevuela un petrolero o un comunicado oficial sube de tono, el Brent reacciona. Es casi pavloviano. Pero esa prima de riesgo geopolítico podría estar inflada. Al menos, eso sugiere la lectura de JPMorgan.
El Estrecho de Ormuz canaliza aproximadamente el 20% del petróleo que se consume en el mundo. Cualquier cierre prolongado sería catastrófico. Pero un cierre prolongado también sería catastrófico para quienes lo provocaran. Irán depende del estrecho tanto como sus rivales regionales. Esta lógica de destrucción mutua asegurada —que los mercados a veces olvidan— sostiene el argumento de que la escalada tiene límites naturales.
No digo que el riesgo sea cero. Digo que el diferencial entre el precio actual del Brent y los fundamentales de oferta-demanda incluye una cantidad generosa de miedo. Si ese miedo se modera, el crudo tiene margen para caer sin que cambie nada sustancial en el terreno.
Un año de montaña rusa con destino definido
La palabra clave en la previsión de JPMorgan es volatilidad. No anticipan doce meses de calma chicha. Al contrario: esperan oscilaciones significativas, posiblemente en ambas direcciones, antes de que el Brent converja hacia los 75 dólares.
¿Qué podría desencadenar esos picos? Una escalada puntual en Oriente Medio, una decisión sorpresa de la OPEP+, huracanes en el Golfo de México durante la temporada de verano, o incluso un dato de inflación que cambie las expectativas sobre tipos de interés. El crudo es uno de los activos más sensibles a las sorpresas macroeconómicas.
Pero la tendencia subyacente apunta hacia abajo. Y aquí viene lo interesante: si los operadores empiezan a posicionarse para ese escenario, la caída podría acelerarse. Las profecías autocumplidas funcionan en ambas direcciones.
Para las empresas energéticas europeas —Repsol, TotalEnergies, ENI—, un Brent en 75 dólares no es necesariamente una mala noticia. Reduce ingresos por barril pero también rebaja costes de cobertura y facilita la planificación a medio plazo. Para las aerolíneas y el transporte por carretera, sería un respiro bienvenido.
Me parece que el mercado lleva demasiado tiempo operando como si el peor escenario fuera el escenario base. JPMorgan, con este informe, introduce una nota de pragmatismo que quizá convenga escuchar. No porque el banco tenga una bola de cristal, sino porque su análisis obliga a revisar supuestos que muchos dan por sentados.
El próximo punto de inflexión podría llegar con los datos de inventarios de la Agencia Internacional de la Energía en mayo y con la reunión de la OPEP+ prevista para junio. Si ambos eventos confirman la lectura de JPMorgan, el camino hacia los 75 dólares habrá empezado oficialmente. Si no, al menos sabremos que el consenso sigue anclado en el miedo.




