La escasez de memoria RAM que amenaza con prolongarse hasta 2030 pone en jaque la cadena de suministro global de semiconductores, según ha advertido el presidente de SK Group, matriz de SK Hynix, el segundo mayor fabricante mundial de DRAM.
Claves de la operación
- Samsung, SK Hynix y Micron solo cubrirán el 60% de la demanda prevista para 2027. El déficit estructural de DRAM arrastrará a todo el ecosistema tecnológico durante al menos cuatro años.
- El oligopolio de tres compañías controla el 95% del mercado mundial de memoria. No hay capacidad fabril alternativa que pueda aliviar el cuello de botella a corto plazo.
- Los precios de memoria subirán de forma sostenida hasta final de la década. Fabricantes de servidores, smartphones y automóviles trasladarán el coste al consumidor final.
La advertencia no procede de un analista externo ni de un informe de consultora. Viene del máximo responsable de uno de los tres únicos actores capaces de fabricar DRAM a escala industrial. Cuando SK Group admite que no podrá atender la demanda, el mercado escucha. Y lo que ha dicho su chairman, Chey Tae-won, es que la industria tardará hasta 2030 en equilibrar oferta y demanda.
Un oligopolio que no da abasto
Samsung, SK Hynix y Micron concentran aproximadamente el 95% de la producción mundial de memoria DRAM. No existe ningún otro fabricante con la tecnología, las fábricas ni el capital necesario para competir a esa escala. China lo ha intentado con CXMT, pero las sanciones estadounidenses han frenado su acceso a equipos de litografía avanzada. Europa carece de presencia industrial en este segmento. Y las barreras de entrada, tanto técnicas como financieras, hacen inviable que aparezca un nuevo competidor antes de 2030.
El problema es que la demanda de DRAM ha explotado por un factor que casi nadie preveía con esta intensidad: la inteligencia artificial generativa. Los centros de datos que entrenan y ejecutan modelos de lenguaje grande necesitan cantidades ingentes de memoria de alto ancho de banda. La memoria HBM, la variante más demandada para cargas de IA, requiere procesos de fabricación aún más complejos y consume capacidad que antes se destinaba a DRAM convencional para móviles y PC.
El déficit no se debe a un fallo de planificación: la demanda de IA ha crecido más rápido de lo que cualquier fábrica podía anticipar.
SK Hynix ha invertido miles de millones en ampliar sus líneas de HBM para Nvidia, su principal cliente. Pero cada oblea dedicada a HBM es una oblea que no produce DRAM estándar. El trasvase de capacidad agrava la escasez en segmentos menos glamurosos pero igual de críticos: la memoria para portátiles, la que llevan los coches conectados, la de los electrodomésticos inteligentes.
El impacto en precios ya se nota
Los contratos de DRAM en el mercado spot han subido un 18% en lo que va de 2026. Los analistas de TrendForce estiman que los precios seguirán escalando al menos un 10% adicional cada trimestre hasta bien entrado 2027. Para el consumidor, esto significa que el próximo portátil o smartphone costará más, no porque el procesador suba, sino porque la memoria lo hace.
El sector del automóvil es especialmente vulnerable. Un vehículo eléctrico moderno puede llevar más de 40 GB de memoria entre sistemas de infoentretenimiento, conducción asistida y gestión de batería. Si la DRAM escasea, los fabricantes de coches tendrán que competir con los hipereescaladores por el suministro. Y los hipereescaladores tienen contratos a largo plazo, mejores márgenes y menos escrúpulos a la hora de pagar primas.
No es un escenario teórico. Ya en 2024 varios fabricantes de automóviles europeos reportaron retrasos en entregas por falta de componentes de memoria. La situación se ha agravado desde entonces.
¿Puede Europa hacer algo? El dilema industrial
Bruselas ha destinado miles de millones al European Chips Act para reducir la dependencia de Asia en semiconductores. Pero el grueso de esa inversión va a lógica (procesadores, microcontroladores) y a tecnología de proceso avanzada. La memoria DRAM no figura entre las prioridades, en parte porque ningún fabricante europeo tiene presencia en ese mercado y en parte porque levantar una fábrica de DRAM desde cero llevaría al menos seis años y más de 15.000 millones de euros.
Observamos que la estrategia europea de soberanía chip deja un flanco abierto precisamente en el componente que más va a escasear. No hay planes públicos para atraer a Samsung, SK Hynix o Micron a suelo comunitario. Tampoco hay ningún proyecto de consorcio europeo para desarrollar tecnología de memoria propia. La UE apuesta por depender del oligopolio asiático-estadounidense y rezar para que las tensiones geopolíticas no corten el grifo.
En España, el impacto será indirecto pero real. Las empresas que ensamblan servidores, las que diseñan soluciones de centros de datos y las que fabrican electrónica de consumo verán encarecerse un insumo crítico sin capacidad de negociación. Telefónica e Indra, por citar dos grandes del IBEX 35 con exposición a infraestructura digital, dependen de proveedores que a su vez dependen de esta cadena de suministro. El riesgo no está en la cuenta de resultados de este trimestre, pero sí en la planificación de costes a medio plazo.
La escasez de memoria RAM hasta 2030 no es una predicción pesimista. Es el escenario base que maneja el segundo mayor fabricante del mundo. El mercado puede ignorarlo o empezar a descontarlo. Lo que no puede hacer es sorprenderse cuando llegue la factura.




