Por primera vez en la historia de la humanidad existe la posibilidad técnica de construir un mundo de abundancia donde haya suficiente para todos. Paradójicamente ese mismo avance amenaza con dejar sin empleo a millones de personas. Xavier Ferrás, profesor de ESADE, doctor en management e ingeniero de telecomunicaciones, advierte que la inteligencia artificial no es solo una herramienta sino una transformación civilizatoria que Europa aún no termina de entender.
Ferrás conoce el fenómeno desde varios frentes: ha dirigido el Centro de Innovación Empresarial de la Generalitat de Cataluña y fue coautor de un informe sobre renta básica universal para el Gobierno español. Su visión es por tanto una de las más completas disponibles en España para entender cómo la inteligencia artificial está reconfigurando las empresas y qué debería hacerse desde las instituciones para no quedar al margen de la mayor revolución tecnológica de las últimas décadas.
Europa consume inteligencia artificial pero no la produce

El diagnóstico de Ferrás sobre la posición europea es contundente. Mientras Estados Unidos y China compiten por liderar el desarrollo de la inteligencia artificial con inversiones masivas y proyectos estratégicos de largo alcance, Europa ha optado por la regulación. Y regular sin liderar, advierte, es un error de consecuencias difíciles de revertir. «No puedes regular si no lideras», sostiene Ferrás, que recuerda con claridad lo que ocurrió el 30 de noviembre de 2022, cuando se lanzó ChatGPT: ese habría sido el momento Sputnik europeo y se dejó pasar.
La diferencia entre los territorios que generan inteligencia artificial y los que simplemente la consumen no es menor. Los primeros crean empleo y riqueza. Los segundos destruyen puestos de trabajo sin construir nada a cambio. Europa, según Ferrás, corre el riesgo de quedarse atrapada en ese segundo grupo. No es un fatalismo sino una advertencia que todavía tiene margen de corrección, aunque ese margen se estrecha con cada año que pasa sin una política industrial decidida.
La paradoja de productividad que describe Ferrás es especialmente reveladora. Imagínese una economía donde empresas enteras compran materia prima, la procesan y la distribuyen sin intervención humana gracias a algoritmos y redes neuronales. La eficiencia sería máxima pero el sistema colapsa porque nadie tendría renta para consumir lo producido. Es por eso que Ferrás defiende la necesidad de preparar a las sociedades para una eventual renta básica universal antes de que las transiciones sean demasiado traumáticas.
La empresa española va despistada, pero tampoco puede correr demasiado
Cuando se le pregunta por el estado de las empresas españolas frente a la inteligencia artificial, Ferrás no endulza la respuesta: van despistadas. Pero añade un matiz importante. Estamos en lo que los estudiosos de la innovación llaman la fase fluida, ese momento de caos inicial en el que ningún estándar domina y en el que moverse demasiado rápido puede ser tan peligroso como no moverse. Ferrás recuerda casos de empresas que han invertido decenas de millones en entrenar modelos propios que quedaron obsoletos antes de estar terminados.
Su recomendación no es la inacción sino la inteligencia táctica. Cada organización necesita a alguien dentro que esté realmente en la frontera del conocimiento sobre IA y que pueda indicar cuándo y cómo invertir con criterio. No cien empleados probando herramientas al azar sino un perfil dedicado con talento y capacidad de visión estratégica. El ejemplo que cita es el de IBM cuando San Palmisano encargó a uno de sus mejores directivos que dejara todo lo que hacía y se dedicara en exclusiva a comprender la internet de las cosas desde fuera de la compañía. Ese es el modelo que Ferrás recomienda replicar hoy.
Hay además una distinción conceptual que Ferrás considera fundamental y que con frecuencia se confunde en el debate público: la diferencia entre mejora e innovación. Adoptar herramientas de inteligencia artificial que ya están en el mercado es mejora. Te mantiene competitivo pero al mismo nivel que todos tus rivales. La verdadera innovación llega cuando alguien dentro de la organización combina el conocimiento del modelo de negocio propio con el poder transformador de la tecnología y crea algo que no existía antes. Eso es lo que generará las ventajas competitivas reales de los próximos años.
Para los jóvenes que ahora deciden qué estudiar Ferrás tiene también un mensaje claro: nada de especializaciones estrechas. La cultura general sólida, el pensamiento matemático y la capacidad crítica serán más valiosos que cualquier conocimiento técnico específico que la propia inteligencia artificial puede proporcionar en segundos. Las cosas fundamentales perduran. Las especialidades cambian.






