El pulso China-Europa estalla: Wingtech demanda a Nexperia por 1.180 millones

La firma china reclama el control de la compañía neerlandesa tras las restricciones impuestas por el Gobierno de Países Bajos. La batalla tensa aún más la lucha geopolítica por los semiconductores un sector clave también para España.

La guerra fria de los semiconductores suma un nuevo capítulo. Wingtech Technology ha presentado una demanda en China contra Nexperia por 1.180 millones de dólares, según Reuters. La compañía china reclama, además de la indemnización, recuperar el control pleno sobre la firma neerlandesa que le fue arrebatado por el Gobierno de Países Bajos en septiembre de 2025. La maniobra judicial, aceptada por un tribunal de Guangdong, sitúa la pugna en un terreno explosivo: el de la soberanía tecnológica frente a la propiedad extranjera.

Claves de la operación

  • Reclamación de 1.180 millones de dólares. Wingtech exige esa cifra como compensación provisional por los perjuicios económicos que atribuye a las restricciones neerlandesas. La cantidad abultada refleja el golpe sufrido: la empresa cerró 2025 con pérdidas netas de 8.700 millones de yuanes.
  • Control, no solo dinero. La demanda también persigue devolver a Wingtech la gestión efectiva de Nexperia, tras la intervención del Ejecutivo neerlandés. La firma china invoca la Ley contra Sanciones Extranjeras, una herramienta legal con carga geopolítica.
  • Choque entre bloques. El caso trasciende lo mercantil. Países Bajos actuó por temor a la transferencia de propiedad intelectual a China, mientras Pekín defiende que debe resolverse sin interferencias gubernamentales. La semiconductora queda atrapada en el pulso China‑Europa.

La ofensiva por Nexperia: un pleito de 1.180 millones y una ley anti‑sanciones

Wingtech presentó la demanda en un tribunal de Guangdong junto a una filial, según adelantó Reuters. La reclamación se apoya en la Ley china contra Sanciones Extranjeras, norma que permite a empresas locales pedir compensaciones cuando sufren restricciones que consideran discriminatorias. La filial china sostiene que Nexperia y sus ejecutivos aplicaron “medidas restrictivas discriminatorias” que le causaron pérdidas sustanciales. El juzgado ya ha aceptado el caso, pero Nexperia rebaja la escalada: afirma que “ha tomado nota del anuncio” y que el tribunal “no ha abierto el caso a juicio”.

Publicidad

El origen del enfrentamiento se remonta a septiembre de 2025. Entonces, el Gobierno neerlandés intervino Nexperia y apartó a Wingtech del control efectivo. La razón oficial fue prevenir una posible transferencia de operaciones y propiedad intelectual hacia China, un movimiento que se enmarca en la creciente desconfianza occidental hacia la tecnología de Pekín. Aunque la decisión administrativa fue revocada después, Wingtech asegura que su margen de maniobra siguió limitado por decisiones judiciales posteriores. La demanda actual es, en toda regla, el intento de retomar el timón a través de los tribunales chinos.

El muro neerlandés y el fantasma de las sanciones cruzadas

Nexperia lamentó la estrategia de su propietaria y se quejó de que Wingtech “no parece interesada en alcanzar una solución beneficiosa para todas las partes”. La compañía neerlandesa se enfrenta a un dilema: si cede al control chino podría reactivar las alarmas en La Haya y en Bruselas; si mantiene la distancia, el litigio puede prolongarse y seguir erosionando las cuentas de su matriz. En el primer trimestre de 2026, los ingresos de Wingtech se desplomaron un 94% después de que el negocio exterior dejara de consolidarse. Un síntoma de que la fractura no es solo jurídica, sino contable.

El caso se tensa aún más por la intervención diplomática. Según SCMP, Pekín y La Haya han defendido que el conflicto debe resolverse “entre las dos empresas sin interferencia gubernamental”. La ministra neerlandesa de Economía, Heleen Herbert, trasladó ese mensaje al embajador chino en una reunión el pasado 17 de abril. La declaración busca acotar el incendio, pero la realidad es que la semiconductora es una pieza demasiado codiciada para que los estados se desentiendan.

batalla legal semiconductores

El pleito ya no es por unos millones: es la primera gran batalla legal en la que China reclama el control de una firma de chips europea bajo su propia ley antisanciones.

Semiconductores: la trinchera que mide la tensión entre China y Europa

Desde esta redacción, interpretamos el conflicto como un termómetro de la guerra tecnológica global. Nexperia, con sede en Países Bajos pero propiedad de Wingtech desde 2018, es un fabricante especializado en semiconductores discretos, lógicos y de potencia. Un perfil de producto modesto, pero estratégico. La postura neerlandesa de 2025 evidenció el miedo europeo a que la capacidad de producción y el conocimiento técnico migren a China, un recelo que la UE ha ido endureciendo con normativas como la Ley Europea de Chips. No obstante, la respuesta china demuestra que también dispone de herramientas legales para responder.

En España, el trasfondo se sigue con especial atención. El país compite por atraer centros de fabricación de semiconductores, con proyectos como el PERTE Chip y las inversiones anunciadas por STMicroelectronics o el consorcio de la gigafactoría en Aragón. La estrategia europea pasa por duplicar la cuota de producción mundial hasta el 20% en 2030, pero episodios como este evidencian la fragilidad del tablero. Mientras las grandes potencias se disputan Nexperia, la industria española observa y aprende que la soberanía del chip se juega tanto en las fábricas como en los despachos judiciales.

Wingtech tiene pocas opciones: ganar en los tribunales chinos le devolvería el control formal pero arriesga nuevas sanciones europeas; perder, en cambio, agravaría la hemorragia financiera y dejaría a Nexperia en manos de un accionista sin apenas influencia. La incógnita es si el conflicto acelerará la búsqueda de un comprador europeo que tranquilice a los reguladores. Nosotros seguiremos el calendario: la próxima vista en Guangdong y, sobre todo, los pasos de Bruselas serán decisivos. Mientras tanto, la batalla de los chips sigue sin vencedor.


Publicidad