El cuidado de tu coche es fundamental para asegurar su longevidad y un rendimiento óptimo, pero a veces, sin ser conscientes, cometemos errores que pueden salir muy caros. Uno de los hábitos más extendidos, y sorprendentemente perjudicial, ocurre en un lugar tan cotidiano como la gasolinera, justo en el momento de llenar el depósito. Muchos conductores, con la intención de apurar al máximo cada repostaje, continúan echando combustible después del primer «clic» de la manguera, una práctica aparentemente inocua que, sin embargo, esconde riesgos significativos para la mecánica de nuestro vehículo.
Esta costumbre, la de llenar el depósito «hasta arriba», puede parecer una forma de ganar unos kilómetros extra de autonomía, pero la realidad es que estamos sometiendo a nuestro coche a un estrés innecesario y potencialmente dañino. Los sistemas modernos de los vehículos están diseñados con una precisión milimétrica, y cualquier alteración en su funcionamiento, por pequeña que parezca, puede desencadenar una cascada de problemas. Entender por qué este gesto es contraproducente es el primer paso para proteger una inversión tan importante y evitar visitas inesperadas, y costosas, al taller.
3EL CATALIZADOR EN JAQUE: UNA REPARACIÓN QUE TU BOLSILLO LAMENTARÁ
Otro componente vital que sufre las consecuencias de llenar el depósito en exceso es el catalizador. Si el sistema EVAP se ve comprometido por la saturación de combustible líquido, es posible que este carburante sin quemar termine llegando al sistema de escape y, por ende, al catalizador. Este elemento es fundamental para reducir las emisiones nocivas del coche, transformando gases tóxicos como el monóxido de carbono, los hidrocarburos y los óxidos de nitrógeno en sustancias menos perjudiciales antes de que salgan por el tubo de escape. Su correcto funcionamiento es, por tanto, esencial.
Cuando el catalizador recibe combustible crudo, su temperatura interna puede aumentar de forma descontrolada, llegando a fundir los metales preciosos que contiene y que son los responsables de las reacciones químicas de depuración. Un catalizador dañado no solo hará que nuestro coche contamine más, incumpliendo la normativa y provocando problemas en la Inspección Técnica de Vehículos (ITV), sino que también puede obstruir el flujo de gases de escape, lo que se traduce en una pérdida de potencia del motor y un aumento del consumo de combustible. La sustitución de un catalizador es una de las reparaciones más costosas a las que nos podemos enfrentar.



