El cuidado de tu coche es fundamental para asegurar su longevidad y un rendimiento óptimo, pero a veces, sin ser conscientes, cometemos errores que pueden salir muy caros. Uno de los hábitos más extendidos, y sorprendentemente perjudicial, ocurre en un lugar tan cotidiano como la gasolinera, justo en el momento de llenar el depósito. Muchos conductores, con la intención de apurar al máximo cada repostaje, continúan echando combustible después del primer «clic» de la manguera, una práctica aparentemente inocua que, sin embargo, esconde riesgos significativos para la mecánica de nuestro vehículo.
Esta costumbre, la de llenar el depósito «hasta arriba», puede parecer una forma de ganar unos kilómetros extra de autonomía, pero la realidad es que estamos sometiendo a nuestro coche a un estrés innecesario y potencialmente dañino. Los sistemas modernos de los vehículos están diseñados con una precisión milimétrica, y cualquier alteración en su funcionamiento, por pequeña que parezca, puede desencadenar una cascada de problemas. Entender por qué este gesto es contraproducente es el primer paso para proteger una inversión tan importante y evitar visitas inesperadas, y costosas, al taller.
2CUANDO EL «UN POQUITO MÁS» SE TRADUCE EN PELIGRO Y DERROCHE
El exceso de combustible en el depósito no solo afecta al sistema EVAP, sino que también incrementa el riesgo de fugas. Los depósitos de los coches están diseñados para tener un cierto espacio de expansión, necesario para que los vapores de combustible puedan gestionarse adecuadamente y para compensar los cambios de volumen del carburante debidos a la temperatura. Al llenar el tanque hasta el borde, eliminamos ese margen de seguridad, lo que puede provocar que el combustible rebose por el tubo de llenado o por otras válvulas de alivio. Esta situación no solo supone un desperdicio de carburante, sino que también conlleva serios peligros.
La gasolina derramada es altamente inflamable y, en contacto con una fuente de calor o una chispa, podría originar un incendio. Además, el combustible puede caer sobre componentes calientes del motor o del sistema de escape, o incluso sobre la pintura del coche, dañándola de forma permanente. No hay que olvidar tampoco el impacto medioambiental, ya que esas pequeñas fugas contribuyen a la contaminación del suelo y del agua. Por lo tanto, ese afán por añadir unos litros extra puede tener consecuencias que van mucho más allá del simple inconveniente económico inmediato.



