Los edificios españoles suspenden en eficiencia energética

Menos de dos de cada 10 edificios en España -el 19%- tienen una calificación de eficiencia energética de un grado medio-alto, lo cual constituye uno de los factores que nos coloca a la cola de Europa en esta materia. Un hecho lamentable desde el punto de vista sostenible y que es, además, nocivo financieramente, ya que obstaculiza la revalorización de los inmuebles.

la multinacional alemana de soluciones de eficiencia energética Brück Electronic GmbH (BEG) ha expuesto mediante un comunicado estas conclusiones, apuntando que la eficiencia energética es un «desafío esencial» y uno de los «grandes retos» de sostenibilidad global. La compañía recuerda, además, que invertir en ella puede revalorizar un inmueble hasta un 10%.

BEG CALCULA QUE LOS EDIFICIOS EFICIENTES ENERGÉTICAMENTE TIENEN TANTAS VENTAJAS, QUE ESTE TIPO DE INMUEBLES ALCANZARÁ LOS 115 MILLONES EN 2026

Un inmueble con un nivel de eficiencia óptimo gasta menos recursos sin reducir sus prestaciones, lo que contribuye a reducir la huella de carbono, amén de ahorrarle dinero al usuario en su factura eléctrica o de calefacción. Asimismo, desde BEG han asegurado que un edificio inteligente, es decir, que es capaz de maximizar el rendimiento energético reduciendo el consumo, presenta un sinnúmero de ventajas, en términos de confort y ahorro para los residentes; «tantas», que se calcula que el número de edificios inteligentes o smartbuilding alcanzará los 115 millones en 2026.

En este punto, la empresa alemana ha asegurado que juegan un «papel fundamental» los sistemas de control de iluminación, ya que la instalación de estos implica un ahorro cercano al 80% en el consumo de energía para este fin.

«Con estos cambios se fomentaría la modernización del parque de viviendas edificios y se avanzaría en materia de sostenibilidad», ha apuntado el director de BEG en Hispania, Luis Claver.

LOS CERTIFICADOS DE EFICIENCIA ENERGÉTICA EN EDIFICIOS

Un certificado de eficiencia energética es una documento expedido por la administración tras el informe positivo de un técnico competente sobre el nivel de consumo de suministros como gas y electricidad en un determinado edificio. Dicha acreditación manifiesta la calidad del aprovechamiento energético del inmueble durante un año en condiciones normales de ocupación.

La normativa clasifica los edificios en varias categorías según su nivel de eficiencia, representadas por letras de la A a la G. Si la Administración estampa la letra A en el informe de una casa, significa que ésta alcanza los máximos estándares de eficiencia, mientras que el certificado G corresponde a los inmuebles menos eficaces en este sentido.

Tras el análisis realizado por el profesional especializado, la vivienda será incluida en una de estas categorías, que reflejarán no sólo la capacidad y rendimiento de la misma respecto a la luz o al gas, sino también otros aspectos del equipamiento del hogar, como el aislamiento térmico o el cableado.

LA NORMATIVA SÓLO PERMITE EJERCER COMO TÉCNICO CERTIFICADOR a los titulados en estudios que habiliten para la redacción de proyectos de edificación o para la dirección y ejecución de obras

La legislación (concretamente, el Real Decreto 390/2021), permite ejercer como técnico certificador a los titulados en estudios que habiliten para la redacción de proyectos de edificación o para la dirección y ejecución de obras de edificación. Este ‘club’ incluye un amplio abanico de ocupaciones, mayormente restringidas al ámbito de la arquitectura y la ingeniería.

El profesional o empresa encargado de la evaluación de la vivienda tiene que redactar un dossier, que o bien presentará él mismo ante el órgano autonómico competente o se lo entregará al propietario del inmueble para que realice el trámite. El gasto en la etiqueta energética puede llegar a ser elevado: por todo este proceso el propietario del inmueble puede llegar a desembolsar hasta 200 euros.

José Sánchez Mendoza
José Sánchez Mendoza
Periodista especializado en economía y mercados energéticos. Licenciado en Derecho por la Universidad Complutense y máster en Periodismo por El Mundo y la Universidad San Pablo CEU, he trabajado en medios como El Mundo y El Economista, entre otros.