Trump y Kim Jong-un se comprometieron en Singapur con una futura desnuclearización de la península coreana. Ello será objeto de negociaciones que deberán consolidar una coexistencia pacífica entre las dos Coreas (Kim no renuncia a su dictadura) y, consecuentemente, lograr un Tratado de Paz entre los beligerantes de la guerra de Corea de los años cincuenta (solo hay un armisticio). Un resultado positivo por consolidar. Ahora bien, sin mayores garantías que el acuerdo logrado en su día por los occidentales con Irán y que Trump abandonó irresponsablemente alegando ausencia de suficiente compromiso por parte iraní.

Muchos analistas señalan, preocupados, que Trump ensalza a líderes autoritarios como el norcoreano o el ruso mientras insulta a sus aliados occidentales a la vez que hace dejación del liderazgo que EEUU lleva ejerciendo desde finales de la primera guerra mundial y, sobre todo, después de la segunda. ¡Ha dicho que le gustaría que los norteamericanos se pusieran firmes como los norcoreanos! Le encantan las dictaduras. Esperemos que el Fiscal Especial Robert Mueller o los votantes limitan este año su chulería política.

Trump es un perturbador de la convivencia occidental. En contra de la opinión de sus aliados se desmarcó, entre otras cosas, del acuerdo climático de Paris, del acuerdo nuclear con Irán, maniobra para anular la OTAN, les impone tarifas arancelarias y les insulta como hizo en el pasado G-7 en Canadá. Sus modelos son Vladimir Putin, Xi Jinping y Kim Jong-un. Con un amigo como Trump no hacen falta adversarios. Por ello conviene que la Unión Europea se integre más y aborde seriamente su propia defensa. ¿Será capaz de ello? Se aproximan al respecto importantes reuniones de líderes europeos.

Singapurenses ocasionales

Kim Jung-un, presidente hereditario y absolutista de Corea del Norte desde 2011, es el “político revelación de 2018”. Antes de ascenderle a su propia...

Las liebres saltan siempre donde menos se esperan. En víspera del mundial de futbol el entrenador de “La Roja” fichó por el Real Madrid señalando que se incorporaría finalizado ese mundial. Algo legitimo y previsto en el contrato que ligaba a Julen Lopetegui con la Selección nacional que incluía una cláusula de rescisión de dos millones de euros.

Sacaron los pies del plato un excesivamente fogoso Presidente de la Federación Española de Futbol, sintiéndose tan innecesariamente ofendido como para echar antes al entrenador, así como el nuevo Ministro de Cultura y Deporte, José Guirao, acusando con todo su poderío gubernamental a Lopetegui, un ciudadano de a pie, de no haber priorizado a España cuando, en realidad, estaba dispuesto a seguir con la selección hasta el final del mundial. ¿Es Lopetregui un traidor? ¡Socorro! Hay que esforzarse más por mejorar la convivencia.

Saltó previamente una liebre hacendista que provocó la dimisión de Máxim Huerta, el predecesor de Guirao. Lo interesante, acostumbrados como nos tienen a políticos acusados de corrupción, es que la cuestión de la ejemplaridad que requiere la sociedad a sus líderes incluye también estar y haber estado a bien con la Hacienda Pública. En el mundo anglosajón incluyen, incluso, comportamientos matrimoniales impecables (“Si miente a su pareja, como no va a mentir a los electores”).

 La ejemplaridad pública no está, pues, limitada a rechazar sobornos. El Presidente catalán, Kim Torra, debiera marcharse también. Es inaceptable su postura supremacista frente a todos los no son catalanes o independentistas y los despropósitos que les ha dedicado en el pasado.

Mientras tanto, Sánchez, además de resituar a España en Europa, intenta rebajar la conflictividad de la cuestión catalana. Es por donde hay que empezar. Lo ha entendido Artur Mas que a pedido a Torra moderación, esa que él no tuvo. Más vale tarde que nunca.

Carlos Miranda es Embajador de España