La carrera por la inteligencia artificial ha descarrilado esta semana en los tribunales: Apple ha presentado una demanda histórica contra OpenAI por espionaje industrial, acusando a exempleados de alto rango de robar secretos de fabricación del iPhone para construir un dispositivo rival. La acción legal, interpuesta el viernes en un tribunal de distrito de California, amenaza con descarrilar los planes de salida a bolsa de la empresa de Sam Altman y vuelve a tensar la cuerda entre dos pesos pesados tecnológicos que, hasta ahora, mantenían una alianza estratégica en inteligencia artificial.
Claves de la operación
- Una inversión de 6.500 millones en io Products desata la tormenta. OpenAI adquirió por esa cifra la startup de hardware fundada por el legendario diseñador de Apple, Jony Ive, y fichó a exdirectivos con acceso a secretos industriales.
- El modus operandi: infiltración y descarga masiva de información confidencial. Exingenieros, explotando vulnerabilidades de red y usando aplicaciones cifradas, sustrajeron un dosier técnico de más de mil páginas sobre la placa base del iPhone.
- La respuesta de Apple: blindar Siri con Gemini de Google y cortar amarras. Cupertino aceleró la integración de Google en su asistente y ahora busca bloquear cualquier dispositivo de OpenAI construido con su propiedad intelectual.
La trama del asalto al secreto del iPhone: exempleados y un ‘show and tell’ de prototipos
Apple no se ha limitado a señalar a dos exempleados díscolos: la demanda expone un plan orquestado desde la cúpula de OpenAI. Tang Yew Tan, antiguo vicepresidente de diseño del iPhone y actual jefe de hardware en OpenAI, utilizaba nombres en clave de proyectos secretos de la manzana durante las entrevistas de trabajo para extraer información de los candidatos.
El caso más flagrante involucra a Chang Liu, un ingeniero eléctrico que, tras dimitir, retuvo un portátil corporativo y localizó una vulnerabilidad en la red de Apple. En lugar de reportarla, descargó decenas de archivos confidenciales, incluyendo un dosier de más de mil páginas con los secretos de fabricación de las placas base del iPhone (nótese el doble espacio tras ‘dosier’). Liu llegó a aconsejar a otros compañeros por mensajería cifrada cómo copiar material sensible «sin tener problemas con el equipo de seguridad» antes de sus entrevistas con OpenAI.
La denuncia detalla también un episodio insólito: durante un proceso de selección, Tang Yew Tan pidió a ingenieros aún en Apple que llevaran prototipos físicos a las conversaciones. «Dirigió a candidatos a traer ‘piezas reales’ a sus entrevistas para sesiones de ‘mostrar y contar’», recoge el texto judicial. La maniobra llegó hasta la cadena de suministro: OpenAI habría convencido a un fabricante de confianza de Apple para ejecutar una técnica patentada de acabado de metales bajo el falso pretexto de contar con autorización de Cupertino.
La hemorragia de talento ha sido masiva. Con más de 400 exempleados de Apple trabajando ya en OpenAI, el trasvase de conocimiento técnico ha obligado a la multinacional a reaccionar con dureza. «Proteger el trabajo y la propiedad intelectual de nuestros equipos es algo que nos tomamos muy en serio», zanjó un portavoz de la compañía.
La maniobra no es un caso aislado de empleados despechados; es un plan de negocio ejecutado con manual y contraseña de la casa.
OpenAI, entre el sueño del hardware y el precipicio de su OPV
El momento no podría ser más delicado para OpenAI. La startup ha presentado de forma confidencial el folleto para su salida a bolsa, espoleada por el éxito bursátil de SpaceX el pasado junio. Sin embargo, una demanda de este calibre, que solicita la paralización de cualquier fabricación de dispositivos, puede congelar cautelarmente esos planes y erosionar la confianza de los inversores.
Apple ya ha pisado el acelerador para desmarcarse de su dependencia de ChatGPT. El mes pasado integró el modelo Gemini de Google en la última actualización de Siri, emancipando a su asistente de la exclusividad con OpenAI. La alianza que llevó a integrar ChatGPT en Apple Intelligence se tambalea ahora en el juzgado.
Drew Pusateri, portavoz de OpenAI, restó trascendencia: «No tenemos ningún interés en los secretos comerciales de otras empresas». La firma se encuentra analizando el expediente, pero descarta haber incurrido en espionaje. Sin embargo, la indemnización millonaria que exige Apple y la posible prohibición de fabricar dispositivos convierten este pleito en una amenaza existencial para el proyecto hardware de OpenAI.

El trasfondo europeo: por qué este juicio resuena más allá de Silicon Valley
No es la primera vez que Apple se enfrenta a un desafío legal de calado en suelo europeo. En 2016, la Comisión Europea obligó a la compañía a devolver 13.000 millones de euros en ayudas fiscales ilegales a Irlanda, una decisión que España secundó activamente. Aquella batalla sentó un precedente de cómo las instituciones del Viejo Continente pueden condicionar la estrategia de las grandes tecnológicas. Ahora, el nuevo capítulo judicial, aunque se libra en California, proyecta su sombra sobre la regulación europea de la IA y la competencia digital.
El caso llega en plena implementación de la AI Act y mientras Bruselas refuerza la supervisión sobre los modelos fundacionales. Si se demuestra que OpenAI ha construido su hardware sobre patentes robadas, la credibilidad de la empresa ante el regulador europeo quedaría seriamente comprometida. Para Apple, por su parte, la demanda es un mensaje disuasorio que trasciende fronteras: quien fiche a sus ingenieros y utilice su propiedad intelectual se encontrará con un bloqueo judicial y comercial. En una industria donde el talento es la materia prima, esta batalla define las reglas del juego para la próxima década.




