Dos startups israelíes de computación cuántica negocian SPAC multimillonarios para salir a bolsa

Quantum Art y Classiq buscan valoraciones de entre 2.000 y 5.000 millones de dólares cada una. La vía del SPAC permite a las startups de deep tech acceder a los mercados públicos aunque aún no generen ingresos significativos.

La fiebre por la computación cuántica está llevando a las startups israelíes a buscar atajos hacia el parqué. Dos compañías, Quantum Art y Classiq, negocian fusiones con SPAC (Special Purpose Acquisition Companies) para salir a bolsa con valoraciones que podrían oscilar entre los 2.000 y los 5.000 millones de dólares cada una. La lección para los founders de deep tech es clara: los mercados públicos ya no exigen ingresos millonarios para apostar por tecnologías de frontera, siempre que el relato industrial y el potencial de disrupción sean sólidos.

El ecosistema cuántico israelí acelera hacia Wall Street

Israel se ha consolidado como uno de los polos mundiales de la computación cuántica, con unas 20 startups activas sobre un total de 270 a escala global. Muchas de ellas nacieron en los laboratorios del Instituto Weizmann o del Technion, y juntas han atraído cerca de 800 millones de dólares en inversión privada. Sin embargo, la carrera hacia la supremacía cuántica es intensiva en capital: construir ordenadores funcionales y llevarlos al mercado exige rondas que el venture capital, por sí solo, no siempre puede cubrir. Por eso, la vía del SPAC se ha convertido en una opción cada vez más atractiva.

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Según fuentes del sector, alrededor de 30 SPACs buscan activamente objetivos en el sector cuántico, lo que ha disparado el apetito inversor. Cinco startups del ramo ya han completado fusiones de este tipo en lo que va de 2026, y al menos otras cinco están en fases avanzadas. La suma de todas las compañías cotizadas ronda los 70.000 millones de dólares en valor de mercado, con rivales de Quantum Art como IonQ y Quantinuum valoradas en cerca de 20.000 millones de dólares cada una.

En este contexto, Quantum Art y Classiq, ambas israelíes, se perfilan como las próximas en dar el salto. La primera, que desarrolla un ordenador cuántico completo basado en tecnología de iones atrapados, es la que está más avanzada en las negociaciones. La segunda, que ha creado un sistema operativo para ordenadores cuánticos, sopesa también una ronda privada adicional antes de salir a bolsa para elevar su valoración.

Dos enfoques, un mismo destino: los números de Quantum Art y Classiq

Quantum Art nació en 2022 como una spin-off del grupo del profesor Roee Ozeri en el Instituto Weizmann. Liderada por el CEO Tal David y el CTO Amit Ben Kish, la empresa ha desarrollado técnicas patentadas para implementar puertas multi-qubit, arquitecturas modulares escalables y corrección de errores cuánticos. En abril de este año amplió su Serie A hasta 140 millones de dólares, elevando la financiación total a unos 200 millones. Sus inversores incluyen a Entrée Capital, Vertex y StageOne, entre otros.

📦 Caso de estudio: Quantum Art

  • El reto: Construir un ordenador cuántico completo con tecnología de iones atrapados y salir a bolsa sin ingresos relevantes.
  • La jugada: Negociar una fusión con un SPAC respaldada por el creciente interés inversor en la computación cuántica.
  • El resultado: Valoración objetivo de hasta 5.000 millones de dólares y posible debut en Wall Street antes de finales de 2026.
  • La lección: En sectores deep tech, el acceso al capital público permite escalar más rápido, incluso antes de alcanzar la rentabilidad comercial.

Salir a bolsa sin apenas ingresos ya no es un pecado en el deep tech: es una estrategia para financiar la carrera tecnológica antes de que lleguen los pedidos comerciales.

Classiq, fundada en 2020 por los graduados de Talpiot Nir Minerbi y Amir Naveh junto al doctor Yehuda Naveh (ex IBM), ha optado por no construir hardware, sino un sistema operativo compatible con distintas máquinas cuánticas. Esta capa de software aspira a convertirse en en el equivalente al Windows del sector, un nicho con pocos competidores pero con un potencial de estandarización enorme. La compañía cerró una ronda de 30 millones de dólares a finales de 2025, alcanzando también unos 200 millones acumulados. Entre sus inversores figuran AMD, Qualcomm y SoftBank, y genera decenas de millones en ingresos anuales de clientes como BMW, Rolls-Royce y Citi.

Ambas empresas trabajan ya con bancos de inversión y se espera una decisión en las próximas semanas. Si los planes fructifican, Quantum Art podría convertirse en la primera startup cuántica israelí en cotizar en Wall Street, posiblemente antes de que termine 2026.

La lección para las startups de deep tech: el SPAC como atajo al capital público

El mercado de las salidas a bolsa cuánticas está viviendo un auténtico boom. Sólo en 2026, cinco empresas de computación cuántica han debutado mediante SPAC, sumándose a un grupo valorado colectivamente en 70.000 millones de dólares. La mayoría se mueve en el rango de 1.000 a 3.000 millones, aunque empresas como IonQ y Quantinuum, rivales directas de Quantum Art, cotizan en el entorno de los 20.000 millones.

Lo interesante es que estas valoraciones no se apoyan en los ingresos actuales. De hecho, muchas de estas compañías apenas generan ventas. Rigetti Computing, por ejemplo, vale alrededor de 7.000 millones de dólares pese a ingresar solo 7 millones al año. El mercado está comprando la promesa de un punto de inflexión comercial que, según las previsiones, llegará entre 2027 y 2029. La ventaja para el founder es evidente: el acceso a los mercados públicos le permite levantar cientos de millones de dólares de golpe, algo que podría acelerar la I+D de forma exponencial.

El SPAC arrastra cierto estigma desde el desplome de 2021, pero para las startups de deep tech se ha convertido en una herramienta pragmática. Permite salir a bolsa con un proceso más rápido y menos exigente que una OPV tradicional, y los inversores están dispuestos a pagar múltiplos de más de 100 veces las ventas si creen en el relato tecnológico. La clave, como siempre, está en la ejecución: convertir esa inyección de capital en un producto comercialmente viable antes de que el mercado se impaciente.

🚀 Hoja de Ruta para Emprender

  • Diseña tu camino al capital público: Si tu startup de deep tech requiere rondas multimillonarias, estudia la vía del SPAC como alternativa a la dilución infinita en rondas privadas. Evalúa si tu sector tiene tracción inversora suficiente.
  • Construye el relato industrial antes que los ingresos: Inversores y mercados públicos compran expectativas, pero necesitan entender tu ventaja competitiva y tu hoja de ruta hacia la comercialización. Cuantifica el TAM y el punto de inflexión.
  • Fortalece tu ecosistema de socios: Tanto Quantum Art como Classiq cuentan con el respaldo de corporaciones líderes (AMD, Qualcomm, SoftBank). Estas alianzas validan la tecnología y generan confianza en los inversores.
  • Prepara a tu equipo para la transparencia: Salir a bolsa exige una cultura más madura, informes financieros rigurosos y comunicación constante. Empieza a implantar esos procesos incluso si aún estás en fase de crecimiento.

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