Impagos galería arte: el caso SMAC y las lecciones financieras para coleccionistas

El impago y la retención de obras denunciados contra la galería sudafricana revelan la importancia de una diligencia debida rigurosa en las consignaciones. Para el coleccionista-inversor, el caso SMAC es una advertencia sobre la custodia física y la solvencia operativa de los int

El pasado 2 de julio, la artista sudafricana Kate Gottgens recurrió a Instagram para localizar una de sus obras, Audible Doom, expuesta en la feria Miart de 2022 por la galería SMAC y que, según denunció, ni se había vendido ni le había sido devuelta en cuatro años. La publicación, ya eliminada, desencadenó una cascada de testimonios similares: artistas que no cobraban, obras retenidas en almacenes sin contrato de depósito claro y una gestión de consignaciones que, para cualquier inversor en arte, enciende todas las alertas. El caso SMAC no es un incidente aislado en el sector, pero la concentración de quejas y la respuesta de la galería —que abonó 297.500 rands (unos 18.225 dólares) a Gottgens solo después de la presión pública— ilustran con crudeza los riesgos operativos que puede enfrentar un coleccionista cuando la cadena de custodia del arte se quiebra.

El caso SMAC: impagos, obras retenidas y una estructura en entredicho

La galería, fundada por Baylon Sandri en 2007 como Stellenbosch Modern and Contemporary y con sedes posteriores en Ciudad del Cabo y Johannesburgo, llegó a representar a 28 artistas. Hoy su web lista 14. Varios de los que abandonaron la firma relatan un patrón común: promesas de pago incumplidas, envíos fantasma y obras bloqueadas en almacenes logísticos cuyos costes, en ocasiones, ni siquiera había liquidado la galería. El artista Jody Paulsen, por ejemplo, tuvo que abonar 5.112 euros para liberar más de diez piezas suyas retenidas en Milán tras una feria. La galería le reembolsó la mayor parte solo después de que él hablara con la prensa.

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Los antiguos empleados consultados por ARTnews —cuya investigación ha destapado el caso— confirman llamadas frecuentes de ferias y proveedores reclamando pagos. Artistas que telefoneaban llorando para saber cómo recuperar su trabajo. Textos de catálogo nunca remunerados. Y una defensa de la galería que apela a su historial y acusa a los creadores de “malicia inexplicable”. Para el inversor que coloca obra en consignación, la señal es inequívoca: la reputación de una galería en el circuito internacional —SMAC ha expuesto en Art Basel, The Armory Show o Artissima— no garantiza la solidez de sus procesos internos ni la integridad de la custodia.

Diligencia debida para coleccionistas: lo que el arte no puede esconder

En el mercado del arte, la consignación sigue siendo el mecanismo estándar para vender obra a través de intermediarios. Sin embargo, a diferencia de los activos financieros depositados en vehículos regulados, aquí la posesión física no siempre va acompañada de un registro inmutable de propiedad. El caso SMAC demuestra que las obras pueden quedar atrapadas en un limbo jurídico transfronterizo —Sudáfrica, Bélgica, Italia— sin que el artista o el coleccionista tengan visibilidad ni control efectivo. Cuando una galería no paga el almacenaje, la deuda recae sobre el propietario de la pieza, que debe desembolsar sumas imprevistas o arriesgarse a perder el activo.

He revisado varios contratos de consignación en los últimos años y pocas veces veo cláusulas que exijan la segregación de fondos de venta en cuentas escrow, auditorías periódicas de inventario por terceros o seguros de caución que cubran la insolvencia del galerista. La mayoría de los acuerdos descansan en la confianza. Y la confianza, cuando se gestiona un activo ilíquido de cinco o seis cifras, es un riesgo de concentración que ningún asesor de patrimonio toleraría en una cartera financiera.

La reputación ferial de una galería no blinda al inversor frente a fallos estructurales de custodia: el arte sigue siendo un activo donde la posesión y el título viajan por carriles distintos.

Por qué la diligencia operativa marca la diferencia en el mercado del arte

A lo largo de los ciclos de expansión del mercado, los inversores tienden a fijarse en la trayectoria de precios del artista o en la marca de la galería, y descuidan lo que yo denomino la «infraestructura de titularidad». Pero las quiebras silenciosas de intermediarios, más frecuentes en la pequeña y mediana galería con ambición internacional, son el equivalente artístico a un operational risk event en banca privada. En 2020, la pandemia ya evidenció que los almacenes de feria se convertían en agujeros negros logísticos; el caso SMAC añade un agravante: la retención deliberada de obra como forma de presión o simple desidia administrativa.

Para un family office que diversifica en arte contemporáneo, este episodio subraya tres vectores de control. Primero, la exigencia de certificados de depósito independientes emitidos por el almacén, no por la galería. Segundo, la inclusión de cláusulas de resolución automática con devolución en un plazo máximo de 90 días si no hay venta. Y tercero, la contratación de seguros de responsabilidad civil profesional que cubran la negligencia del intermediario. No se trata de desconfiar del circuito, sino de tratarlo con la misma disciplina con que se audita a un prime broker.

La próxima feria de arte contemporáneo en la que participe una galería con un historial de rotación de artistas tan abrupto como el de SMAC debería ser un punto de observación para cualquier inversor. Quien quiera preservar capital en arte necesita saber que la obra existe, dónde está y bajo qué condiciones volverá a sus manos si la operación no se cierra.

💎 Veredicto Wealth

El arte en consignación sigue siendo un instrumento válido de diversificación, pero el caso SMAC obliga a incorporar una diligencia operativa casi notarial: sin evidencia independiente de custodia y sin contrato blindado, el riesgo de pérdida del activo no está adecuadamente cubierto. El horizonte mínimo razonable para exigir devolución o pago debe fijarse por escrito y no superar los tres meses tras la exposición.


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