La incertidumbre global hunde la IED en Filipinas un 58,8% en abril de 2026, mínimo desde 2016

El colapso de la IED filipina a su nivel más bajo en diez años refleja el enfriamiento de la desglobalización y anticipa dificultades para las multinacionales europeas con intereses en el Sudeste Asiático.

He estado revisando las series del Banco Central de Filipinas (BSP) y el retroceso de abril de 2026 es tal que, si no se ataja, podría marcar un punto de inflexión: 250 millones de dólares netos en IED, un 58,8% menos que en abril de 2025. Esta cifra, la más baja en casi diez años, revela que la incertidumbre global está congelando los flujos de inversión hacia el Sudeste Asiático.

Los datos clave de abril

  • Entradas netas de inversión extranjera directa (IED): 250 millones de dólares frente a 607 millones del mismo mes de 2025 (−58,8%).
  • Inversiones en instrumentos de deuda: colapso del 91,7% hasta los 44 millones de dólares, desde 522 millones.
  • Reinversión de beneficios: leve caída del 1,9% a 80 millones.
  • Capital accionarial (sin reinversión): se disparó un 3.041% interanual, de 4 a 127 millones de dólares, gracias a un repunte de las colocaciones y una fuerte reducción de las retiradas.
  • Acumulado enero-abril: 1.968 millones, un 26,5% menos que los 2.675 millones del año anterior.

Este desplome del componente de deuda —el más sensible a las decisiones corporativas— indica que las multinacionales están posponiendo ampliaciones y limitando los préstamos a filiales, una señal de desconfianza que el BSP no puede ocultar.

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«La fuerte caída de las entradas netas de IED a 250 millones de dólares en abril probablemente refleja una combinación de menores préstamos entre empresas, una actividad de reinversión más lenta y una cautela continuada de los inversores en un entorno global incierto.»
— Ruben Carlo O. Asuncion, economista jefe de Union Bank of the Philippines

Análisis: entre la coyuntura y la desglobalización

A pesar del desplome, el capital accionarial neto (excluyendo reinversión) se disparó un 3.041% en abril, hasta 127 millones de dólares, impulsado por colocaciones que subieron un 21,4% y retiradas que cayeron un 91,7%. Las fuentes principales fueron Japón, Estados Unidos y Singapur, y los sectores destino: manufactura, finanzas y seguros, e inmobiliario. Es decir, no todo es desinversión; simplemente, las multinacionales están reestructurando sus balances y reduciendo su exposición a deuda intragrupo, un movimiento típico en entornos de tipos altos y baja visibilidad.

Desde mi observatorio en la región, lo que está ocurriendo en Filipinas no es un episodio aislado. La tendencia de offshoring y de buscar alternativas a China que había impulsado la IED en el Sudeste Asiático se está frenando. Las tensiones comerciales, los riesgos geopolíticos y la normalización monetaria en Occidente están encareciendo la financiación y enfriando el apetito inversor. La cuarta mayor economía de la ASEAN lleva ya 15 meses consecutivos de caídas acumuladas de IED, un dato que subraya la profundidad del problema.

La propia guía del BSP para todo 2026 habla de una inversión extranjera directa total de solo 7.000 millones de dólares, frente a los 7.800 millones de 2025. Si se cumple, será el cuarto año consecutivo de descensos. A mi juicio, el riesgo no es tanto la cifra puntual de abril como la incapacidad de atraer capital en un contexto de relocalización global: si las fábricas no llegan al archipiélago, otros competidores como Vietnam o India se llevarán la parte del pastel.

Con la Reserva Federal manteniendo los tipos elevados y el riesgo de una guerra comercial que no cesa, los inversores occidentales están reconsiderando sus apuestas en economías emergentes asiáticas. La debilidad del peso filipino, que ha perdido un 5% frente al dólar en lo que va de año, añade otra capa de incertidumbre cambiaria. Para los inversores europeos, esto significa que los retornos en euros de sus inversiones en Filipinas se ven erosionados incluso si los proyectos locales generan beneficios. El caso filipino es una llamada de atención para aquellos que daban por sentado que el nearshoring hacia el Sudeste Asiático sería un flujo constante y creciente.

🌐 El efecto dominó en Occidente

El desplome de la IED en Filipinas tiene consecuencias para Europa:

  • Para el BCE: Un entorno de inversión más débil en Asia podría acentuar las presiones desinflacionistas globales, reforzando la postura acomodaticia del Banco Central Europeo.
  • Para las empresas españolas: Constructores como Acciona, que gestionan grandes proyectos de infraestructura en el país, podrían ver encarecerse la financiación local y retrasarse los contratos si la confianza inversora se deteriora. Además, compañías con presencia comercial —Inditex, BBVA— notarían una menor demanda si el crecimiento filipino se resiente.
  • Para el mercado bursátil: Los índices europeos con exposición a mercados emergentes (como el Euro Stoxx 600) podrían resentirse si la aversión al riesgo se contagia desde Asia.

En definitiva, la hemorragia de IED filipina es un síntoma más de la desglobalización que ya está modelando las cadenas de suministro. Las empresas europeas harían bien en vigilar de cerca estos flujos porque, aunque Filipinas parezca lejano, su suerte inversora marca el pulso del nuevo orden comercial.


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