Desde que la pandemia apareciera en nuestras vidas a principios del pasado 2020, han sido muchas las técnicas, recursos y medidas que se han usado para protegernos, y hacerlo de la manera más eficaz posible para no contagiarnos de covid. Entre ellas, y haciendo un uso cada vez mayor, ha aparecido la colocación de la doble mascarilla. Un recurso que inicialmente se veía como otro elemento de seguridad.
Pero, con el paso del tiempo, son este tipo de alternativas para nuestra prevención las que se han visto como parte de las erróneas o las que no tienen ningún uso bueno. Es más, en el caso de la doble mascarilla, se ve ahora como una utilización que puede acarrear más consecuencias negativas y perjudiciales que favorables a la salud. Lo conocemos desde MERCA2.
La utilización de la doble mascarilla no es tan segura como parece

Las mascarillas son uno de los elementos fundamentales para frenar los contagios por coronavirus. Lo que hace que su uso sea obligatorio en todos los espacios públicos. Hasta ahora, en España siguen siendo válidos todos los tipos de mascarilla.
Bien sean del tipo FFP2, higiénicas, quirúrgicas o, incluso, de tela. No obstante, la presente tercera ola ha abierto un frente entre la utilización de la doble mascarilla, un recurso que se ha hecho firme durante los últimos meses. Pero no tan factible.
O al menos no para otorgar una seguridad y protección mayor de lo que se haría con una única mascarilla. Y es que la razón es simple: no por ponernos más protectores encima del otro la seguridad será mayor. En varios casos, como ocurre con esta sugerencia para la doble mascarilla, sólo lleva a que nuestra prevención contra el coronavirus sea menor. Y lo que es peor: contraproducente.
El uso de la doble mascarilla no es tan efectivo: se trata más de calidad que de cantidad

Por tanto, y a la pregunta de: «¿realmente es eficaz llevar una doble mascarilla?», la respuesta es sencilla. No, y lo decimos porque más allá de que no es necesario, puede ser perjudicial. Todo viene de la mano de la normativa UNE0065.
Y es que España fue pionera en implementar esa normativa que regula que las mascarillas de tela reutilizables nos protejan y nos dejen respirar al mismo tiempo. Lo que hace que el tejido y la forma de la mascarilla cumplan los requisitos ya establecidos.
Por tanto, a ello se suma si tiene mucho sentido usar una segunda capa y generar unas nuevas condiciones que no han sido ensayadas. Es a lo que nos referimos con este tipo de doble mascarilla. Esto, como mencionábamos anteriormente, es cuestión de calidad, y no tanto de cantidad. Por ello es tan importante que nuestros equipos de protección diarios tengan un buen ajuste.
La importancia de ajustar bien el protector, algo inseguro con la doble mascarilla

Es ahí en lo que coinciden todos los expertos: la importancia de ajustar bien la mascarilla al rostro. Hablamos de cualquier espacio que quede libre entre el elemento de protección y el rostro de la persona, lo que será una vía de entrada y salida para el virus.
Por tanto, y si ésta es de calidad y de buena seguridad y eficiencia, la doble mascarilla no tiene por qué ser necesaria. De ahí que la combinación de dos mascarillas pueda abrir aún más las pequeñas aperturas que quedan sin un ajuste correcto, lo que sería algo negativo.
Esto es también porque al montar más capas sobre la de abajo, se tiende a que queden espacios al aire, por mucho esfuerzo que se haga en complementarlas. Así, y como explican numerosos expertos y la propia Organización Mundial de la Salud, si usamos una mascarilla homologada y, sobre todo, bien usada, en principio está todo bien. No hace falta más.
La respirabilidad con la doble mascarilla se puede volver en nuestra contra

En este sentido, también con relación al anterior ajuste del equipo protector, la doble mascarilla también podría incidir contrariamente a nuestra salud. Por ejemplo, y como uno de los efectos más comunes con la misma, puede hacer que respiremos con mayor dificultad.
O lo que es lo mismo: añadir mascarillas extra puede hacer que se haga más complicado y que el ajuste sea peor, máxime cuando somos propensos a problemas respiratorios. Por tanto, entre los puntos a considerar vemos que no ofrece más protección, sino menos eficiencia.
Y es que, con toda seguridad, uno de los puntos a los que siempre tenemos que tener en cuenta es nuestra respirabilidad. Esta no es otra que la capacidad de respirar a través del material de la mascarilla. Las mascarillas, en este caso, tienen que permitir el paso del aire para favorecerla, tanto de inhalación como de exhalación. Algo que con la doble mascarilla, lo único que haría es tapar ese paso de aire.
La comodidad es un aspecto fundamental que esta técnica no nos da

Uno de los aspectos clave de las mascarillas, junto a su eficiencia, eficacia y protección, es que vayamos seguros, pero también que obtengamos con ellas una sensación de confort y comodidad. Porque de nada sirve portarla si al final resultan incómodas.
O lo que, en ocasiones, es peor: manipularlas para que tengamos una libertad mayor. Esta situación mencionada de respirabilidad (con la doble mascarilla) nos lleva a un resultado del que nunca es recomendable. Y es precisamente nuestra comodidad.
Un ejemplo es ponerse varias mascarillas de tela ya que el resultado final, más que proteger, puede tener como consecuencia empeorar la respirabilidad, pero también que resulten más incómodas. Los expertos como la doctora Onyema Ogbuagu, señaló al respecto que «si no puedes respirar, lo más probable es que quieras dejar de llevarla».
Portar su uso podría acarrear sudoración, filtraciones de aire y el mojado del protector, entre otros

Este debate sobre si es factible o no llevar la doble mascarilla se abrió por unas declaraciones del conocido inmunólogo estadounidense, Anthony Fauci (símil con Fernando Simón), donde comunicaba que hacer uso de ellas podría servir para nuestra seguridad.
Pero no. Fueron otros tantos expertos, epidemiólogos y sanitarios los que mencionaron que la opción que propone Fauci no es sólo erróneo, sino que también es maligno para una protección contra el virus. Entre ellos, el uso de dos mascarillas no mejora la filtración de partículas.
Así como vemos que sí dificulta la respiración de quien las lleva, lo que puede acarrear sudoración, la creación de filtraciones de aire, el mojado de la mascarilla y otros resultados que podrían reducir su efectividad. Entre los puntos más y mejores a considerar cuando hagamos uso de nuestros equipos protectores, se encuentran también los clips nasales.
El único supuesto es para el personal sanitario

Esto de de utilizar doble mascarilla se ha extendido entre la población general porque es un truco que se ha visto que utiliza el personal sanitario. No obstante, la razón no responde a criterios médicos sino a criterios económicos.
Un truco que se muestra más como un sistema de ahorro que de otro motivo. Y es que si la mascarilla quirúrgica, la que va delante y es más barata, se mancha por salpicadura, seguirían trabajando con la FFP2, la más cara y que ofrece mayor protección.
Con todo, éste es el único supuesto en el que resulta útil llevar doble mascarilla. Una práctica habitual entre los profesionales sanitarios que trabajan con pacientes covid. Así la de mayor filtración les dura un turno entero de trabajo, y no tienen que cambiarla al mancharse. En ese caso, la recomendación pasa más porque se utilice una mascarilla de tela de doble capa para la parte exterior y una mascarilla quirúrgica desechable para el interior.


































































