En un contexto global que en numerosas ocasiones nos conduce a entender a la vejez como una fase silenciosa y aislante, surge una realidad esperanzadora: la tensión entre abuelos y nietos puede transformarse en un genuino “medicamento emocional” para quienes alcanzan la madurez. No solo se trata de una imagen pastoral, campestre y de paseos, se trata de por su complemento físico, cognitivo y emocional más importante. Desde el enlace intergeneracional, las personas mayores asumen un papel fundamental que alimenta su autoestima.
EL VÍNCULO CON LOS NIETOS

Los abuelos y los nietos, cuando se relacionan, están reactivando las funciones vitales, que contribuyen a mantener la salud de los unos y los otros. Los especialistas en geriatría lo enfatizan: esas actividades ordinarias —pasear, jugar, acompañar a realizar tareas (tampoco hace falta que sean сложные tareas)− funcionan como un «entrenamiento invisible» de las capacidades ver y mantener la movilidad, la fuerza, la coordinación, que inciden en retrasar el sedentarismo y preservar la autonomía física (así lo señalan los autores del texto como uno de los efectos que se generan).
Pero también los beneficios corpóreos no se dan: el contacto con las generaciones más jóvenes y con los nietos también potencia la salud emocional y mental: solo contar una historia, revisar, hablar de determinada vivencia, aprender una cosa nueva de los nietos, sirve para mantener en funcionamiento la memoria, el lenguaje, la atención. La relación entre generaciones es la respuesta a la mejora y disminuye el riesgo de soledad —uno de los enemigos silenciosos del envejecimiento— y previene una serie de trastornos como la depresión o la pérdida cognitiva (lo concluyen también los especialistas del estudio).
Por otro lado, cuando los mayores se sienten útiles, queridos y respetados por su propia familia, reciben una inyección de vida para el nivel de autoestima que trasciende de los elogios. No son simples alabanzas: dan la sensación de que tienen un lugar, una misión, un valor que va más allá de las atenciones que reciben.
CÓMO CULTIVAR ESE ‘MEDICAMENTO EMOCIONAL’

Es tan importante tener presente que la relación con los nietos es un recurso de gran poder como salir de esta idea y convertirla en algo concreto. Aquí tienes algunas claves para hacerlo realidad:
Varias actividades como ir a pasear al parque, contar historias, cocinar juntos, bastan para fortalecer la relación y activar el cuerpo – el cuerpo de los abuelos, pero también el de los nietos -. La actividad puede convertirse en un ritual que une generaciones para favorecer la salud integral de las personas mayores.
Para que el intercambio entre abuelos y nietos sea algo nutritivo y sostenible, las familias pueden organizar los momentos de forma compartida e intencionada, anticipando cuándo podrían cuidar a los nietos, qué actividades podrían llevar a cabo juntos y, sobre todo, valorando esta ocupación como relevante.
No todas las familias pueden verse con frecuencia – la distancia, los horarios o cuestiones relacionadas con la salud pueden limitar el encuentro físico -. En tales casos, la tecnología, las llamadas, los mensajes de voz o incluso compartir fotos y vídeos pueden convertirse en buenas soluciones para establecer puentes afectivos eficaces. Es más importante mantener el vínculo.
Los expertos del artículo también señalan 6 prácticas a cultivar para unir la relación familiar: la actividad física, la alimentación equilibrada, un buen sueño, la participación social, la curiosidad y la revisión médica.






















































