Las empresas descubren el coste oculto de la IA: ‘es una máquina de quemar pasta’

Los directivos de las grandes corporaciones españolas reconocen en privado que la inteligencia artificial dispara costes sin generar el retorno prometido. La facturación por uso y el derroche de tokens están obligando a repensar las estrategias de adopción en el Ibex.

El coste de la IA está sacudiendo los cimientos financieros de las grandes corporaciones, desde Wall Street hasta el corazón del Ibex 35. La promesa de una productividad milagrosa choca con una realidad incómoda: usar la inteligencia artificial de forma intensiva es obscenamente caro y el retorno de la inversión sigue sin materializarse. Los directivos lo reconocen en privado con una frase que ya circula por los pasillos: ‘es una máquina de quemar pasta’.

Claves de la operación

  • La factura en tokens se dispara sin control. Grandes compañías como Uber agotaron en cuatro meses el presupuesto de IA previsto para todo 2026, y la migración hacia agentes multiplica el consumo exponencialmente.
  • Los CEO ocultan su frustración. En público exigen más IA, pero en privado, como confesó el CEO de Palantir, están ‘cabreados’ por pagar millones sin valor tangible.
  • España busca refugio en el software libre. Varias empresas del Ibex ya segmentan el acceso por tipo de empleado y recurren a modelos chinos y europeos para contener la sangría económica.

El miedo a hablar: los CIOs españoles lo cuentan en privado

La presión por no descolgarse del tren de la IA ha creado una esquizofrenia corporativa. Por un lado, los consejeros delegados exigen a sus equipos que integren la tecnología a toda costa. Por otro, los directores de tecnología se enfrentan a facturas que amenazan con distorsionar las cuentas de resultados. ‘La IA nos está poniendo en un brete enorme: no puedes no usarla, porque tu CEO es lo único que pide, IA, IA, IA, pero si la usas de forma intensiva, para que tenga impacto de verdad, se convierte en una máquina de quemar pasta’, explica un CIO de una empresa del Ibex que pide el anonimato.

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Otro directivo del selectivo español detalla que muchos empleados generan informes con IA que sus jefes, a su vez, resumen también con IA, provocando un círculo vicioso de gasto inútil. ‘Estas cosas son las que están multiplicando el coste. O doblamos el presupuesto, o echamos a la mitad de la plantilla’, sentencia. El secretismo es total porque, hasta hace poco, la política oficial era fomentar el uso a cualquier precio.

José Luis Calvo, exdirectivo de Microsoft y cofundador de la startup Diverger, advierte de un cambio de modelo comercial que dispara la factura: el paso de suscripciones planas a pago por uso. ‘Una suscripción de 200 dólares al mes puede equivaler a entre 2.000 y 5.000 dólares en pago por consumo. Con 500 empleados, pasas de pagar 100.000 dólares a más de dos millones. Es inasumible’, ilustra. Microsoft y Anthropic están adoptando esta estrategia, y las empresas se ven atrapadas.

Tokenmaxxing: la absurda batalla por quemar tokens hasta la extenuación financiera

La industria ha bautizado el fenómeno como tokenmaxxing: la maximización del consumo de tokens, las unidades de procesamiento que facturan los modelos. Algunas compañías llegaron a instaurar rankings internos para premiar a los empleados que más usaran la IA, lo que derivó en competiciones absurdas. Amazon tuvo que eliminar uno de esos ránkings y pedir a su plantilla que dejase de usar la IA solo por usarla. Walmart limitó el acceso a varios modelos, y situaciones similares se repiten en Google, Cisco, Meta o Microsoft.

Uber es el caso más sonado. Su jefe mundial de operaciones, Andrew Macdonald, admitió que la empresa quemó en cuatro meses todo el presupuesto de tokens previsto para 2026, sin poder afirmar que la productividad haya aumentado realmente. Lo mismo le ocurre a Accenture, cuyos 780.000 empleados empezaron a usar la IA frenéticamente tras la orden de su CEO, y ahora la consultora derrocha millones en tareas triviales como convertir PDFs en presentaciones.

Goldman Sachs proyecta que el uso de agentes de IA multiplicará por 24 el consumo de tokens hacia 2030, agravando la escasez de chips en los próximos 18 meses. Mientras tanto, Google procesa ya 3.400 billones de tokens al mes, siete veces más que hace un año, y Anthropic paga 1.250 millones de dólares mensuales a SpaceX solo por alojar sus modelos. Alguien tiene que pagar la cuenta, y son las empresas.

El derroche de tokens sin valor productivo está convirtiendo la IA en un lujo insostenible para las cuentas de resultados.

El consuelo para Europa: modelos abiertos y una oportunidad inesperada

El enfado de los CEOs es palpable. Alex Karp, consejero delegado de Palantir, lo verbalizó en CNBC sin pelos en la lengua: ‘Los CEO de las empresas están cabreados. Están pagando por tokens que no generan ningún valor. Estos modelos de IA se han sobrevendido de forma totalmente irresponsable’. Las palabras de Karp, por muy exageradas que parezcan, resuenan entre los directivos españoles consultados. ‘En el fondo tiene razón’, admite uno de ellos.

Europa podría encontrar en este atasco una ventana de oportunidad. Los modelos de IA abiertos y los de origen chino —Qwen, DeepSeek, Ernie—, además del francés Mistral, ganan tracción porque cuestan mucho menos y permiten un control absoluto. Varias empresas del Ibex han segmentado a sus empleados por nivel de acceso a la IA, limitan los tokens por usuario y dedican cada vez más recursos a formar a la plantilla para evitar gastos superfluos. ‘Estamos empezando a tirar de modelos en software libre chinos para controlar coste y tecnología’, confirma un CIO.

OpenAI, por su parte, asegura haber encontrado una técnica para reducir a la mitad el coste de la inferencia, pero la aplicación práctica aún está lejos. Esta apuesta por el código abierto y los modelos comunitarios podría ser justo el atajo que Europa necesitaba para no perder el tren de la IA. Mientras tanto, la presión financiera obliga a los gigantes tecnológicos a vigilar cada token que sus empleados consumen.

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