Un estudio reciente llevado a cabo por la Universidad de Stanford ha concluido que la longitud media de los genitales masculinos ha crecido un 24% durante los últimos 29 años, pasando de 12 centímetros a más de 15 centímetros.
Paradójicamente, dicho estudio también advierte que el recuento de espermatozoides y los niveles de testosterona han disminuido en las últimas décadas. Por el contrario, ha aumentado el porcentaje de defectos de nacimiento congénitos masculinos.
Un crecimiento preocupante

Para realizar este análisis, los investigadores de la Universidad de Stanford han recopilado datos de 75 estudios previos, realizados entre 1942 y 2021, en los que se recogían las medidas de la longitud del pene de 55.761 hombres de todo el mundo.
Las conclusiones son muy reveladoras pues, según los datos cosechados, el pene erecto ha aumentado su longitud promedio en un 24% durante los últimos 29 años, concretamente entre 1992 y 2021, en distintos lugares del planeta. Es decir, la medida media ha pasado de ser de 12 centímetros a algo más de 15 centímetros en este período de tiempo.
Según asegurado el doctor Michael Eisenberg, autor del estudio, se trata de un dato preocupante, pues “el aumento ocurrió en un período de tiempo relativamente corto. Cualquier cambio general en tan poco tiempo es preocupante porque nuestro sistema reproductivo es una de las piezas más importantes de la biología humana”.
Así lo han explicado los científicos implicados en la investigación al medio ‘The World Journal of Men’s Health’, en el que además argumentan por qué son tan importantes estos datos. Y es que este estudio no sólo analiza este crecimiento progresivo, sino también la aparición paralela de problemas reproductivos masculinos, como la reducción de espermatozoides.
Según Eisenberg, “el recuento de espermatozoides y los niveles de testosterona han disminuido durante mucho tiempo. También se registran tasas más altas de defectos de nacimiento congénitos masculinos, como hipospadias, donde la abertura de la uretra no está en la punta del pene, o criptorquidia, una patología en la cual los testículos no descienden correctamente”.
Concretamente, el recuento de espermatozoides entre los hombres de países occidentales se redujo entre un 59% entre 1973 y 2011. Como vemos, se trata de un tema muy serio.
¿Cuáles son las causas?

Cabe preguntarse: ¿por qué está sucediendo esto? ¿Cuáles son las causas que han motivado este crecimiento, el descenso de espermatozoides y estos problemas en la salud masculina de todo el mundo?
Existen varias teorías. Aunque por ahora son sólo hipótesis, Eisenberg apunta a la continua exposición a productos químicos como pesticidas o productos de higiene corporal, que interfieren con la actividad hormonal produciendo alteraciones.
Y no sólo eso, sino que estos elementos químicos también están presentes en los alimentos, lo que genera una auténtica revolución hormonal en nuestro organismo. “Estas sustancias químicas disruptoras endocrinas, de las cuales hay muchas, están presentes en nuestro medio ambiente y en nuestra dieta”, explica el científico.
Estas mismas sustancias químicas también serían las responsables de la llegada temprana de la pubertad en ambos sexos, algo que vemos cada vez con más frecuencia. Además de las exposiciones ambientales a productos contaminantes e incluso el incremento del sedentarismo, dos factores que también están afectando a la biología humana y a la calidad de los espermatozoides.
Otros estudios

No es la primera vez que se estudia el tema de la infertilidad masculina y la forma en que la exposición a sustancias químicas, tanto ambientales como a través de la alimentación, afecta al recuento de espermatozoides.
En marzo de este mismo año salían a la luz los resultados de un estudio llevado a cabo por investigadores de la Universidad Semmelweis de Hungría, que determinaba que la capacidad reproductiva de los hombres había disminuido drásticamente en las últimas décadas; es decir, se había visto afectada la actividad de sus espermatozoides.
Según el mismo, el número de espermatozoides se ha reducido a la mitad en todo el mundo a lo largo de los últimos 50 años, posicionando el ritmo de descenso en más del doble desde el año 2000. Las principales causas, determina este análisis, son la contaminación, el tabaquismo, la edad y determinadas enfermedades, algo muy similar a las deducciones extraídas por el doctor Eisenberg.
Por otro lado, en abril de 2021 veía la luz un estudio sobre la fertilidad masculina publicado en la revista ‘Human Reproduction Update’, que aseguraba que la concentración de espermatozoides se había reducido más de un 50% en la población masculina occidental.
En cifras, el estudio hablaba de una disminución del 52,4% en la concentración espermática, así como un descenso del 59,3% en el recuento total. Esto evidenciaba, hace ya dos años, una disminución de la fertilidad masculina fuerte y continuada.
Disparidad de opiniones

Como suele ocurrir en cuestiones tan complejas, existe una buena variedad de opiniones. Una de las más llamativas es la que presenta la epidemióloga Shanna Swan, que en 2021 advertía que la longitud media del miembro viril estaba disminuyendo, justo lo contrario a lo que indica el reciente estudio de la Universidad de Stanford.
Lo que sí comparte la doctora Swan con dicho estudio es su opinión sobre las causas que están propiciando estos cambios de medidas. Y estas son la contaminación y la exposición a las sustancias químicas presentes en la alimentación y en los productos de uso cotidiano.
De hecho, llegó a publicar un libro sobre ello titulado ‘Count Down’ en el que analizaba la relación entre la polución con la longitud de los genitales masculinos, así como con la reducción en la producción de espermatozoides. En dicho ensayo la doctora destaca las altas tasas que se están registrando de disfunción eréctil, la disminución de la fertilidad y el aumento de bebés que nacen con penes más pequeños.
En cuanto a la salud reproductiva femenina, la científica subraya que “un número cada vez mayor de niñas experimentan una pubertad precoz, mientras que las mujeres adultas pierden óvulos de buena calidad a una edad más temprana de lo esperado”.
Asimismo, sitúa a determinados malos hábitos como grandes culpables de la infertilidad. El estrés es uno de ellos, pues según Swan, “entre otros efectos sobre la salud, las tensiones pueden enviar libido fuera de control de una mujer, al igual que para un hombre: un riesgo cada vez mayor en el mundo contemporáneo que puede afectar el potencial reproductivo de los individuos”.

























































