En un sector cosmético colmado de productos maravillosos y de inmejorables promesas por cumplir, son las evidencias las que se demandan, y no las expresiones renacentistas. La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), la que se distingue por ser independiente y rigurosa, ha querido aclarar las dudas en torno a uno de los productos más ancestrales y con más arraigo en el imaginario popular: la crema Nivea. El estudio que llevaron a cabo en torno a la observación directa de voluntarios les llevó a la conclusión de que este producto ha sabido mantener su eficacia tras pasar décadas en el mercado.
EL ESTUDIO DE LA OCU

La OCU diseñó una experiencia con un planteamiento de tipo directo que consistía en comprobar si con la utilización regular de la crema emoliente se conseguiría obtener un efecto visible y medible en la piel. Para llanar esto, un grupo de personas voluntarias se aplicaban sobre uno de los antebrazos Nivea realizando la operación dos veces diarias durante veintiocho días, mientras que el otro antebrazo quedaba como control sin tratar. Al cabo del intervalo, la diferencia era notable: el antebrazo que había sido tratado tenía un nivel de hidratación superior y también más mantenido.
A pesar de la sencillez de este método, resulta ilustrador por la razón que indica que se trata de una representación de la realidad más cercana al uso habitual de un producto por parte de consumidores normales. La puntuación final que obtuvo la crema de la OCU, cuatro estrellas, justificó la idea de efectividad que muchos de ellos ya tenían por su propia experiencia.
Más allá de los números, el estudio que analizamos dice una cosa definitiva: hay que usarlo para que funcione. Aplicar la crema hidratante dos veces al día muestra que la piel mantiene mejor la humedad y la barrera frente a la secura está mejor dotada. La ciencia también lo confirma: hay que hidratarse todos los días, lo que repiten generaciones de usuarios.
Sin embargo, no todas las cuestiones tratadas fueron positivas. Algunas voluntarias hablaron de un efecto graso que dejaba en la piel, aunque no fue la percepción de todas. La textura densa del producto, todos la indicaron, fue un hándicap en la aplicación, un punto negativo a la contraparte de la eficacia.
EL VALOR DE LA EXPERIENCIA

Pero además de lo que es efectivamente funcional, la experiencia que lleva consigo usar un cosmético también está medida por los sentidos. Allí Nivea ha cimentado una identidad difícil de conseguir. El aroma de la crema es tan propio que muchos voluntarios reconocieron el producto incluso sin verlo, solo al olerlo.
Ese perfume inconfundible se ha convertido en un nexo emocional para miles de consumidores.
No son pocos los que al abrir una lata se trasladan rápidamente a recuerdos de la infancia: el cuidado materno, el invierno en casa, la rutina tras el baño. El poder de la memoria olfativa ha convertido a este cosmético en mucho más que una simple crema. Es un vínculo con la biografía personal.
Este aspecto sensorial explica en parte la lealtad hacia la marca y en un mercado donde las fragancias son cambiantes y se suman a tendencias pasajeras, Nivea ha decidido mantenerla intacta. La elección de conservar el olor hace que el lazo de confianza entre el consumidor y el producto sea más sólido.
Hasta aquellas personas que critican la sensación densa o el tacto graso reconocen lo atractivo de esta olorosa. El perfume Nivea funciona como un conocido que recuerda la autenticidad de esta marca que ninguna reformulación extrema ha querido modificar.
DE ALEMANIA AL MUNDO

Lo XX, la marca ha conocido una trayectoria que ha conducido a la internacionalización, de manera que actualmente, su presencia la vemos en ya un total de más de 200 países. Este dato es significativo: 42% de sus consumidores se encuentra fuera de su país de origen, lo que denota una buena cobertura en mercados muy diferentes entre sí.
Dicha internacionalización no se ha basado únicamente en campañas publicitarias, sino en la robustez de un producto que ha sabido mantener su propia identidad. El embalaje azul metálico, confeccionado de forma minimalistas, se erige como uno de los identificativos que se pueden observar frecuentemente en estanterías de farmacias y supermercados de todo el mundo.
La estrategia de la compañía ha sido precisamente la de diversificarse sin perder la identidad clásica. A la crema de toda la vida se han sumado versiones más concretas para cierto tipo de piel con determinadas necesidades, pero bajo la mirada de la confianza y la cercanía. La compañía encontró una solución para la tradición y la innovación, que es una receta que pueden seguir pocas compañías sin perder su autenticidad literaria.
En un mundo globalizado y volátil en el que las tendencias cambian a gran velocidad, mantenerse vigente durante más de un siglo es un buen mérito en sí mismo. Nivea no solo sigue vendiendo sino que sigue siendo una marca del top of my mind como marca de cuidado y de credibilidad.

















































